
En octubre de 1812 el capitán Peter Heywood atracó su nave, el HMS Nereus, en la rada de Buenos Aires. No era la primera vez que estaba en esta ciudad, en 1807 lo había hecho al mando de la fragata HMS Polyphemus a cargo de los refuerzos alistados por el general Robert Crawford para el segundo asalto británico a la capital del virreinato. Después del fracaso de la invasión, Heywood volvió a Europa, pero en 1810 fue enviado, una vez más, al Río de la Plata, al mando del ya citado Nereus. En la oportunidad se presentó ante el Dean Funes para mediar por los reclamos de los comerciantes ingleses y ante el gobierno porteño. Su gestión ante el virrey de Elio sirvió de puente amistoso para facilitar el canje de prisioneros.
Heywood volvió en 1812, dada su experiencia y contactos, como enviado por el gobierno británico para informar a Lord Melville sobre la situación política en la ex colonia española. En la oportunidad tuvo una entrevista con un teniente coronel que había llegado recientemente de España, quien, a pesar del poco tiempo transcurrido, había participado frente a sus bisoños granaderos del reclamo hecho por “un grupo de ciudadanos” que solicitaba la convocatoria a un Cabildo abierto y la deposición de los triunviros a fin de “proteger la libertad del pueblo”. Fue así cómo Heywood conoció a José Francisco de San Martin y Matorras, futuro padre de la patria.
PUBLICIDAD
Heywood traía el ofrecimiento del ministro Castlereagh de actuar como mediador en el conflicto con España ya que los ingleses creían que la separación de la metrópoli dejaría a las excolonias con “una independencia nominal”. En realidad, en ese entonces, Gran Bretaña y España eran aliadas contra Napoleón y Heywood tenía la misión de disuadir a los patriotas de continuar con sus luchas libertarias. No tuvo éxito y hasta llegó a pensar que una tercera invasión sería la solución a este conflicto.

En el interín, Heywood levantó una carta marina del River Plate, como llamaban los ingleses a nuestro río, indicando vientos, mareas y canales navegables. Por años fueron usados como mapas de referencia.
PUBLICIDAD
Como dijimos, San Martín, un oficial con fluidas relaciones con el ejército británico, se entrevistó con este marino que tenía en su pasado una terrible marca en su foja de servicios que casi le cuesta la vida... había participado de un motín que fue motivo de varias discusiones dentro de la Royal Navy y dio lugar a libros, debates y películas: el motín del Bounty.
Quince años antes de navegar las traicioneras aguas del River Plate, Heywood, entonces un adolescente, había navegado las más vistosas aguas del Pacífico como guardiamarina del HMS Bounty a las órdenes de quien sería el tristemente célebre comodoro William Blight.
PUBLICIDAD

La expedición tenía una finalidad científica y estudiaba la adaptación de los “árboles de pan” a las colonias caribeñas, donde podrían servir de alimento para los esclavos.
La navegación se prolongó más de lo deseado porque no pudieron acceder al Pacífico por el Cabo de Hornos, razón por la cual debieron llegar al Índico vía el Cabo de Buena Esperanza y después de cinco penosos meses de navegación atravesaron el Pacífico hasta Tahití. Durante la permanencia en esta isla paradisíaca, la tripulación confraternizó con los nativos y, especialmente, con las nativas. Esta cohabitación, a veces promiscua, aumentó la incidencia de enfermedades venéreas y la relajación de las costumbres. Blight trató de corregir la situación con mano dura y castigos físicos. Para cuando el Bounty inició su retorno a Inglaterra, la cadena de mandos estaba a punto de quebrarse y Blight, más paranoico que nunca, acusó a Fletcher Christian, quien se desempeñaba como segundo a bordo, de robo e ineptitud. Fletcher, embargado por la vergüenza, pensó en desertar, pero los demás miembros de la tripulación lo instaron a encabezar un motín el 28 de abril de 1789, apresando a Blight.
PUBLICIDAD

Cuando decidió dejar al capitán a la deriva en el bote del Bounty, casi la mitad de la tripulación decidió seguir a Blight quien, gracias a su experiencia como miembro de la expedición del capitán Cook, pudo superar los 6500 kilómetros que lo separaban del asentamiento neerlandés en las islas Timor. Allí llegaron en tan malas condiciones, que 8 de los 19 hombres que acompañaban a Blight, murieron antes de llegar a Inglaterra.
Mientras tanto, la relación de los insurrectos no era tan armónica como habían pensado y decidieron secuestrar a un grupo de nativos (13 mujeres y 7 hombres) y llevarlos hasta la remota isla de Pitcairn, donde se instalaron.
PUBLICIDAD
Peter Heywood prefirió permanecer en Tahití, donde aprendió el idioma y las costumbres locales que incluían tatuar su cuerpo, una extraña costumbre entonces que solo usaban criminales y marinos, no oficiales de la Armada.

