
Gabriel García Márquez, escritor colombiano y una de las figuras centrales del realismo mágico, enfrentó serios retos en su etapa escolar temprana. Durante su niñez, tuvo grandes obstáculos para aprender a leer y escribir, situación que parecía difícil de superar.
Su vida dio un giro cuando ingresó a la Escuela Montessori de Aracataca, donde un enfoque pedagógico alternativo transformó su forma de relacionarse con el conocimiento. Según National Geographic, la infancia de García Márquez estuvo marcada por ese cambio decisivo impulsado por la pedagogía Montessori.
La Escuela Montessori de Aracataca y el rol de Rosa Elena Fergusson
A los siete años, en 1934, García Márquez inició sus estudios en la Escuela Montessori de Aracataca. La directora, Rosa Elena Fergusson, y su equipo docente propusieron métodos que reemplazaban la disciplina estricta y la memorización por la curiosidad y la independencia.
Fergusson, reconocida por su carisma y talento, fue esencial en el desarrollo personal y académico del futuro escritor. Bajo su liderazgo, el ambiente educativo fomentaba un aprendizaje más humano y adaptado a las necesidades de cada niño.

El método Montessori: creatividad y estímulos sensoriales
El método Montessori, creado por María Montessori en 1906, se basa en que los estudiantes aprendan mediante experimentación y descubrimiento. Las maestras orientaban para que los niños exploraran a su ritmo, estimulando la creatividad y la toma de decisiones. García Márquez describió la experiencia como “algo tan maravilloso como jugar a estar vivos”, ilustrando el ambiente dinámico y estimulante que caracterizaba a la escuela.
Al principio, su creatividad se expresó en el dibujo y en su fascinación por el cine, desarrollada con la influencia de su abuelo, pero la lengua escrita se volvió fundamental gracias al enfoque práctico de una maestra Montessori, quien le enseñó los sonidos de las consonantes.
“La maestra no me enseñó los nombres sino los sonidos de las consonantes”, afirmó el autor, citado por la Fundación Gabo y National Geographic. Este cambio lo ayudó a superar sus dificultades y a desarrollar una sensibilidad especial hacia los estímulos sensoriales, aspecto que luego caracterizaría su obra literaria.

Influencia duradera de la pedagogía Montessori en su vida y obra
El entorno de confianza y libertad que propició la Escuela Montessori permitió que García Márquez se enfocara en sus capacidades, más allá de sus dificultades iniciales. Logró leer su primer libro, aunque incompleto, y mostró desde entonces una pasión singular por la lectura. “El novio de Sara soltó al pasar una premonición aterradora: ‘¡Carajo!, este niño va a ser escritor’”, recordaría el autor.
Sin embargo, nunca se reconcilió con algunas reglas ortográficas: “Nunca pude entender por qué se admiten letras mudas o dos letras distintas con el mismo sonido, y tantas otras normas ociosas”, escribió en Vivir para contarla. A pesar de este conflicto, alcanzó la cima de la literatura mundial, obtuvo el Premio Nobel y se convirtió en referente del boom latinoamericano.
La confianza depositada por Fergusson y sus maestras, quienes siguieron el principio de María Montessori de creer en la capacidad de los niños, fue decisiva para que García Márquez descubriera su vocación.
El escritor supo transformar sus inseguridades en una voz única y emocionante, demostrando que el apoyo educativo y el énfasis en las fortalezas individuales son clave para abrir nuevos caminos y permitir que cada niño desarrolle su máximo potencial. La experiencia Montessori fue el cimiento de su extraordinario universo literario.
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