Liliana Heker en el auditorio de Grandes Libros
Liliana Heker en el auditorio de Grandes Libros

El Grupo Alejandría organiza durante los miércoles de octubre y noviembre un ciclo de clases magistrales en el auditorio de Grandes Libros. Comenzó con una conferencia asombrosa de Mauricio Kartún sobre dramaturgia, siguió luego con dos editores independientes —Víctor Malumian y Marcos Gras— que contaron la experiencia de hacerse camino en la industria, y ayer, Liliana Heker dio una clase abierta sobre cómo escribir un cuento. Fue un encuentro fascinante.

Compañera de generación de Abelardo Castillo y Vicente Batista, Heker es una de las narradoras más singulares de la literatura argentina. Entre sus libros se destacan Zona de clivaje, Los bordes de lo real, La muerte de dios. El año pasado, Alfaguara reunió todos sus cuentos en un volumen que da plena cuenta de su destreza narrativa. Como profesora de taller, Heker tiene una larga trayectoria que comienza a mediados de los 70. Entre sus alumnos se puede mencionar, entre otros, a Guillermo Martínez, Samanta Schweblin y Pablo Ramos.

Durante el encuentro de ayer fue desgranando los diferentes temas y desafíos a los que uno se enfrenta cuando escribe un cuento: el principio, el final, la corrección, la ansiedad. Estos fueron algunos de sus consejos:

Entre los alumnos de Heker se puede mencionar a Guillermo Martínez, Samanta Schweblin y Pablo Ramos
Entre los alumnos de Heker se puede mencionar a Guillermo Martínez, Samanta Schweblin y Pablo Ramos

Cómo se forma un escritor. "Lo único que me motiva a dar talleres es que aquel que quiere escribir y que tiene una visión del mundo y un talento —sea mínimo o enorme— pueda hacer textos que merezcan ser leídos por otros, es decir: que merezcan ser textos literarios. Creo que nadie le puede enseñar a escribir a otro; cada escritor aprende por sí mismo. Pero el taller puede ser una parte de ese aprendizaje. La lectura, la propia reflexión, los errores y lo que uno vive, sin dudas, completan la formación de un escritor".

Unidad de efecto. "¿Qué caracteriza al buen cuento? Edgar Poe habla en La filosofía de la composición de la 'unidad de efecto'. Cuando uno piensa en la palabra 'efecto', piensa en un baldazo o en luces multicolores al final. Pero no siempre es así. El final puede no ser un acontecimiento extraordinario sino simplemente una frase, pero que cierra el cuento. El cuento tiene esa 'unidad de efecto' cuando produjo el efecto que buscaba. Ahí se terminó".

Pocas herramientas para contar. "Si transcribiéramos el episodio que alguien nos cuenta y nos atrapa, seguramente no sería tan apasionante. En la escritura hay muchos componentes que no entran, como el contexto, la voz, el tono. Uno no tiene más que palabras y signos de puntuación —¡miren qué poquito!— para decirlo todo. Entonces, eso que vuelve apasionante a la historia de alguna manera tiene que estar sugerido o estar debajo de lo que se cuenta o en el tono o en el lenguaje. Ahí está la destreza o el talento para escribir un cuento".

Un escritor sólo tiene palabras y signos para darle vida a una historia
Un escritor sólo tiene palabras y signos para darle vida a una historia

Rigor. "Cuando uno lee una novela que le gusta no quiere que termine nunca. Uno convive con la novela, entra y sale, le gustaría que nunca terminase. Pero cuando uno lee un cuento que le fascina, lo que quiere es que nada lo interrumpa porque quiere llegar al final. Esa es la diferencia fundamental entre el cuento y la novela. Por eso, como decía Horacio Quiroga, el cuento es una novela sin ripios. Yo discuto un poco esa definición, creo que la novela tampoco tiene que tener ripios. Pero el cuento exige un rigor extremo: nada puede sobrar, nada puede faltar".

Lector. "Por ahí, lo que estás escribiendo te evoca un cuento que leíste alguna vez y que contaba algo parecido. Cuando uno es consciente de lo que está buscando no imita. Simplemente desarma el mecanismo y lo recrea. Pero cuando uno no hace eso, se le queda pegada la música del otro. Por ejemplo: Cortázar, maravilloso como era, es un escritor peligroso para el que no es consciente de los mecanismos que tenía. Les puedo decir que, sobre todo en los 60 y principios de los 70, en los concursos literarios la mitad de los cuentos eran cuentos de Cortázar".

Corrección. "Cuando uno empieza a escribir sabe qué quiere hacer, sabe qué tono usar y qué efecto quiere lograr al final. De ahí a conseguirlo, hay una gran distancia. La primera versión siempre es un mal necesario. Además: ¿por qué a uno le va a salir bien de entrada? No hay que tener miedo a la corrección. En cualquier disciplina artística, corregir es buscar".

Más corrección. "¿Cuándo se termina un cuento? Nunca. Borges y Abelardo Castillo, por ejemplo, corregían los cuentos de una edición a otra. Uno nunca termina; en algún momento dice 'Hasta acá llegué' y, sin embargo, a los dos años lo vuelve a tocar. La verdad es que un cuento no está nunca terminado. Uno se acerca lo más que puede a eso que quería hacer".

No importa para nada cuánto se tarda en publicar, lo que importa es qué se publica
No importa para nada cuánto se tarda en publicar, lo que importa es qué se publica

Ansiedad. "Uno escribe con todo lo que es, con las propias locuras, con las obsesiones; hay gente paciente y hay gente impaciente. Pero creo que la literatura no es para ansiosos. No hay que apurarse. Si uno necesita corregir diez veces un cuento para que sea como quiere, está muy bien, porque ese trabajo es maravilloso. Y tampoco hay que apurarse a publicar. No importa para nada cuánto se tarda en publicar, lo que importa es qué se publica".

Finales. "Cuando me siento a escribir, sé a dónde voy a ir. Si uno no sabe a dónde va a parar, no se tiene que sentar a escribir porque va a escribir esperando que le caiga un buen final del cielo. Y los buenos finales no suelen caer del cielo. En cambio, si uno sabe a dónde va a ir a parar, puede escribir una primera versión muy mala, pero donde va a haber un esqueleto, una columna vertebral. Pero tiene que tener el final. Yo creo que el final es a priori. Todo cuento tiene un final incorporado: el cuento es el final".

Principios. "El final suele venir incorporado en el cuento; el principio nunca está dado. ¿Por dónde se empieza la historia? No hay nada determinado. Encontrar el principio es más complejo, pero cuando lo encuentra tiene al cuento. Porque no solo tiene dónde arranca sino que también tiene la voz, el ritmo. El principio marca todo. No es fácil dar con el principio, pero es fundamental. Es la frase que te hace entrar al mundo que querés contar".

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