Científicos alertan que una tormenta mató a 58 orangutanes y destruyó más de 8.300 hectáreas de bosque en Sumatra

El episodio fue documentado en un trabajo publicado en la revista Current Biology. Los detalles

Guardar
Google icon
Primer plano de un orangután de Tapanuli adulto con pelaje rojizo, abrazando un tronco de árbol, con una densa selva verde y montañas al fondo.
El orangután de Tapanuli solo habita una pequeña región montañosa de Sumatra, Indonesia (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el corazón de la isla de Sumatra sobrevive una especie prácticamente desconocida fuera de los círculos científicos: el orangután de Tapanuli. Su existencia se limita a un pequeño rincón de selva montañosa en Indonesia, donde menos de 800 ejemplares luchan por persistir. Identificado recién en 2017 como especie independiente, este gran simio representa hoy el linaje más amenazado de los primates y enfrenta una presión constante por la pérdida de hábitat, la fragmentación de la selva y el avance de la actividad humana.

A diferencia de otros orangutanes, los Tapanuli han quedado aislados en una franja de bosque fragmentado, desplazados de sus áreas naturales por la tala, la agricultura y megaproyectos como la construcción de una represa hidroeléctrica. La vida en las alturas de Batang Toru, donde la selva se vuelve cada día más estrecha y los recursos escasean, ha forzado a estos animales a adaptarse a condiciones que no les son favorables.

PUBLICIDAD

El aislamiento y la reducción de su territorio no son las únicas amenazas. La presión humana se combina con el riesgo de caza furtiva y el tráfico de crías, problemas que afectan a todas las especies de orangutanes de la región. La tasa de reproducción, muy baja en estos simios —una cría cada varios años—, dificulta cualquier recuperación poblacional ante cada pérdida.

En noviembre de 2025, un evento extremo se sumó a esta lista de peligros: una tormenta e inundaciones masivas provocaron la muerte de aproximadamente el 10% de la población de orangutanes de Tapanuli. Así lo documentó un estudio internacional de la revista Current Biology. La situación ilustra el nivel de vulnerabilidad de una especie que, pese a su importancia ecológica y científica, podría desaparecer en cuestión de años si no se refuerzan las medidas de conservación.

PUBLICIDAD

Cuatro orangutanes de Tapanuli, con pelaje anaranjado, se aferran a una rama cubierta de musgo con una selva verde y montañosa con niebla y luz solar de fondo.
La tala, la agricultura y los megaproyectos han fragmentado su hábitat natural (Imagen Ilustrativa Infobae)

El simio más raro del mundo

El orangután de Tapanuli habita exclusivamente en el ecosistema de Batang Toru, una franja de bosque en el norte de Sumatra, Indonesia. Según datos de la New England Primate Conservancy, su población total en estado salvaje no supera los 800 ejemplares. Esta cifra lo sitúa no solo como el gran simio más escaso de la Tierra, sino también como una de las especies más amenazadas. Su descubrimiento marcó un hito: es el primer gran primate identificado en más de un siglo. La especie se distingue por su pelaje espeso y rizado, una cara más plana y pequeña, y peculiaridades genéticas que lo separan de sus parientes de Sumatra y Borneo.

La mayor parte de estos primates vive en fragmentos de selva montañosa, lejos de los valles y llanuras fértiles que ocuparon durante miles de años. La presión humana los desplazó a zonas menos favorables, un exilio ecológico forzado por el avance de la agricultura, la tala y, más recientemente, la construcción de una central hidroeléctrica.

Los orangutanes de Tapanuli son animales solitarios y arbóreos. Utilizan sus largos brazos y manos prensiles para moverse entre ramas y construir refugios en lo alto de los árboles. Su dieta se compone principalmente de frutas como el durián, pero también consumen hojas, brotes y, en ocasiones, insectos. La relación madre-cría es fundamental: los pequeños permanecen junto a su progenitora durante años, aprendiendo a sobrevivir en un entorno cada vez más hostil.

La destrucción de su hábitat es un factor central en su declive. De acuerdo con la World Wildlife Fund (WWF): “Los hábitats de los únicos grandes simios de Asia están desapareciendo rápidamente debido a las motosierras que están dando paso a las plantaciones de palma aceitera”. El desarrollo industrial, las carreteras y la minería fragmentan la selva y aíslan a las poblaciones, lo que reduce las posibilidades de reproducción y favorece la endogamia. A esto se suma la amenaza de la caza y el tráfico de crías, una práctica que implica la muerte de la madre y complica aún más la recuperación de la especie.

El golpe letal de la naturaleza: una tormenta devastadora

En noviembre pasado, una tormenta extrema provocó la muerte del 10% de los orangutanes de Tapanuli. Así lo documentó el estudio publicado. “Un solo episodio meteorológico en Sumatra diezmó al orangután de Tapanuli; quedan menos de 800 ejemplares en estado salvaje”, detalla la investigación. Los deslizamientos de tierra y lluvias intensas asociadas al ciclón Senyar destruyeron más de 8.300 hectáreas de bosque y causaron la muerte de al menos 58 individuos, lo que representa aproximadamente el 11% de la población local y el 7% del total estimado.

Una madre orangután de Tapanuli de pelaje rojizo se sujeta a una rama gruesa mientras su cría, también rojiza, se aferra a su vientre en un bosque tropical lluvioso y neblinoso.
La pérdida anual de tan solo un 1% de la población adulta puede llevar a la extinción (Imagen Ilustrativa Infobae)

El impacto no se limitó a los simios. Las inundaciones provocaron más de 1.000 víctimas humanas y devastaron aldeas y cultivos. “La pérdida estimada de 58 orangutanes de Tapanuli durante un solo episodio de deslizamiento de tierra inducido por el clima constituye un choque demográfico devastador para el gran simio más raro del mundo”, advirtió Jatna Supriatna, investigador de la Universidad de Indonesia. Las fuentes de alimento y refugio también quedaron destruidas, lo que agrava la situación de una especie que ya vivía bajo presión constante.

Esta tragedia natural se suma a décadas de amenazas acumuladas. El estudio destaca que “para evitar la primera extinción moderna de una especie de gran simio, Indonesia debe proteger permanentemente el ecosistema de Batang Toru”. “Nuestros socios internacionales también deben cumplir con sus compromisos globales con financiamiento inmediato para la restauración de la biodiversidad”, reclamó Jatna Supriatna.

Organizaciones conservacionistas y científicos insisten en la urgencia de detener proyectos como la represa hidroeléctrica, restaurar áreas degradadas y reforzar la protección legal. Según la New England Primate Conservancy: “Si un 1% de los adultos es eliminado cada año, la extinción es inevitable e inminente”. Es decir, la pérdida de unos pocos ejemplares por año basta para que la especie desaparezca.

El destino del orangután de Tapanuli, símbolo de la fragilidad y resiliencia de la biodiversidad mundial, sigue atado a la voluntad —y acción— humanas.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD