El director Edward Zwick, el escritor Lee Child y el actor Tom Cruise (Getty Images)
El director Edward Zwick, el escritor Lee Child y el actor Tom Cruise (Getty Images)

Después de una veintena de libros publicados, Lee Child rompió el molde del escritor bestseller para convertirse en un autor de culto. Al menos, así pasó en la Argentina. Fue un movimiento totalmente singular que implica la coincidencia de dos círculos antagónicos entre sí. Tal vez el único con el que comparta esa condición sea Stephen King.

Algunos años atrás, pasearse por la calle con un libro de Child, con esos títulos en tamaño catástrofe típicos del hardboiled, podía provocar no pocas ironías. Ahora, aquellos mismos libros entablan un diálogo distinto. El cambio se produjo gracias a una apuesta notablemente arriesgada de la editorial Blatt & Ríos, que suele hacer apuestas notablemente arriesgadas, y que con frecuencia le salen bien. Que una editorial boutique que en su catálogo cuenta con Hebe Uhart, César Aira, Fogwill y Daniel Link, entre otros, se fije en Lee Child ¡dos veces!, afecta la manera de leerlo.

Por si fuera poco, Lee Child llegó a Blatt & Ríos con el espaldarazo de nada menos que Elvio Gandolfo, uno de los escritores más importantes de la actualidad.

Hay que decir, sin embargo, que de los dos libros de cuentos que publicó la editorial, el primero, Noche Caliente, es muy bueno, y el otro, Sin segundo nombre, es bastante irregular. De todas maneras, hablamos aquí de la percepción que provoca haber sido publicado por una editorial mimada por la cultura nacional.

Tom Cruise en la piel de Jack Reacher
Tom Cruise en la piel de Jack Reacher

Un detective negro e inglés

Ya nos hemos referido aquí a la historia del autor: Jim Grant —tal el nombre real de Lee Child— era un productor de contenidos televisivos que en 1995 se quedó sin trabajo. Dos años después publicaba su primera novela. Eligió un seudónimo que le permitía quedar entre Raymond Chandler y Agatha Christie: antes que una estrategia comercial, era un gesto que definía su intención, ya que sus historias mezclan componentes del policial negro norteamericano y del tradicional inglés.

Todas las historias de Lee Child están protagonizadas por una suerte de alter ego mucho más duro y violento que él: Jack Reacher. En nuestro país se hizo conocido por las dos películas en las que actuó Tom Cruise, basadas en las novelas Un disparo y Nunca vuelvas atrás. En rigor, Reacher no se parece en nada a Cruise: mide casi dos metros y pesa más de cien kilos. Segundo hijo de una familia militar, Reacher creció en diferentes bases del ejército a donde estaba destinado el padre y, como su hermano, siguió en la misma profesión. Pero él fue por la rama de la policía militar.

Mientras Blatt & Ríos se ocupa de los cuentos, el sello español RBA publica las novelas. Gracias al éxito de las películas, los españoles desempolvaron varios ejemplares guardados en algún depósito y comenzaron a traerlos a la Argentina. Al principio con cierta timidez, por los límites que el kirchnerismo imponía a la importación, desde 2015 con un poco más de entusiasmo. La manera en que los títulos llegan al país hace no se pueda leer la saga Reacher ni por el orden de las publicaciones ni por la edad del protagonista. Esto no necesariamente es algo malo: al fin y al cabo, no hace más que acentuar la singularidad de cada novela.

El enemigo (serie Jack Reacher VIII), de Lee Child
El enemigo (serie Jack Reacher VIII), de Lee Child

Protege a tu enemigo

El enemigo es una novela de 2004. Es la octava de la serie, justamente anterior a Un disparo, que fue la primera que se llevó al cine. La acción transcurre en 1990: el comunismo fracasó, el muro de Berlín se derrumbó, el mundo mira a Estados Unidos como el único imperio reinante. Y Reacher todavía es un policía militar, aunque ya empieza a sentir la necesidad de romper filas.

La trama comienza con la muerte de un general en una situación terriblemente escandalosa: sufrió un ataque cardíaco en un hotelito de mala muerte cuando iba a tener relaciones con una prostituta. Pero nada es tan simple y a medida que Reacher investiga, aparecen nuevos cadáveres y la situación se va llenando de contradicciones. Todo el Ejército queda comprometido. La narración está llena de peripecias y de pistas falsas. Un purista podría decir que le sobran algunas páginas, pero los lectores de Lee Child no permitimos la crítica de los puristas.

Si bien el objetivo primero de la novela es el entretenimiento, hay varias ideas provocadoras. La más saliente es que las Fuerzas Armadas necesitan de un enemigo para sostener el delicado equilibrio interno. Que exista un enemigo no sólo las organiza en pos de un objetivo común, también asegura el trabajo y la necesidad —de los soldados y los privados que venden armas—, organiza un presupuesto y una línea de mando.

La victoria estadounidense de la guerra fría cambió el orden mundial, pero tener un enemigo es tan importante como tener un aliado. Sin un rival claro y definido, el ejército puede dejar puertas abiertas a conflictos. Apenas doce años después de la caída del muro de Berlín se produjo el atentado a las Torres Gemelas. Pero esa es otra historia de Jack Reacher.

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