Por Beatriz Goldberg, autora de No le tengo envidia a los hombres, Dr. Freud (IndieLibros)*

La mujer puede y debe tener actividades en todas las áreas, pero siempre desde su rol de mujer. Si se masculiniza, pierde la capacidad intuitivo-intelectual que tiene para darse cuenta de quién es y cómo hacer sus elecciones saludables.
Este desdibujamiento en el "ser mujer" le impide hacer bien sus elecciones y "ver más allá" como parte de la esencia femenina, por eso, hoy en día, se escucha cada vez más frases como: "ya no hay hombres", "hombres eran los de antes", "se me pegan todos", etc.
Las mujeres tenemos una gran contradicción y un doble discurso: por un lado, al hombre "lo vamos corriendo a un segundo plano" y "le vamos quitando tareas", y, por el otro, "lo queremos cerca de vuelta".
Nos estamos equivocando cada vez más en distintos planos, sobre todo en el sentimental. De hecho, podemos tener la capacidad de multiplicarnos: podemos estar simultáneamente peinándonos, pensando en todos los integrantes de nuestra familia y en la reunión de directorio, con el celular en la mano.
A pesar de nuestros logros, no debemos perder la "sensibilidad de ver" lo que nos acontece. No debemos enojarnos cuando nos dicen que hombres y mujeres son diferentes, porque, en realidad, lo somos: ¡viva la diferencia!
Lejos de renegar de la esencia femenina debemos reivindicarla. Tenemos diferencias y eso es lo que nos atraía del hombre. La igualdad que queremos lograr es ficticia porque de esta forma cada vez tenemos más obligaciones con menos derechos.
Ni "fundamentalismo feminista", ni "justificaciones conciliatorias para el machismo", sino legítimo orgullo de ser mujer.
Ha llegado la hora de dejar de ser las "actrices de reparto de la historia" para tener "el papel protagónico" que nos merecemos. Ha llegado la hora de dejar de llorar por los rincones o de creer que el hombre es nuestro enemigo. Estamos listas para dar el gran salto a partir de nuestras particularidades, sin imitar los modelos masculinos. ¡Basta de ser machistas sin darnos cuenta!
No desvalorizar a los hombres, es decir no ser las encargadas de la nefasta tarea de "poner a los príncipes azules a blanquear". Tarde o temprano en algún momento con toda nuestra independencia vamos a querer, aunque sea de a momentos, un "príncipe azul" que nos proteja. No neguemos nuestra más grande esencia. Tenemos nuestra completud.
No tenemos nada que envidiarle a los hombres, de ésta forma estaremos mejor con nosotras mismas. Este es el principio para sentirnos más saludables y mejorar nuestros vínculos y calidad de vida.
* Beatriz Goldberg es especialista en crisis individual y de pareja.
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