
Durante décadas, la historia de cómo el lobo salvaje se transformó en el perro doméstico se basó en la autodomesticación: la idea de que los lobos, atraídos por los desechos humanos, se acercaron a los asentamientos humanos y con el tiempo se volvieron dóciles.
No obstante, recientes hallazgos arqueológicos y análisis genéticos, citados por New Scientist, están cuestionando esa visión tradicional. Nuevas evidencias indican que la domesticación del perro fue un proceso activamente impulsado por los humanos hace más de 36.000 años, muy anterior a la agricultura y la vida sedentaria.
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El cambio de paradigma en la comprensión de la domesticación canina surge de una revisión profunda de las teorías previas. La hipótesis de la autodomesticación, difundida en el siglo XXI por los biólogos Raymond y Lorna Coppinger, proponía que los lobos acudían a los basureros de los primeros asentamientos, alimentándose de restos y adaptándose gradualmente a la proximidad humana.
La expansión de la agricultura, hace unos 12.000 años en el Medio Oriente, habría generado los residuos necesarios para atraer a los lobos, similar a lo que ocurre actualmente con los perros parias que viven de desperdicios en los márgenes urbanos.
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Loukas Koungoulos, arqueólogo de la Universidad de Australia Occidental, señala que estos perros parias componen hasta el 70% de la población canina mundial actual y sobreviven principalmente gracias a los restos de comida humana.
Para los Coppinger, estos animales serían el ejemplo más cercano a los lobos de los inicios de la domesticación. Sin embargo, Koungoulos advierte que el descubrimiento de perros mucho más antiguos que la agricultura desafía seriamente esta teoría.
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Evidencias fósiles y genéticas: una historia más remota
Excavaciones paleontológicas han revelado cerca de dos docenas de fósiles de perros datados entre 35.500 y 13.000 años, distribuidos por Eurasia, en países como España, Francia, Bélgica, Italia, Suiza, Alemania, Ucrania y Rusia. Estos perros paleolíticos exhiben diferencias físicas claras respecto a los lobos: un peso promedio de 31,2 kilogramos frente a los 41,8 de los lobos del Pleistoceno, hocicos más cortos, paladares más anchos y caninos reducidos. Estas características morfológicas, según varios científicos citados por New Scientist, representan los primeros signos de domesticación.

El análisis de ADN antiguo confirma este enfoque, ubicando los orígenes de la domesticación en Asia sudoccidental y oriental, y sugiere que el proceso se dio de manera independiente en distintos lugares. Si bien la datación sigue en revisión, la presencia de perros hace más de 36.000 años prueba que este fenómeno es muy anterior al surgimiento agrícola. La existencia de perros paleolíticos miles de años antes de la agricultura desafía de forma contundente la visión tradicional.
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Críticas al modelo de autodomesticación
Algunos defensores de la autodomesticación han tratado de ajustar la teoría, afirmando que los cazadores-recolectores paleolíticos, al cazar grandes mamíferos como mamuts, bisontes y ciervos, generaban suficientes restos para atraer a los lobos. Esta propuesta presenta serios inconvenientes. Los pueblos de la Edad de Piedra aprovechaban al máximo los recursos animales y normalmente no dejaban desperdicios cerca de sus hogares. Además, entre los cazadores-recolectores modernos, la carne sobrante suele almacenarse lejos de los carroñeros, en plataformas elevadas o en árboles.
Existe otro problema clave: la percepción del lobo como animal peligroso. Koungoulos ha documentado que, en muchas sociedades tradicionales, los lobos representan amenazas reales, capaces de atacar a niños o a miembros vulnerables del grupo. Hay testimonios de personas que eliminan lobos si consideran que su presencia pone en riesgo al grupo.
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Para Koungoulos, estos obstáculos culturales y conductuales impiden la autodomesticación en grandes carnívoros: “Me convencí de que existen obstáculos profundos y consistentes para la autodomesticación, derivados tanto del comportamiento innato de los lobos como de la actitud de las sociedades tradicionales hacia los cánidos, que en su mayoría son considerados animales peligrosos”, señaló Loukas Koungoulos.

