
Desde el 7 de abril, cuando finalmente Luiz Inácio "Lula" Da Silva ingresó a la cárcel de Curitiba para cumplir una condena de 12 años, la parábola del ex presidente brasileño escribió su capítulo menos imaginado. Todavía es una de las figuras políticas más relevantes del planeta. Y el hombre que con mejores perspectivas de volver a manejar los destinos del gigante de Sudamérica, hasta que la sentencia del juez Sergio Moro lo sacó del juego.
Amado por unos y repudiado por otros, es innegable que Brasil sigue latiendo al mismo ritmo que el ex sindicalista de 72 años. El mismo que, desde el más humilde de los orígenes, se transformó en celebridad. La condena por corrupción y lavado de dinero, vinculada a la súper-causa denominada Lava Jato, transformó el panorama del país vecino.

Andrés Repetto, reconocido analista internacional –hoy director del sitio web arnoticias.tv y columnista de C5N– analizó en detalle la situación. Y, a través de la charla, dejó varias conclusiones.
–Andrés, ¿cómo analiza lo que está ocurriendo en Brasil tras el encarcelamiento de Lula?
–Es un terremoto político, porque estamos hablando de un hombre que fue dos veces presidente y era el candidato más fuerte en las encuestas de cara a las elecciones de octubre. En medio de ese contexto es acusado por el juez Moro, quien siempre habló de Lula como el que ideó toda la trama de corrupción en torno a Petrobras, las empresas constructoras y el esquema de dinero que iba a los partidos políticos. El actual presidente, Michel Temer, se salvó de la cárcel, pero hay empresarios presos y políticos en la mira. El cimbronazo se debe a que Lula es un ícono de la región, independientemente de la opinión que cada uno tenga sobre él.


–Más allá de lo jurídico, hay un contexto político. ¿Cuánto influye?
–¿Vos me preguntás si hay una persecución? Bueno, el contexto político es claro, porque es un hombre que podría llegar a la presidencia. Pero atención: Lula nunca fue en contra del sistema judicial. Incluso dijo: "Creo en la Justicia y voy a demostrar que soy inocente". No sé si es una persecución… Claramente, es un momento muy especial. El acepta las reglas de juego y sigue presentando medidas judiciales para tratar de salir de la cárcel, más allá de sus críticas a Moro. No sé cuántas pruebas tienen contra él, pero sus abogados están peleando con las herramientas que les da la Justicia.
–Hablaba del contexto porque en 2016 se destituyó a Dilma Rousseff, de una forma por lo menos polémica.
–En mi opinión, lo de Dilma no fue un golpe, pero claramente la bajaron. A raíz de un delito menor o que seguramente ocurrió en otras administraciones, le hicieron un juicio político y la sacaron. Esa misma cámara le ha dado protección al actual presidente, también sospechado. Buscaron por dónde ir y le soltaron la mano.
–Es que, más allá de lo que significa un ex presidente preso (algo inédito en Brasil), que se trate de Lula lo vuelve especial. En su momento llegó a ser el político más popular del mundo.
–Después de tantos años, mantiene un 35 a 38 por ciento de intención de voto. Es un ícono. En mi opinión, deberían permitirle que se presente a las presidenciales. Por delante de todo está la posibilidad del voto de la gente. No hay que restringirla.

–¿Esta sentencia mostró una grieta en la sociedad brasileña?
–Está el candidato que muchos aman u odian, con posibilidades de ser presidente. Es una grieta que antes no tenían. Existe, y es muy clara. En la Argentina la hubo y ya está sanando, salvo por los interesados en alimentarla. En Brasil está más activa, porque Lula divide a los brasileños. Lo que tampoco hay que dejar de ver es que la corrupción en la política es un hecho innegable, más allá de las críticas a los procesos y las prisiones preventivas. Lo que se vio en Brasil es un esquema de hacer política donde están todos manchados: políticos, empresas… Y pasó algo gravísimo: los militares, a través de Twitter, apretando a la Corte Suprema en referencia a cómo debía votar. Eso es muy grave, como el asesinato de la concejala Marielle Franco.
–¿Cómo puede repercutir este terremoto político en nuestro país?
–Y… estamos con el minuto a minuto, porque ni allá se sabe qué pasará. Hoy los números económicos son mejores que hace un tiempo, pero es un país impredecible desde lo político. La actitud de Argentina debe ser mirar, acompañar y no meterse. Brasil es un aliado estratégico de la Argentina. Y fue Lula quien lo marcó claramente, cuando visitó a Eduardo Duhalde en Olivos, en momentos en que el mundo se reía y nos señalaba con el dedo. El puso un pilar en esa alianza. Dijo: "Acá estamos". La Argentina tiene que hacer lo mismo.
–El Brasil de Lula se perfiló de manera preponderante a nivel internacional en esos años. ¿Por qué se desinfló?
–A veces Lula no parecía presidente de Brasil, sino de la región. Casi un Mandela, con ese halo. Hasta Barack Obama le decía que lo amaba. Hoy, Brasil no deja de ser una potencia, pero hubo cuestiones… Creo que la desaceleración económica hizo caer la imagen de Dilma. Ella nunca fue Lula, no manejó las crisis y las alianzas como él. Los crecimientos del PBI de los países no pueden ser sólo números: deben reflejarse en el bienestar de la gente. Y ésa es la gran victoria del ex presidente: cuando tanto se habla en la región de revoluciones, para mí el único que hizo una verdadera revolución fue él, incluyendo a tantos millones de personas en la clase media. Habrá que ver cómo continúa su historia…
Por Eduardo Bejuk
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