Ricardo Piglia murió el 6 de enero de este año (Télam)
Ricardo Piglia murió el 6 de enero de este año (Télam)

La última gran intervención de Ricardo Piglia sobre el campo cultural y, por supuesto, sobre su propia obra, fue la publicación de sus diarios personales. Escritos a lo largo de seis décadas, se leen como una novela de aprendizaje —de hecho, el título del primer volumen es Años de formación—: entre debates políticos, ideas de relatos, visitas a la Bombonera, amores fallidos y experiencias marginales, Piglia aparece, constante y tenaz, como un hombre empeñado en ser escritor.

Pero: ¿cómo hace alguien para convertirse en escritor? Tal vez la respuesta haya que buscarla desde su revés. Piglia comprendió siendo muy joven —gracias a una conversación que mantuvo con Jorge Luis Borges— que escribir cambia el modo de leer. Un escritor, dice, "quiere ver cómo están hechos los textos, ver si puede hacer algo parecido o, en el mejor de los casos, algo distinto". El escritor, entonces, es, primero, un lector extremo, apasionado.

Para Piglia, los modelos de lector más refinados eran Cervantes, Kafka, Joyce y, por supuesto, Borges (Télam)
Para Piglia, los modelos de lector más refinados eran Cervantes, Kafka, Joyce y, por supuesto, Borges (Télam)

Estados Unidos, territorio de letras

Todavía era un autor inédito cuando en 1967, Jorge Alvarez le propuso comentar la colección de autores norteamericanos que dirigía Pirí Lugones. El trabajo consistía en presentar a los escritores que antologaban. Varias entradas del diario hablan de esto: "Trabajo en divertidas y eruditas semblanzas de escritores norteamericanos del siglo XX, casi un panorama de la narrativa actual"; "Me descubro un talento natural, digamos así, para escribir retratos de escritores a los que admiro"; "Escribo sobre Sherwood Anderson y luego escribo sobre Faulkner, que es el mejor de todos".

De esta manera, la aparición de Piglia en la literatura fue —no podía ser de otra manera— como lector. En medio del auge del Boom latinoamericano —La muerte de Artemio Cruz se publicó en 1962, Rayuela en 1963, Cien años de soledad en 1967—, Piglia hablaba de Hemingway, Fitzgerald, Capote. En total, escribió doce breves ensayos —"doce microbiografías"— que lograron demarcar un nuevo territorio de lecturas.

A 50 años de aquellos textos, la editorial Tenemos las máquinas acaba de reunirlos con un título sencillo y despojado: Escritores norteamericanos. Es un hermoso gesto que el último libro que Piglia publicó en vida haya sido lo primero que escribió, y que, además, haya salido por una pequeña editorial independiente.

El prólogo —brevísimo; recordemos que sufría de esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y escribía asistido por una computadora— está compuesto por entradas de sus diarios. Dice en junio de 2016: "Mi entusiasmo por la narrativa norteamericana, comprendo ahora, fue una reacción frente a la influencia de Borges y Cortázar, que hacían estragos entre los escritores de mi generación".

Los textos de “Escritores norteamericanos”, escritos hace 50 años, mantienen toda su vigencia
Los textos de “Escritores norteamericanos”, escritos hace 50 años, mantienen toda su vigencia

Los doce de Piglia

Como no tenía un modelo de presentación, Piglia "inventó" la forma mientras escribía. Cada autor es visto bajo una luz específica, única, con un estilo que no se repite en los otros. El resultado es un fresco de la cultura de Estados Unidos, en donde, bajo el sueño americano, late una pesadilla de violencia y discriminación.

Los autores comentados por Piglia son:

Ring Lardner. "Algunos de sus cuentos son pequeñas obras maestras que sintetizan el desarrollo posterior del género, desde Katherine Anne Porter hasta J.D. Salinger". Es autor de Ya me conoces, Al y Corte de pelo.

Sherwood Anderson. "En su obra se encuentran algunas de las pautas que definirán a la futura generación de narradores: un lenguaje coloquial fundado en las palabras norteamericanas nativas, una escritura simple y directa, de tono autobiográfico, una técnica narrativa cuidadosa del punto de vista y la perspectiva desde la que se narra la historia". En 2014, la editorial Eterna Cadencia publicó Winesburg, Ohio.

Thomas Wolfe. "Intentaba lo imposible: hacer entrar el mundo entero en esas grandes sábanas de papel, convertir la masa amorfa de sus temas en una valoración cualitativa de toda la vida norteamericana". La cursiva es de Piglia. Se pueden conseguir en ebook —a un precio irrisorio— El ángel que nos mira (Ed. BDE).

Para Faulkner todos los hombres son culpables, dice Piglia.
Para Faulkner todos los hombres son culpables, dice Piglia.

