El 5 de agosto de 1962, Marilyn Monroe apareció muerta en su casa de Brentwood, Los Ángeles, California por una sobredosis de barbitúricos. Setenta y ocho días antes, había subido al escenario del Madison Square Garden para cantarle el cumpleaños feliz a John Fitzgerald Kennedy quien por entonces era el presidente de los Estados Unidos. Aquella noche del 19 de mayo de hace 64 años sería la última aparición pública de su vida, aunque ella lo desconocía.
Marilyn sí sabía que atravesaba el peor momento de su carrera y sentía miedo. Así lo compartió semanas antes de morir en una entrevista con Richard Meryman, editor de la revista Life: “Un silencio sepulcral se apoderó del lugar. Yo no creía que fuera a decir nada. Cuando llegué al micrófono, respiré hondo una vez y, de repente, pensé: ‘¡Vamos!’ Pensé: ‘Voy a cantar esta canción, aunque sea lo último que haga en mi vida. Y no solo por el presidente, sino por toda la gente’”.
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La invitación a Marilyn
Todo se inició el 11 de abril de 1962 con una nota firmada por Kenneth “Kenny” O’Donnell, asistente especial del presidente Kennedy y encargado de manejar algunos de sus secretos más comprometedores. La carta decía: “Querida señorita Monroe. Muchas gracias por su aceptación de la invitación para presentarse en la fiesta de cumpleaños del presidente en el Madison Square Garden el 19 de mayo. Su aparición garantizará un tremendo éxito a la reunión y será un tributo al presidente Kennedy”.
El vínculo entre Marilyn y Kennedy fue facilitado por Peter Lawford, actor británico, casado con Patricia Kennedy y cuñado del presidente. Lawford pertenecía al “Rat Pack”, el grupo de actores liderado por Frank Sinatra junto a Sammy Davis Jr., Dean Martin y Joey Bishop. Kennedy estaba atraído por Monroe y ella por el glamour de la Casa Blanca.
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El verdadero cumpleaños del presidente era diez días después, el 29 de mayo, cuando cumpliría 45 años. El acto en el Madison fue también una recaudación de fondos para su campaña de reelección en 1964. Más de 15.000 personas pagaron entre cien y mil dólares para ver a Ella Fitzgerald, Maria Callas, Judy Garland, Henry Fonda, Harry Belafonte, Yves Montand, Bobby Darin y Danny Kaye, entre otros artistas.
Todos participaron. Todos quedaron eclipsados por menos de dos minutos de Marilyn sobre el escenario.
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Cuando Marilyn salió al escenario lo hizo cubierta por un tapado blanco de piel. Al quitárselo, las 15.000 personas gritaron al unísono. Vestía un traje de gasa de seda color beige, tan ceñido que debieron cosérselo puesto. Fue diseñado por el francés Jean Louis Berthault con 2.500 cristales de Swarovski cosidos a mano. La petición de la actriz había sido clara: “Piel y pedrería”. Pagó 12.000 dólares por esa pieza tan única como provocativa.
El vestido más emblemático de Marilyn
El diseño estaba pensado para simular la desnudez total ya que Marilyn no llevaba ropa interior. El efecto fue exactamente el esperado: la ilusión de que la mujer más deseada del mundo subía al escenario sin nada encima.
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Había ensayado durante dos días para esa actuación de menos de un minuto. Los cronistas de entonces consignaron que su ansiedad aumentaba a medida que llegaba la hora. Marilyn abandonó el rodaje de Something’s Got to Give el 17 de mayo, informó a la productora y viajó a Nueva York. La Twentieth Century Fox no le perdonó esa ausencia.
Jacqueline Kennedy, esposa de JFK, sabía que Marilyn Monroe actuaría esa noche. Por eso decidió no ir al Madison. Desde hacía tres meses circulaba el rumor de que el presidente y la actriz eran amantes. Jackie intuía cómo iba a ser el tono de la actuación y prefirió no asistir.
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Kennedy sí estuvo. Al terminar la interpretación y frente a una enorme torta, el presidente subió al atril y afirmó: “Creo que ya me puedo retirar de la política después de que me hayan cantado el ‘Cumpleaños feliz’ de una forma tan dulce”.
La introducción de Marilyn estuvo a cargo de Lawford, cuya frase se volvió profética. En inglés, late significa tanto “que llega tarde” como “difunta”. Lawford la presentó como “the late Marilyn Monroe”. Tres meses después, ella ya no estaba viva.
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La unica foto de Kennedy y Marilyn
Marilyn y Kennedy no compartieron escenario aquella noche. La única foto existente de ambos fue tomada en la fiesta privada posterior al acto, en casa del ejecutivo de Hollywood Arthur Krim, en Manhattan.
En esa fotografía, Kennedy aparece de espaldas con la cabeza inclinada. Monroe muestra un gesto fruncido, como si hubiera escuchado algo que no le agradó. Junto a ellos aparece Robert Kennedy, hermano del presidente. Al fondo, en segundo plano, sobresalen el cantante Harry Belafonte y el historiador Arthur Schlesinger, consejero presidencial, con una copa en mano y una sonrisa.
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Marilyn había acudido a esa fiesta acompañada por su ex suegro, Isadore Miller. Al presentarle al presidente, no recurrió a fórmulas solemnes: “Este es mi ex suegro, Isidore Miller”. Después de esa noche, Marilyn y Kennedy no volvieron a verse.
La duración de la relación entre ambos nunca quedó confirmada. Sí está documentado que, al menos, compartieron una noche después de una fiesta en la casa del actor Bing Crosby en Palm Springs, hacia fines de marzo de 1962, mes y medio antes del cumpleaños. Fue el propio Kennedy quien pidió a Marilyn que cantara esa noche de mayo.
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La actriz también llamó reiteradas veces a la Casa Blanca. Kennedy, temeroso ante el carácter impredecible de Monroe, no la atendió; quien respondió fue su secretaria Evelyn Lincoln, que nunca reveló nada sobre esas conversaciones. El FBI, la agencia federal estadounidense de Edgar J. Hoover, que espiaba a diestra y siniestra, sí registraba cada llamada.
Susan Strassberg, amiga personal de Marilyn y esposa del fundador del Actor’s Studio, Lee Strassberg, afirmó: “Marilyn no hubiese deseado una relación continuada con Kennedy, ni en su peor pesadilla. Le había parecido bien pasar una noche con un presidente carismático y le atraían el secreto y la excitación, pero no era en absoluto el hombre para ella y a todos nos lo dejó muy claro”.

El periodista Seymour Hersh, autor de The Dark Side of Camelot y ganador del Premio Pulitzer por su crónica sobre la masacre de My Lai en 1968, sostiene lo contrario. Según Hersh, Marilyn estaba enamorada de Kennedy, apoyado en cintas inéditas grabadas por el psicoanalista de la actriz, Ralph Greenson, que sirvieron de base para un documental emitido en la plataforma de streaming Netflix.
Marilyn llegó al Madison con tres matrimonios fracasados: el primero en su juventud, el segundo con el beisbolista Joe DiMaggio, el tercero con el dramaturgo Arthur Miller. Ya era adicta al somnífero Nembutal. Su posición en Hollywood se debilitaba cada vez más.
El final de Marilyn
La Fox la había contratado para filmar Something’s Got to Give, dirigida por George Cukor y coprotagonizada por Dean Martin y Cyd Charisse. Cuando Marilyn abandonó el set para ir a cantarle al presidente, la productora la demandó e intentó reemplazarla por Lee Remick. Martin se negó a continuar sin Monroe. La Fox demandó entonces también a Martin.
El 1 de agosto, el estudio se rectificó y volvió a contratar a ambos actores para no perder un film que ya se había excedido del presupuesto. Cuatro días después, Marilyn apareció muerta.

Pocas semanas antes de su muerte, Marilyn ofreció a Richard Meryman la que sería su última entrevista. La publicación salió en Life el 3 de agosto de 1962. Dos días después, la hallaron sin vida.
Durante la charla, Marilyn analizó en voz alta su propia imagen: “La mayoría de las personas realmente no me conoce”. Y profundizó: “Ese es el problema: un símbolo sexual se convierte en una cosa. Yo simplemente odio ser una cosa”.
Sobre la fama, hizo una comparación: “Es como el caviar. Está bien comer caviar, pero si lo comieras todos los días, ¿sabés?”.
En cuanto a su lugar en el espectáculo, fue directa: “Ya fui invitada a algunos lugares, más o menos para animar una cena. A veces, no te invitan por vos misma”. Luego aclaró: “No me interesa. Me gusta la gente. El público me asusta, las multitudes me asustan”.
Un par de días antes de morir, Meryman la visitó en su casa para repasar el manuscrito. La encontró descalza, en bata, con restos de maquillaje de la noche anterior, leyendo en voz alta. Al despedirse, ella lo llamó desde la puerta. “‘¡Eh, gracias!’”, recordó Meryman.

La prenda que Marilyn vistió esa noche cobró una existencia propia tras su muerte. En 1999, el analista financiero Martin Zweig lo adquirió por 1.260.000 dólares y lo expuso en una vitrina de The Pierre, un hotel histórico de Nueva York. Tras el fallecimiento de Zweig, en septiembre de 2016 la pieza fue comprada por la empresa Ripley’s Believe It or Not! por 4.800.000 de dólares, el precio más alto pagado por una prenda en la historia.
En 2022, Kim Kardashian usó el vestido en la alfombra roja de la gala del museo Met de Nueva York, desatando una oleada de críticas. Era una pieza de museo creada para un solo cuerpo, en una sola noche, para una sola canción.
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