
El hallazgo inesperado de un dispositivo tecnológico enterrado bajo arena en los márgenes del río Támesis permitió desentrañar una trama de crimen organizado, que vinculaba un intento de asesinato en Londres con el robo de valiosas piezas de arte en Ginebra.
Según detalló BBC Mundo, la investigación liderada por la Policía Metropolitana de Londres se extendió durante seis años y logró establecer la responsabilidad de tres hombres: Louis Ahearne, Stewart Ahearne y Daniel Kelly.
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El iPad, cubierto de barro y recuperado gracias al uso de un detector de metales, fue considerado por los investigadores como la clave para conectar las pruebas físicas y electrónicas que terminaron por condenar a los implicados.
El ataque armado que dejó secuelas permanentes
El caso que encendió las alarmas policiales ocurrió el 11 de julio de 2019, cuando en el exclusivo barrio de Woodford, en el este de Londres, seis disparos atravesaron el invernadero de una residencia.
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De acuerdo con BBC Mundo, la vivienda había sido alquilada por Paul Allen, conocido por haber sido parte de la banda que perpetró el mayor robo a mano armada en la historia del Reino Unido en 2006.
Allen resultó gravemente herido al recibir un disparo en la garganta y otro que se alojó en su médula espinal, lo que le provocó parálisis en sus extremidades. Su pareja, Jade Bovington, fue quien alertó desesperadamente a los servicios de emergencia mientras los vecinos y un guardia de seguridad privada intentaban brindarle asistencia inicial.
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El inspector jefe Matt Webb, quien encabezó la investigación, reflexionó en diálogo con BBC Mundo: “Me lo he preguntado mucho. ¿Cometieron errores catastróficos o simplemente nunca creyeron que los atraparíamos?”.

Una banda vinculada al robo de arte en Ginebra
Poco tiempo antes del ataque en Londres, Louis y Stewart Ahearne, junto con Daniel Kelly, habían protagonizado un audaz robo en el Museo de Arte del Lejano Oriente de Ginebra.
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Según BBC Mundo, los asaltantes utilizaron un mazo, pinzas angulares y palancas para forzar la entrada y sustraer tres valiosas piezas de la dinastía Ming del siglo XIV: un jarrón de granada, una copa de vino estilo doucai y un cuenco de porcelana, cuyo valor asegurado rondaba los 3.6 millones de dólares.
El robo dejó una serie de pruebas comprometedoras. Stewart Ahearne sufrió cortes al atravesar una abertura realizada en la puerta del museo, dejando rastros de ADN. Además, Louis fue captado por las cámaras de seguridad inspeccionando el lugar un día antes del asalto.
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Posteriormente, los tres hombres viajaron a Hong Kong para intentar vender una de las piezas sustraídas. Tal como informó BBC Mundo, una casa de subastas, al percatarse del origen sospechoso del objeto, alertó a las autoridades londinenses, que enviaron agentes encubiertos bajo la fachada de comerciantes de arte.

Robo en propiedades de lujo y seguimiento meticuloso
El trío también estuvo vinculado a un robo en Ide Hill Hall, una mansión reconvertida en apartamentos de lujo en Sevenoaks, Kent. Según explicó BBC Mundo, se hicieron pasar por policías utilizando una luz azul intermitente sobre un auto para irrumpir en la propiedad y sustraer artículos de diseño.
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Dos días después, las cámaras de tráfico registraron al mismo vehículo siguiendo a otro, perteneciente a la familia Allen.
La fiscalía argumentó, según citó BBC Mundo, que los acusados formaban un grupo altamente experimentado, capaz de llevar a cabo “un intento de asesinato meticulosamente investigado y planeado por un equipo de hombres con amplio conocimiento del nivel de criminalidad necesario”.
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El iPad, la pieza clave para desentrañar la trama
El giro decisivo en la investigación llegó con la declaración de Louis Ahearne, quien indicó que el auto se había detenido en John Harrison Way, junto al río Támesis. Según explicó BBC Mundo, ese detalle llevó a los investigadores a rastrear la zona y encontrar el iPad, lo que permitió vincular las llamadas del dispositivo a los teléfonos de los hermanos Ahearne y Kelly.
El inspector jefe Webb definió el hallazgo como “una hermosa pieza del rompecabezas para armar”. La recuperación de la tarjeta SIM también condujo al rastreo de compras realizadas en Amazon y eBay, incluidas adquisiciones de teléfonos desechables que se utilizaron para la coordinación del atentado.
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El proceso judicial se extendió hasta abril de 2025, momento en el que los tres hombres fueron condenados a más de un siglo de prisión en total. El propio Webb remarcó ante BBC Mundo: “Este ataque puede parecer la trama de una película de Hollywood, pero la realidad es algo bastante diferente. Esto fue una criminalidad horrenda”.
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