
Desde muy chica Judith Barsi mostró sus dotes para la actuación. La nena estadounidense, hija de padres húngaros, se ponía ropa de su mamá, algún maquillaje y hasta sus piecitos bailaban en unos tacos de mujer.
Judith era hija de József Barsi y Maria Virovcz, ambos inmigrantes húngaros que huyeron de la ocupación soviética en 1956. La pareja se conoció años después en un restaurante de Los Ángeles frecuentado por inmigrantes, donde María era camarera. La mujer sintió un flechazo a primera vista, no conocía los antecedentes del hombre que luego terminaría asesinando a su hija.
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Soñar con ser actriz
El sueño de la pequeña Judith era impulsado por su mamá. Así, mientras las relaciones con su pareja se hacían cada vez más violenta, María llevaba a su hija a clases de actuación y baile. Juntas recorrieron castings interminables en los que la pequeña desplegaba todo su histrionismo, que quedó trunco tras su asesinato.
María llevaba de la mano a Judith y hacían largas colas en las productoras de Hollywood, pese a los insultos del padre de la nena. La mujer había soñado toda su vida con ser actriz, pero no había espacios para esas ideas en la Hungría ocupada por los nazis primero y luego por los soviéticos. Entonces veía esa proyección en los mohines de su hija Judith Barsi.

Ya en California, muy cerca de los estudios de Hollywood que le hubiera gustado transitar con los reflectores dándole de lleno en la cara, conoció a József sentado en la barra de un merendero clásico del oeste estadounidense. El hombre tomaba un café con unos huevos revueltos con la mirada fija en un punto del horizonte. Para María, ese húngaro hosco y callaro sería capaz de amar y proteger a la familia que tanto había soñado construir. Se casaron a finales de los años 70.
Pero József, antes de casarse con María, tuvo un primer matrimonio en el que ya había ejercido violencia física contra su pareja, De esa relación habían nacido dos hijos que fueron abandonados por su padre, que emigró a Estados Unidos y se afincó en California.
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Las vecinas veían salir a María con su hija rumbo a las pruebas o las clases de actuación y le comentaban que era muy difícil de lograr lo que soñaban. Que apenas llega una chica en un millón de postulantes. Ellas sonreían y seguían su camino.
Entonces, tanto girar en castings, Judith fue descubierta a los cinco años por un agente en una pista de hielo. La niña llamó la atención porque parecía tener dos años menos y era muy comunicativa e ingeniosa. Un diamante en bruto para la pantalla, pensó el ejecutivo.
Este descubrimiento puso a la nena dentro del sistema de Hollywood. Llegó a ganar unos 10 mil dólares al mes por publicidades y apariciones esporádicas en alguna serie de TV. Entonces, la familia se mudó a una casa más grande. La niña empezó a estudiar en una escuela, pero faltaba a muchas clases debido a las sesiones de grabación y a sus compromisos como actriz.
Con el crecimiento artístico de Judith, su padre empezó a mostrar un comportamiento paranoico. Hizo construir una reja alrededor de su nueva casa de California en un barrio que en esa época era de puertas sin llaves y autos abiertos. La casa de la familia Barsi sobresalía como una pequeña cárcel en medio de un barrio bucólico de los suburbios de Los Ángeles.
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Mientras soportaba la violencia de su padre, Judith seguía trabajando a tiempo completo en los sets de Hollywood pese a ser una nena. Fue entonces cuando el equipo de la miniserie Fatal Visión la descubrió. Después de la audición, fue elegida para el papel de Kimberly MacDonald. La nena ya era reconocida por las calles de su barrio.
A medida que crecía el éxito de Judith, su padre se volvía más violento. Incluso amenazaba con suicidarse y matar a su familia si lo abandonaban. En esa época fue detenido tres veces por conducir bajo los efectos del alcohol.
Convivir con un violento
En diciembre de 1986, María acudió a una comisaría de policía para denunciar los golpes que había sufrido por parte de su marido. La mujer fue maltratada por los agentes. Le dijeron que no había pruebas, que se vuelva a su casa. Así, retiró la renuncia y se volvó a su casa a convivir con un violento.
El hombre golpeaba con frecuencia a su mujer en la cara e intentó asfixiarla varias veces. También le impedía a su pareja comunicarse con sus familiares en Hungría. María estaba sola junto a su hija Judith, frente a un hombre cada vez más violento.
A medida que la violencia se intensificaba, Judith empezó a subir de peso y a arrancarse las pestañas. La niña también empezó a torturar al gato de la familia, tirándole de los bigotes.
Un vecino, en una entrevista con la TV de Estados Unidos tras la tragedia, recordaba un episodio en que József contaba que sentía envidia de Judith porque ella mantenía a la familia lo que él nunca había podido hacer. La consideraba una chica ingrata. Dijo que ella no sabía lo duro que era tener que huir de un país en guerra. Otro residente local informó de que una vez el padre rompió los juguetes de la niña en el patio porque la consideraba mimada y sobreprotegida. En ese momento Judith tenía seis años, era sólo una niña.
Uno de los trabajos más queridos y famosos de Judith, estrenado después de su muerte, fue el doblaje del personaje Ducky, para la película En busca del valle encantado.

