
Veintiún años sin despertar. Veintiún años sin una palabra, sin un gesto consciente. En un pabellón de la Ciudad Médica Rey Abdulaziz en Riad, Arabia Saúdita, la vida del Príncipe Al-Waleed bin Khaled bin Talal transcurre suspendida en un tiempo detenido, entre tubos, máquinas y el susurro inquebrantable de la fe.
Nacido en 1989, Al-Waleed bin Khaled es bisnieto del fundador del Reino de Arabia Saudita, el rey Abdulaziz Al Saud, el hombre que unificó las tribus de la península en un solo Estado en 1932. Tiene una familia de políticos muy reconocidos en el país.
Según The Saudi Times, su abuelo, el Príncipe Talal bin Abdulaziz, fue una figura progresista dentro del rígido esquema saudita: liberal, educado en Occidente y defensor de reformas constitucionales, llegó a ser apodado “el Príncipe Rojo”.

Además, el padre del joven, el Príncipe Khaled bin Talal, es también parte de esta línea lateral de la realeza, más cercana a las convicciones ideológicas y religiosas que al poder político central.
Pero el destino del joven Al-Waleed no parecía ir en dirección a los negocios ni a la política.
De carácter reservado, fue enviado a Londres en su juventud para estudiar en una academia militar, siguiendo una de las rutas más prestigiosas para los varones de la élite saudita. Era 2005. Tenía apenas 16 años.
Fue allí, en Londres, que ocurrió el accidente. Según informaron medios como The Express Tribune, el príncipe sufrió un grave choque automovilístico mientras se desplazaba en un coche durante sus estudios.
El impacto fue brutal. Como resultado, sufrió una hemorragia cerebral masiva y traumatismo craneoencefálico severo.

Fue atendido de urgencia por equipos médicos británicos, pero la situación fue crítica desde el principio: pérdida total de consciencia y diagnóstico de estado vegetativo persistente.
Según Daily Mail, de inmediato fue repatriado a Arabia Saudita e internado en el hospital militar más avanzado del país, la Ciudad Médica Rey Abdulaziz, en Riad.
Allí se activó un protocolo intensivo de soporte vital: ventilador mecánico, alimentación por sonda gástrica y atención médica las 24 horas.

En términos médicos, su estado es catalogado como un coma no reversible, sin conciencia del entorno ni respuesta voluntaria a estímulos externos.
Lo que siguió fue una lucha no sólo contra el tiempo, sino contra los límites de la medicina moderna. Los doctores recomendaron, con base en protocolos internacionales, retirar el soporte vital.
El padre se negó. El Príncipe Khaled bin Talal hizo pública su decisión y su argumento: “Si Dios hubiera querido que muriera, estaría en su tumba ahora”, escribió en sus redes sociales.
Para él, el mantenimiento del soporte vital no era un acto clínico, sino un deber espiritual y moral.
A lo largo de los años, el estado del príncipe ha sido monitoreado con regularidad. Y aunque las condiciones clínicas se han mantenido estables en términos de funciones vitales básicas, no ha habido progresos neurológicos significativos.
Sin embargo, en 2019, se reportaron pequeños gestos motores, como movimientos de los dedos o giros leves de cabeza.
Según The Saudi Times, se trataron de respuestas mínimas, sin correlato en la recuperación de la conciencia, pero que reavivaron la esperanza en su familia
A pesar de esos momentos esporádicos, la situación médica general no cambió. No se reportaron nuevos progresos desde 2019, y el príncipe continúa dependiente de soporte mecánico completo.

Según Roya News, su cuadro sigue siendo clínicamente categorizado como estado vegetativo prolongado, sin consciencia ni capacidad para interactuar con el entorno.
Pero la historia del Príncipe Al-Waleed no puede separarse del entorno que lo rodea. Cada año, el 18 de abril, día de su cumpleaños, se convierte en una jornada simbólica. Desde Arabia Saudita hasta comunidades musulmanas en otros países, miles de personas publican fotos, oraciones y mensajes de aliento en redes sociales.
En 2025, cumplió 36 años. Lleva 20 de ellos en coma. Su madre, la Princesa Reema bint Talal, escribió en sus redes sociales: “Mi amado Al-Waleed, veinte años y siempre estás presente en nuestros corazones. Oh Alá, sana a Tu siervo Al-Waleed” .
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