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El hombre que voló oculto en el tren de aterrizaje de un Boeing 747: frío extremo, coma y la muerte de su mejor amigo

Nadie sabía que bajo el fuselaje del avión había dos jóvenes aferrados a un rincón imposible, decididos a dejar atrás la violencia, el hambre y el olvido. Solo uno de ellos sobrevivió

Themba Cabeka
Fue hallado inconsciente sobre la pista de Heathrow, después de sobrevivir a un vuelo imposible (Channel 4)
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Por las noches, mientras las luces del aeropuerto de Johannesburgo parpadeaban a lo lejos, Themba Cabeka pensaba que su vida ya estaba escrita. Nada bueno vendría. Vivía desde los siete años en un campamento informal cercano a la terminal aérea, rodeado de pobreza, mendigando para comer, esquivando a los pandilleros que dominaban los callejones.

Mi vida se estaba desperdiciando”, recordaría años después para Daily Mail. Su madre lo había abandonado cuando apenas tenía tres meses. Nunca conoció a su padre. Su prima, que lo crió como pudo, murió cuando él todavía era niño. Fue entonces cuando todo se desmoronó.

Tuvo que dejar la escuela y en su barrio la violencia era tan cotidiana como el hambre. Una vez, intentaron matarlo. Lo golpearon tanto que terminó en el hospital. “La gente era celosa, querían matarme para quedarse con lo que tenía”, diría años más tarde a Daily Mail. A partir de ese momento, supo que tenía que desaparecer.

Así llegó al asentamiento junto al aeropuerto, con apenas la ropa puesta y una determinación ciega: huir. Huir de África. Huir de sí mismo.

Una noche cualquiera, en un club nocturno de Johannesburgo, conoció a Carlito Vale. El joven mozambiqueño había sido criado en un orfanato en Beira, después de que la guerra civil lo dejara sin familia. Había vagado por Uganda y Sudáfrica sin rumbo.

Había crecido entre pandillas y violencia en un asentamiento junto al aeropuerto de Johannesburgo (Foto: Martí Noticias)
Había crecido entre pandillas y violencia en un asentamiento junto al aeropuerto de Johannesburgo (Foto: Martí Noticias)

Esa noche pidió un cigarrillo, Themba se lo ofreció y le dijo: “Vení, sentate conmigo. Tomá estas cervezas”. Fue el comienzo de una amistad.

Carlito se había separado de su esposa. Tenía una hija, a la que soñaba volver a ver. Dormía en la calle. Themba también. Pronto se volvieron inseparables. Los unía la desesperación, pero también la fe inocente de que en algún lugar lejano, acaso en Europa, habría un futuro.

Me dijo que quería ser DJ y que volvería a buscar a su hija”, contó Themba a The Guardian. “Yo le dije: somos iguales. No tenemos nada. Hay que ayudarse.”

En la penumbra de una carpa compartida, entre ruidos de aviones y perros callejeros, comenzaron a idear la fuga. Carlito tenía libros de ingeniería. Uno de ellos hablaba de aviones. Lo leyeron una y otra vez. Estudiaron la estructura del tren de aterrizaje.

Los compartimentos, las medidas. Escribieron notas. Se convencieron de que podía hacerse.

El 18 de junio de 2015, esperaron a que cayera la noche. Se vistieron con dos jeans, tres camperas, remeras oscuras. Saltaron la valla del aeropuerto sin ayuda, lo juran.

Se escondieron durante quince minutos. Cuando vieron el Boeing 747 de British Airways, tomaron la decisión. “El avión americano no. Ese pasa sobre mucho mar. Mejor uno a Londres”, recordaría Themba en el documental The Man Who Fell From the Sky (El hombre que cayó del cielo), de Channel 4.

Era un Boeing 747 de British Airways que volaba a 10.000 metros, con el tren de aterrizaje convertido en refugio mortal (Reuters)
Era un Boeing 747 de British Airways que volaba a 10.000 metros, con el tren de aterrizaje convertido en refugio mortal (Reuters)

No era solo su primer vuelo. Era el primer avión al que se subían en sus vidas.

El compartimento del tren de aterrizaje era del tamaño de un auto. Los dos se metieron como pudieron. Themba se ató con un cable eléctrico que encontró suelto. Sabía que si el avión giraba, podría salir despedido. La turbina rugía a pocos metros. El suelo se hizo distante, luego invisible. En un instante suspendido, Carlito le dijo: “Lo logramos”.

Y Themba se desmayó.

A 10.000 metros de altura, la temperatura descendió a -60 °C. La falta de oxígeno hizo que su cuerpo entrara en una especie de hibernación.

Según los médicos que lo atendieron después, eso le salvó la vida. “La congelación ralentizó sus órganos. Entró en animación suspendida”, explicó un profesional citado por Daily Mail. Se convirtió en un cuerpo quieto en el aire, aferrado a una estructura metálica, entre cables y oscuridad.

Carlito, en cambio, no resistió. Cayó minutos antes de que el avión aterrizara. Su cuerpo impactó contra el sistema de aire acondicionado de un edificio de oficinas en Richmond, a 9 km de Heathrow. No hubo forma de identificarlo en el momento. Los medios británicos lo llamaron “el hombre que cayó del cielo”.

Themba apareció tirado en la pista. Tenía la pierna rota. No recordaba nada. Lo último que vio fue a Carlito, diciéndole que lo habían logrado. La policía lo encontró inconsciente. Fue llevado a un hospital.

Despertó seis meses después, del otro lado del mundo, en una cama blanca de un hospital inglés. “Lo que me despertó fue el golpe. Caí sobre la pista. Vi el avión. No entendía nada”, dijo a Mirror. Su cuerpo estaba quemado, su pierna destrozada. Todavía usa muletas. Pero estaba vivo.

Un día, un oficial de policía entró a su habitación. Le mostró una fotografía y un pasaporte. “¿Conoces a este hombre?”, le preguntó. Themba asintió, aún aturdido. “Sí, es mi amigo, Carlito.” Entonces, el agente le dijo: “No lo logró. Cayó sobre un edificio.”

La noticia lo desmoronó. No había podido despedirse. No estuvo en el funeral. Solo más tarde, ya recuperado, pudo ir a la tumba de su amigo y dejarle unas flores. “Lo extraño. Era mi hermano de otra madre. Me conocía más que nadie. Estuvimos en esto juntos”, dijo.

Desde entonces, vive en Liverpool. Vive en un modesto departamento de una habitación. No puede trabajar todavía por su lesión, pero espera con paciencia.

Agradece a la gente de Liverpool por su calidez. Dice que todos tienen una historia. “Todos escapan de algo.”

Themba Cabeka
Themba Cabeka durante una entrevista para el Canal 4, de Inglaterra (Channel 4)

En los últimos años, mientras la inmigración sigue ocupando titulares por tragedias en el canal de la Mancha o en los centros de detención de Calais, la historia el joven que sobrevivió atado al tren de aterrizaje de un Boeing 747, se ha convertido en un símbolo extremo de lo que alguien puede hacer cuando ya no tiene nada que perder.

Según Daily Mail, sueña con ser DJ, como Carlito. A veces se sienta en la esquina de una plaza y escucha música. Otras veces camina solo por las calles de Liverpool. Pero nunca, dice, deja de pensar en su amigo.

“Lo logramos”, le había dicho Carlito al despegar. Themba lo escuchó segundos antes de caer en la inconsciencia. Años después, esa frase sigue dándole vueltas en la cabeza. A veces, la repite en voz baja. Como si quisiera creer que los dos lo habían conseguido.

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