La iniciativa humana: adopción y crianza intencionada
Por las limitaciones del modelo tradicional, muchos investigadores sostienen la hipótesis de la iniciativa humana. Este planteamiento sostiene que los humanos paleolíticos adoptaron cachorros de lobo, los criaron desde pequeños y seleccionaron aquellos con rasgos más dóciles para la reproducción.
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Raymond Pierotti, biólogo evolutivo de la Universidad de Kansas, cuyos estudios incluyen la crianza de cachorros de lobo, destaca la importancia de la socialización temprana: “Si las personas están dispuestas a esforzarse, pueden manejar prácticamente cualquier tipo de cánido como compañero. La clave es empezar cuando son muy jóvenes”, explicó.
Las evidencias arqueológicas apoyan esta visión. Mietje Germonpré, arqueozoologa del Instituto Real Belga de Ciencias Naturales, observa que los perros paleolíticos suelen encontrarse en asentamientos humanos y hay indicios de vínculos profundos entre personas y cánidos. Un ejemplo es el yacimiento de ‘Uyun al-Hammam, en Jordania, donde hace 16.000 años se sepultó a un zorro junto a dos humanos, lo que sugiere una relación de compañía.
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Germonpré, pionera en los estudios sobre la domesticación canina desde la perspectiva de la intervención humana, considera que la adopción de cachorros salvajes como mascotas fue el primer paso hacia la domesticación. Esta práctica, recogida por el polímata Francis Galton, está documentada en numerosas culturas indígenas: desde pueblos norteamericanos que criaban oseznos y lobeznos hasta comunidades de Rusia, Japón y África que adoptaban crías de animales salvajes.
Valor simbólico y utilitario del lobo paleolítico
La relación entre humanos y lobos en la prehistoria iba más allá de la simple utilidad. Germonpré exploró la adopción de mascotas al analizar la conexión entre los cazadores-recolectores y los osos de las cavernas, cuyos huesos y cráneos se usaban en rituales. De forma similar, los lobos poseían un valor simbólico y ritual, además del material, para las sociedades paleolíticas.
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Los descubrimientos arqueológicos muestran que los dientes de lobo se empleaban como ornamentos, los cráneos perforados sugieren rituales antiguos y las marcas de corte en los huesos indican usos alimenticios y en la fabricación de herramientas.
Sin embargo, la piel de lobo era probablemente el recurso más apreciado para la supervivencia en condiciones extremas, especialmente en el último máximo glacial entre hace 26.000 y 19.000 años.
El caso dingo: límites de la domesticación moderna
Aunque hoy no puede reproducirse el proceso exacto de domesticación canina, existen analogías actuales esclarecedoras. Koungoulos y Adam Brumm, arqueólogo de la Universidad Griffith, examinan el caso del dingo australiano. Los aborígenes capturaban cachorros de dingo y los criaban, pero al llegar a la adultez, los liberaban.
A pesar de miles de años conviviendo con humanos, los dingos no se han domesticado por completo, aunque han surgido subpoblaciones asociadas a poblaciones humanas. Brumm sostiene que algo similar pudo ocurrir con los lobos grises hace decenas de miles de años, dando lugar a los primeros perros.
El dingo ilustra que la convivencia prolongada no siempre desemboca en la domesticación definitiva, aunque puede modificar el comportamiento general de una especie.
Un debate abierto y nuevas perspectivas

A pesar de persistir dudas sobre el lugar y momento exactos de la domesticación del perro, expertos citados por New Scientist coinciden en que la teoría de la autodomesticación está en declive frente a la acumulación de pruebas opuestas.
Mietje Germonpré apuesta por profundizar en el estudio del ADN antiguo para revelar los detalles faltantes, mientras que Loukas Koungoulos señala que los defensores del modelo tradicional ya ocupan una posición marginal. Raymond Pierotti advierte que las nuevas evidencias invitan a abandonar las explicaciones simples sobre el origen del perro y adoptar una visión más compleja y crítica.
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