Maria hizo todo lo que pudo para sacar a su hija de la casa, aunque sólo fuera por unos momentos. Trataban de estar la mayor parte del tiempo alejadas del infierno de su hogar. Iban a los parques, comían en restaurantes y solían visitar a los amigos que vivían cerca. Se esforzó por hacer que la vida de Judith fuera lo más normal posible a pesar de lo que ocurría en la familia.
Una de las formas que el marido utilizaba para evitar que su mujer y su hija intentasen escapar era mostrarles siempre dónde guardaba un bidón de nafta. “Si intentan escapar voy a quemar la casa con ustedes adentro”, les gritaba mientras agitaba el recipiente cargado de líquido azul.
La nena llega a la pantalla grande
Judith pegaba un éxito atrás de otro. Así fue invitada a protagonizar su primera película Tiburón, la venganza. El rodaje tendría lugar en las Islas Bahamas. Cuando József se enteró, entró en su habitación y, mientras la niña preparaba las valijas junto a su madre, las amenazó de muerte si se atrevían a huir durante las grabaciones.
En la playa, entre las escenas María lloró y dijo a varias personas que temía por la vida de Judith. Todos la trataban con indiferencia y seguían con el ritmo frenético de las grabaciones de la película.
Pero María tenía un plan. Había comprado dos pasajes de Bahamas a Nueva York y planeaba huir de la violencia de su marido. Antes del viaje, hubo una comunicación entre la pareja. Allí, el hombre la volvió a amenazar de muerte. Dijo que la encontraría en donde esté y la mataría. Entonces, la mujer desistió de su plan de escape y volvió a Los Ángeles.

La noche de los femicidios
La noche en la que fue asesinada, el 25 de julio de 1988, la niña y su madre se fueron a dormir. József se quedó en el comedor solo.
Entonces, el padre tomó su pistola del calibre 32 y entró en la habitación de su hija. Sin mediar palabra, la mató de un balazo en la cabeza.
Al oír el disparo, María corrió por el pasillo de la casa. Otra vez, sin decir una sola palabra el hombre la mató también con un disparo en la cabeza.

József vivió el resto de la noche y todo el día siguiente con los cuerpos dentro de la casa. Vació una botella de vodka. A la tarde siguiente, un representante llamó y preguntó por María. El hombre estaba nervioso, titubeó. Se lo notaba borracho. Finalmente respondió que las dos habían huido a San Diego en un coche negro.
En la mañana del 27 de julio, hacia las 8.30 horas, una vecina que regaba su jardín oyó una explosión procedente de la casa de Barsi. Empezó a salir mucho humo por el techo y pronto toda la casa estaba en llamas. József había usado el bidón con el que tanto había amenazado a María y Judith.
Los bomberos llegaron rápidamente y consiguieron contener el fuego. Poco después se encontraron tres cuerpos en la residencia. En el pasillo se encontró el cuerpo de Maria Barsi, que tenía 48 años. Judith, que sólo tenía 10 años, fue encontrada en su cama y junto a ella había un bidón de gasolina. József Barsi, de 55 años, fue encontrado en el garaje con una herida de bala en la cabeza. El forense concluyó que todos los miembros habían muerto antes de que el humo se extendiera, ya que no había rastros de humo en sus pulmones.
El espíritu de Judith
Varios años después del asesinato de Judith y María, volvieron a la exposición mediática. Una nueva familia se había mudado a la casa reconstruida tras el incendio. Se trataba de los Bernal, quienes al reality “Murder House Flip”, que se encarga de restaurar chalets que fueron escenario de crímenes, confesaron que su hogar estaba embrujado.
Según los Bernal, hay una sensación constante de una “presencia sombría” y constantemente ocurren cosas extrañas dentro de la residencia. Durante la emisión del programa contaron que “las puertas se abren y se cierran solas. Hay vientos helados que recorren la propiedad”.
Es más, habían colocado atrapasueños, especialmente en la habitación que pertenecía a Judith, para aliviar algunas de las tensiones que sentían.
Entonces, los productores del programa entraron en acción y le realizaron varios cambios a la casa. Mientras tanto, Judith y María descansan en la misma tumba en el cementerio cercano a la casa en la que sufrieron el horror de la violencia. En la tumba de la nena está inscripta una de las frases que la hizo famosa, cuando dobló una película de animación. “Si, si, si”, decía la nena con voz alegre y eso quedó en la memoria de millones de estadounidenses que nunca la olvidarán.
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