El viernes 26 de marzo de 1982 en la sala de situación del Regimiento de Infantería 25 los oficiales se enteraron, de boca de su jefe, el coronel Mohamed Seineldín, de la operación de recuperación de las Islas Malvinas. Y cuando se armó la Compañía C que participaría en el desembarco, Seineldín, muy afecto a la simbología militar, no solo ordenó a sus oficiales que incluyeran sus sables en el equipo, sino que además se incorporse un trompeta de órdenes. Así fue como el cabo 1 músico Omar René Tabarez, un entrerriano de 19 años, fue a Malvinas, y protagonizaría una historia que terminaría veinte años después.

Tabarez es clase 62. Nació en Concepción del Uruguay, donde aún está radicada gran parte de su familia. Su madre Noir vive y su padre, Antonio, fallecido en el 2007, trabajaba en el frigorífico Swift en esa ciudad.

Desde chico, a Omar le gustaba la música. Y cuando contaba con 15 años por medio de un conocido ingresó a la banda del entonces Batallón de Ingenieros de Combate 121, con asiento en su ciudad natal. De ahí lo mandaron a estudiar música a la Escuela de Suboficiales General Lemos.

Nunca había podido tener un instrumento propio. Y cuando había juntado sus ahorros para comprarse una trompeta, su abuelo murió y su familia no tenía el dinero para el entierro. Cuando el destino iba a ser la fosa común, Omar no lo dudó y destinó sus ahorros a la memoria de su abuelo.

En 1982, Tabarez integraba la banda del Regimiento 25, en Colonia Sarmiento, Chubut. El 1º de abril viajó, incorporado a la Compañía de Servicios, en apoyo a una sección de Tiradores, hacia Comodoro Rivadavia. Y de ahí a las islas.

Su debut como trompeta fue apenas la bandera argentina que volvió a flamear en las islas. Tocó, en inmediaciones del aeropuerto, la Diana de gloria, que simboliza una expresión de júbilo.

En los primeros días, sus órdenes eran ir a primera hora del día a la casa del gobernador, izar la bandera argentina y realizar el toque reglamentario. Por la tarde, debía arriar el pabellón y nuevamente el toque reglamentario. "La bandera debía dormir conmigo", señala.

Cuando se conoció la noticia de que la flota inglesa había zarpado rumbo al Atlántico sur, debió establecerse en el aeropuerto a fin de cubrir diferentes objetivos. Junto a cuatro soldados, ocupaban un hangar en el extremo oeste de la pista. Recuerda que Seineldín le dijo: "Si los ingleses desembarcan acá, vamos a ir al frente con trompeta, sable y bandera".

Tabarez nunca olvidaría el primer día del bombardeo inglés. Cuando las bombas comenzaron a caer, en el amanecer de Puerto Argentino, buscó refugio debajo de una máquina vial. En un momento, le ordenaron trasladarse a otra posición y, cuando corría en medio del bombardeo, se dio cuenta de que había olvidado en el hangar la bandera de guerra del regimiento; volvió sobre sus pasos a buscarla. Cuando llegó a la nueva posición, Seineldín le ordenó que tocase "a la carga". Tabarez recuperó el aliento e hizo sonar, por primera vez, su trompeta en batalla. De ahí en más, ante cada bombardeo, el sonido estridente de "a la carga" insuflaba ánimo a las tropas que poco podían hacer. Con orgullo, habla de "los bravos del 25" y recuerda que llevaban pegada a la culata del Fal una estampita de la Virgen de Luján.

También era convocado para ceremonias en el cementerio, como el día 3 de junio, que hasta fue corrido por un toro cuando quiso cortar camino entre corrales para llegar a tiempo a la inhumación de los restos del teniente Dachary, del sargento primero Blanco y de los soldados Lamas y Diarte, muertos durante un bombardeo. Participó en la jura a la bandera de los soldados clase 63 del regimiento 25, en Puerto Argentino, el 24 de abril, y de la ceremonia del 25 de mayo donde se hizo un homenaje a los caídos.

Cuando se firmó la rendición, Tabarez fue embarcado en el buque inglés Norland. Le tocó a un joven escocés de veinte años revisarlo. Le llamó la atención el estuche que Tabarez llevaba bajo el brazo. Al comprobar que era una trompeta, el soldado preguntó a su superior qué debía hacer. Y le ordenaron que se la quede como trofeo de guerra. Y así Tabarez se separó de su trompeta.

Con los años, Tabarez pidió el retiro y, como le contó a Infobae, estudió profesorado de Historia con el propósito de encontrar una explicación a procesos que llevaron al país a una guerra. Se casó, su esposa también es docente y tiene dos hijos.

Fantasmas del remordimiento

El escocés que a desgano se había llevado el instrumento se llama Tony Banks. Integraba el Regimiento 2 de Paracaidistas, que fue el primero en desembarcar. Peleó en Goose Green y por años no habló de aquella experiencia con nadie. "Vi camaradas caer; era la primera vez que veía morir a gente cercana a mí. No hablé de la guerra por años, pensé que nunca podría hacerlo con nadie", dijo.

Cuando había regresado de Malvinas, había donado el instrumento a un museo privado en Escocia. Cuando su dueño falleció, le devolvieron la trompeta. Habían pasado 15 años. La guardó en su oficina.

Con los años, Banks se transformó en un importante empresario de la construcción. Había dejado la milicia atrás pero no los fantasmas de la guerra. Tenía una obsesión: debía devolver la trompeta a su verdadero dueño.

En el 2010, contrató a Jeff Farrell, un periodista independiente irlandés que viajaba a Colombia a cubrir las elecciones. A pesar de que junto con la trompeta había un librito de música con los datos de Tabarez, solo le dio como dato al periodista el número de serie del instrumento: BF 33-505. Si la devolvía, debía estar seguro de dar con su propietario.

El periodista demoró tres meses en ubicar al dueño. Y en mayo del 2010 Tabarez recibió una sorprendente llamada de que deseaban devolverle la trompeta en Argentina.

Aparecieron las dudas de ambos lados. Tabarez se preguntó: "¿Qué hago? ¿Lo recibo? ¿Qué dirán mis compañeros veteranos?", mientras que al inglés le aconsejaban que no viajase a la Argentina. Le decían que el resentimiento hacia los británicos era muy fuerte y que su vida correría peligro.

Banks solo puso como condición que el encuentro fuera privado. El 14 de junio tocó el timbre en la casa de Tabarez, en Moreno, quien estaba acompañado por su familia y amigos. Banks apareció con una cámara de la BBC. Tabarez se reencontró con su trompeta, el escocés le pidió que la tocase. "Esto es tuyo, ahora puedo morir en paz", dijo Banks. Terminaron brindando con agua.

Tabarez y Banks siguen en contacto. El escocés escribiría en el 2013 el libro Storming the Falklands. My war and after ('Asaltando las Malvinas. Mi guerra y después'), donde hace un crudo relato de la guerra y describe lo que significa para un veterano enfrentar los duros años de la posguerra.

Viejos compañeros de armas le recuerdan que cuando mueran, Tabarez debe ir con la trompeta a tocar silencio. Hasta el folclorista Daniela "El Pato" Viganoni compuso La Trompeta, en 2018.

Por de pronto, Tabarez participa en reuniones y actos de veteranos. "Yo sé que me emociono, que me hace mal. Pero hasta el último día de mi vida seguirá sonando", prometió.