William Faulkner. "Escribe como si predicara, un enardecido pastor puritano para quien el ámbito de la literatura es el de un tribunal en el que se han borrado las distancias entre los criminales y los jueces; su leyenda es atroz y brutal: todos los hombres son culpables, no hay diferencia entre pureza y corrupción". Todo Faulkner está publicado por Alfaguara; recomendamos el volumen de Cuentos reunidos.

Erskine Caldwell. "Pasar con él de novela en novela, de cuento en cuento es como caminar por el campo, de chacra en chacra. Se encuentra gente nueva, pero siempre la misma: el hombre y su trabajo en lucha con la naturaleza, la pasada inmovilidad del tiempo, la intensidad inflexible del clima, la inmensidad de los campos sembrados". Se tradujo al español Un muchacho de Georgia, El camino del tabaco, Un lugar llamado Estherville, entre otros títulos.

Francis Scott Fiztgerald. Dice Piglia que el mensaje que trasmite el autor de El gran Gatsby es: "El fracaso está en el corazón de la esperanza, en lo más ahincado del amor se agazapan la pérdida y el olvido: toda vida es un proceso de demolición".

En el fondo, para Hemingway sólo se trata de sobrevivir
En el fondo, para Hemingway sólo se trata de sobrevivir

Ernest Hemingway. Por quién doblan las campanas, París era una fiesta, El viejo y el mar: "Los hombres de Hemingway son lo que hacen: si consiguen disimular el miedo, ese mismo acto los definirá para siempre. Ser un valiente o parecerlo: en el fondo es lo mismo cuando se trata de sobrevivir. Todo su estilo, despojado y sutil, está construido para reproducir esa ambigüedad".

Nelson Algren. "Perseguido por el senador McCarthy, privado de sus derechos civiles, acorralado, Algren no vive en los Estados Unido, no vive en su patria, sino en un territorio ocupado por norteamericanos". Las cursivas son de Piglia. Se pueden conseguir en ebook El hombre del brazo de oro y Un paseo por el lado salvaje.

James Purdy. "James Purdy es (con Samuel Beckett, Günter Grass y Julio Cortázar) uno de los cuatro o cinco narradores más importantes de la literatura contemporánea". Llama la atención que, con semejante presentación, Purdy permanezca desconocido. Murió en 2009; no se consigue en español.

Truman Capote inventó el género de no ficción
Truman Capote inventó el género de no ficción

Truman Capote. "A sangre fría es un reencuentro: fiel a sí mismo, Capote ha revolucionado la novela moderna, ha inaugurado la non-fiction pero, sobre todo, ha rescatado lo mejor del universo de sus primeras narraciones".

John Updike. "Sus libros (La feria del asilo, La misma puerta, Corre conejo, Plumas de paloma, El centauro) vienen a proseguir la vieja leyenda puritana inaugurada por Nathaniel Hawthorne y Sherwood Anderson: el hombre recto y puro desorientado y sin anclaje, busca infructuosamente el camino del bien y de la salvación en una sociedad corrompida y brutal".

James Baldwin. Es el único escritor afroamericano de la serie; lleva el apellido del pastor blanco que lo adoptó. Sus temas son la discriminación y la violencia que sufre en carne propia. "Baldwin", dice Piglia, "racionalmente, es un hombre, un escritor. Pero el negro real sigue ahí, adentro de su piel: para los blancos Baldwin es un escritor negro. O mejor, un negro que escribe". Prácticamente inconseguible, algunas ediciones de los 80 todavía aparecen rebuscando en librerías de viejo: Ve y dilo en la montaña, Sobre mi cabeza, Blues de la calle Beale.

Humphery Bogart en la piel de Sam Spade, el detective creado por Dashiel Hammett
Humphery Bogart en la piel de Sam Spade, el detective creado por Dashiel Hammett

Serie negra

El libro incluye, además, el ensayo "Cuentos policiales norteamericanos" de 1968, clave para entender los emergentes de la sociedad en el policial negro. Mientras en el policial clásico inglés, el detective encarna la razón, el delito es tratado como un problema matemático y el criminal es un mero desajuste individual, en el noir de Chandler, Hammett o James M. Cain, es la sociedad toda la que está desquiciada.

"Es imposible", dice Piglia, "analizar la constitución del thriller sin tener en cuenta la situación social de los Estados Unidos hacia el final de la década del veinte. La crisis en la bolsa de Wall Street, las huelgas, la desocupación, la depresión, pero también la ley seca, el gangsterismo político, la guerra de los traficantes de alcohol, la corrupción. Al intentar reflejar (y denunciar) esa realidad, los novelistas norteamericanos inventaron un nuevo género".

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