Cuando Blight llegó a Inglaterra reportó la escandalosa conducta de los insubordinados y el HMS Pandora fue enviado en búsqueda de los amotinados que aún vivían en Tahití. Heywood fue uno de los 20 marinos capturados. A poco de zarpar, el Pandora se hundió y murió gran parte de la tripulación, pero Heywood y otros 10 insubordinados lograron salvarse. Después de miles de peripecias llegaron a Inglaterra, donde fueron juzgados. Heywood fue condenado a la horca, pero recibió un indulto real. Sus otros compañeros no tuvieron tanta suerte.
PUBLICIDAD
Por años los demás amotinados vivieron en las islas de Pitcairn, aunque no encontraron el paraíso que habían soñado. La mayor parte de ellos murió por los conflictos internos y rivalidades que surgieron en esta estrecha convivencia. Ninguno de ellos fue juzgado, porque para cuando los encontraron ya habían fallecido.
Peter Heywood continuó con una distinguida carrera en la marina británica, convirtiéndose en un personaje destacado en su país.
PUBLICIDAD

Cuando San Martín visitó Inglaterra en mayo de 1824 en compañía de su hija Mercedes, fue a visitar a viejos amigos como James Paroissien y García del Río, pero también tomó contacto con Heywood, quien para entonces se había casado con Frances Jolliffe. La Sra. Heywood tomó bajo su protección a la hija del general argentino y le consiguió un lugar en un instituto de señoritas donde quedó pupila. No debe haber sido fácil este cambio de vida porque Mercedes no hablaba inglés… pero se adaptó y así vivió por dos años con las visitas periódicas de su padre y la solícita atención de la esposa de un marino sublevado en los mares del sur quien cubría con su uniforme azul los tatuajes que se había hecho durante su permanencia en Tahití.
Seguir leyendo:
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Las dos rendiciones de la Alemania nazi: la sonrisa de Eisenhower, los pedidos de Keitel, la ira francesa y el desprecio de Zhukov
La primera ocurrió el lunes 7 de mayo de 1945, cuando el jefe del Ejército alemán, Alfred Jodl, firmó la capitulación militar incondicional ante las tropas aliadas en Reims, Francia. Cuando todo parecía terminado, Stalin desconoció el acto y exigió una nueva firma, que se concretó en Berlín, el martes 8, en el cuartel general que los soviéticos habían instalado en la capital de los derrotados

Sospechas de envenenamiento, vigilancia rigurosa y el ánimo abatido: a 205 años de la muerte de Napoleón Bonaparte
Fue el 5 de mayo de 1821. Hacía poco más de cinco años que había sido llevado por los ingleses a la remota isla de Santa Elena, en el océano Atlántico. Su vida, el séquito que lo acompañó, la rigurosidad de su carcelero y el final de un hombre irascible y huraño, que insistía en que se dirigieran a él como “su majestad”

Cobró 30 libras, pero el álbum vendió 45 millones de copias: la historia detrás de la única voz femenina en Pink Floyd
Clare Torry fue convocada como vocalista de sesión para improvisar sobre una pieza instrumental de Richard Wright y su interpretación se convirtió en el alma de The Great Gig in the Sky, incluida en The Dark Side of the Moon

El Señor de los Anillos y el apodo inspirado en la realeza británica que esconde Aragorn
Una referencia a la monarquía inglesa del siglo XIII revela la influencia de hechos reales en la construcción de la mitología de La Tierra Media y profundiza el vínculo entre literatura y pasado europeo

El azote de la viruela en el Buenos Aires colonial: insalubridad, una enfermedad devastadora y el drama de la esclavitud
Hasta la aparición de la vacuna en 1805, esta enfermedad era muy temida por la alta mortandad que provocaba. La población debia contentarse con remedios caseros y con rezos. La escasa salubridad de Buenos Aires y el tráfico de esclavos también conspiraban para que el contagio de esta enfermedad fuera imparable




