Carencias, desamor, adicciones y tragedias: la dramática vida de Édith Piaf

La cantante parisina de la voz inigualable nació el 19 de diciembre de 1915 y, desde el primer minuto, su destino estuvo marcado por el dolor

Édith Piaf
Édith Piaf
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El mundo no le dio una grata bienvenida. Su madre, Annetta Maillard, era una cantante ambulante sumida en el alcohol, a la que su padre, un acróbata llamado Louis Alphonse Gassion, había decidido abandonar justo en el momento en el que había comenzado con el trabajo de parto. Y la mujer, que salió a la calle a pedir ayuda para llegar al hospital pero no la consiguió, la dio a luz a la intemperie, debajo de un farol de la calle Belleville, en París, dando lugar a una triste escena que parecía presagiar lo que sería su vida. Era el 19 de diciembre de 1915. Así nació Édith Giovanna Gassion, con el tiempo conocida como Piaf.

La pequeña quedó al cuidado de su abuela materna, quien no tuvo mejor idea que alimentarla en base a vino en lugar de biberones de leche. Y, al tiempo, fue su padre quien decidió hacerse cargo de ella. Sin embargo, por entonces Europa se encontraba inmersa en la Primera Guerra Mundial y el hombre, nacido en Normandía, fue convocado para sumarse al ejercito. De manera que Édith terminó en manos de su abuela paterna, una madama que se ocupó de su crianza junto a las prostitutas de su maison que se turnaban para acompañarla.

Lo cierto es que, tras el final del conflicto bélico, Louis volvió por su hija y se la llevó consigo a un circo itinerante. Pero la necesidad llevó a Édith, desde muy chica, a repetir la historia de su madre cantando en las esquinas de la Ciudad de la Luz a cambio de unas monedas que recolectaba en su boina. Claro que su talento era mayúsculo. Y, consciente de eso, con apenas 14 años y cansada de sufrir carencias, decidió comenzar su camino sola en la Plaza Pigalle, en Ménilmontant, y en los suburbios de París.

Edith Piaf
Un retrato de Édith Piaf

En 1932 se enamoró por primera vez, de Luis Dupont, un mozo con quien tuvo a su única hija, Marcelle. Pero la niña murió de meningitis con apenas dos años de edad. Y este fue un duro golpe para Édith, quien sentía que el Universo se había complotado en su contra una vez más. No obstante, seguía teniendo una inigualable voz en la que descargaba toda su angustia y soñaba con que, en algún momento, ésta le permitiría cambiar su destino.

Fue Louis Leplée, propietario del cabaret Genry´s, uno de los más conocidos de la región, quien la “descubrió” cuando se topó con ella por la calle de casualidad y la escuchó cantar. Tras una pequeña prueba, el empresario no tardó en contratarla y, en 1937, la bautizó como Môme Piaf, lo que significaba “pequeño gorrión” y hacía clara referencia a su desgarbado aspecto físico. Sin embargo, cuando todo parecía encaminarse, el hombre apareció muerto con un disparo en el club que regenteaba y Édith fue injustamente señalada por la prensa como una de las sospechosas del asesinato, por lo que todo lo que había construido hasta entonces se derrumbó. Y las adicciones se apoderaron de ella.

De todas formas, la cantante no bajó los brazos. Ya convertida en Édith Piaf, nombre con el que logró su consagración a nivel internacional tras la Segunda Guerra Mundial en la que tuvo un papel preponderante ayudando a salvar a miles de judíos de los nazis, se convirtió en una verdadera estrella tanto en Europa como en América. Y, de la mano del compositor Raymong Asso, su pareja de entonces, se posicionó como una profesional del music hall. Con el tiempo, en tanto, se encargó de colaborar con jóvenes talentos emergentes de la época como Charles Aznavour, Georges Moustaky, Yves Montand o Gilbert Bécaud. También se relacionó con intelectuales como Jean Cocteau. Y tuvo amoríos con varios de ellos.

Yves Montand
Édith Piaf junto a Yves Montand

En 1947, la cantante comenzó su primera gira por los Estados Unidos, donde un año más tarde conoció al boxeador francés de origen argelino Marcel Cerdan, quien había ganado el campeonato mundial de peso medio. Él se convirtió en el gran amor de su vida. Pero, una vez más, la tragedia le jugó una mala pasada. Y el 28 de octubre de 1949, el hombre murió cuando el avión en el que viajaba de París a Nueva York para encontrarse con su amada se estrelló sobre el Pico da Vara, una montaña de la isla de São Miguel, en el archipiélago de las Azores.

Al inmenso dolor que sentía en su corazón, se le empezaron a sumar los dolores del cuerpo. Y Édith terminó haciéndose adicta a la morfina. El 29 de julio de 1952 volvió a contraer matrimonio con otro cantante francés, Jacques Pills, de quien se divorció en 1956. Luego tuvo una historia con Georges Moustaki, junto a quien sufrió un accidente automovilístico que le dejó graves secuelas e hizo que el sufrimiento físico se hiciera cada vez más insoportable. En 1959, de hecho, la cantante se desplomó en medio de un concierto en Nueva York. Y final de su carrera parecía inevitable.

A los 46 años de edad, ya muy enferma, Édith se casó con Théo Sarapo, un joven cantante de apenas 26. Corría el año 1962 y ella sabía que le quedaba poco tiempo de vida, así que lo tomó como a “un hijo”, sabiendo que él también la iba a cuidar como a una madre. El 11 de octubre de 1963, finalmente, la cantante murió tras una larga lucha contra un cáncer de hígado. Algunos dicen que, en realidad, había fallecido un día antes y que su pareja había decidido trasladarla a París para hacer ver que había partido en su ciudad natal. Conoció la miseria y la riqueza, el abandono y el éxito, la soledad y el amor. Pero sólo ella sabrá, esté donde esté, si alguna vez llegó a conocer la felicidad.

Edith Piaf  Theo Sarapo
Édith Piaf junto a Théo Sarapo

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