A un siglo del famoso “Juicio del Mono”: cuando la ciencia enfrentó a la religión en Estados Unidos

La histórica batalla legal de 1925 puso a John T. Scopes en el centro de una polémica, que desató un debate sobre la libertad educativa

John Thomas Scopes
El juicio de Scopes sigue siendo símbolo del debate entre conservadurismo y progreso en la educación y la ciencia (Smithsonian Institute)
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En julio de 1925, una pequeña ciudad del sur de Estados Unidos se convirtió en el escenario de un juicio que confrontó dos visiones del mundo: la ciencia y la religión.

John T. Scopes, un joven profesor, fue acusado de violar una ley estatal al enseñar la teoría de la evolución y desató un debate nacional sobre la libertad de cátedra, la influencia de las creencias religiosas en la educación pública y los límites del conocimiento científico.

Un juicio histórico en Tennessee

El juicio, conocido como el “Monkey Trial” o “Juicio del Mono”, enfrentó a la ciencia y la religión en Dayton, Tennessee, cuando el joven profesor fue arrestado por enseñar la teoría de la evolución de Charles Darwin en una escuela pública. Esta acción contravenía la Ley Butler, una norma estatal que prohibía enseñar cualquier doctrina que negara el relato bíblico de la creación.

El caso, desarrollado entre el 10 y el 21 de julio de 1925, atrajo la atención nacional y marcó un hito en los debates sobre libertad educativa, separación entre iglesia y Estado y el papel de la ciencia en la educación pública, según recuerdan National Geographic y Britannica.

Clarence Darrow y William Jennings Bryan protagonizaron un debate clave sobre la libertad educativa y la separación iglesia-Estado (Archivo)
Clarence Darrow y William Jennings Bryan protagonizaron un debate clave sobre la libertad educativa y la separación iglesia-Estado (Archivo)

La controversia se originó en el auge del movimiento anti-evolucionista en Estados Unidos a principios del siglo XX. Muchos sectores protestantes consideraban que los avances científicos del siglo XIX, como la teoría de la selección natural, amenazaban la autoridad de las Escrituras. Para los fundamentalistas, aceptar la evolución implicaba rechazar la literalidad del relato bíblico, en un contexto ya marcado por la inquietud ante la modernidad, la urbanización y las secuelas de la Primera Guerra Mundial.

En marzo de 1925, el estado de Tennessee aprobó la Ley Butler, impulsada por el representante John Washington Butler, que prohibía enseñar “la Teoría de la Evolución” en instituciones públicas, imponiendo multas de entre USD 100 y USD 500 por infracción. La norma generó preocupación entre defensores de las libertades civiles. La American Civil Liberties Union (ACLU), recién fundada para combatir restricciones a la libertad de expresión, buscaba un caso para impugnar leyes anti-evolucionistas.

Uno de sus fundadores, Clarence Skinner, difundió un anuncio ofreciendo representación legal a un docente dispuesto a desafiar la ley. El llamado fue atendido por líderes cívicos de Rhea County, quienes vieron en el juicio una oportunidad para revitalizar la economía local. Contactaron a Scopes, de 24 años, quien aceptó participar pese a no recordar con certeza haber enseñado evolución. El caso se organizó rápidamente, con el respaldo de la ACLU.

John Thomas Scopes
El proceso judicial atrajo la atención nacional y fue el primer juicio transmitido en directo por radio en EE.UU (Captura video de Reuters)

Cómo se desarrolló el juicio

El proceso judicial enfrentó a dos figuras: el abogado Clarence Darrow, en defensa de Scopes, y el político y orador William Jennings Bryan, en la acusación. El evento fue el primer juicio transmitido por radio en directo en la historia de Estados Unidos, y el periodista H.L. Mencken del Baltimore Sun fue quién acuñó el apodo “Monkey Trial" (Juicio del Mono).

La defensa se centró principalmente en validar la evolución como teoría científica aceptada, mientras que la acusación argumentó que Scopes había violado la ley al abordar la evolución en clase.

Uno de los momentos más notorios del juicio ocurrió cuando Darrow llamó a Bryan como testigo para interrogarlo sobre su interpretación de la Biblia. La audiencia, realizada al aire libre por el calor extremo, evidenció contradicciones en los argumentos de Bryan, quien admitió que no todas las partes del relato bíblico debían interpretarse literalmente. El juez John Tate Raulston declaró irrelevante ese testimonio y lo excluyó del expediente.

Darrow solicitó que el caso se sometiera directamente al jurado, lo que impidió a Bryan pronunciar su alegato final. En menos de 10 minutos, el jurado declaró culpable a Scopes, quien fue multado con USD100. Tras la sentencia, Scopes afirmó: “Siento que he sido condenado por violar una ley injusta. Continuaré oponiéndome a esta ley en todo lo que pueda”.

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El veredicto declaró culpable a Scopes, quien fue multado, pero el caso evidenció los conflictos entre ciencia y religión (AP Photo)

Cinco días después del juicio, Bryan falleció de un ataque repentino. Scopes apeló la sentencia, y aunque la Corte Suprema de Tennessee confirmó la validez de la Ley Butler, anuló la condena por un tecnicismo relacionado con la multa. La ley permaneció vigente en Tennessee hasta 1967, y estados como Misisipi y Arkansas promulgaron legislaciones similares en los años siguientes.

Si bien el juicio no protegió legalmente a Scopes, consiguió su cometido: exponer el conflicto entre la enseñanza científica y la influencia religiosa en la educación pública.

A casi un siglo del “Monkey Trial”, persiste el debate sobre el papel de la ciencia frente a las creencias religiosas en los sistemas educativos.

Según National Geographic y Britannica, existe hoy un consenso científico sólido sobre la evolución por selección natural, respaldado por evidencia fósil y genética.

Sin embargo, el juicio de Scopes sigue siendo un símbolo del enfrentamiento entre conservadurismo y modernidad, religión y secularismo, y conocimiento científico frente a la desinformación.

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