Helmut Ditsch en su taller con la obra inspirada en el Perito Moreno (Foto gentileza H D)
Helmut Ditsch en su taller con la obra inspirada en el Perito Moreno (Foto gentileza H D)

La "voluntad de poder a la que dio origen el controversial filósofo alemán Friedrich Nietzsche hace más de un siglo parece hacerse carne en Helmut Ditsch: el genial artista nacido hace 55 años en el partido de San Martín (muy cerca de la avenida General Paz), quien emigró a los 26, defraudado por el ambiente del mercado de arte local, no paró de cosechar éxitos en el Viejo Continente, mediante sus monumentales pinturas inspiradas en la naturaleza argentina.

Helmut Disch en acción (Foto gentileza H D)
Helmut Disch en acción (Foto gentileza H D)

Lo hizo siempre guiado por esa doctrina nietzscheana que hasta hoy lo impulsa a ir tras nuevos sueños y desafíos creativos, en una constante búsqueda de autosuperación. Así fue que llegó a convertirse en el artista plástico argentino más cotizado, cuando en 2010 vendió en 865 mil dólares la obra El Mar II, título que reafirmó en 2016, cuando vendió Perito Moreno en 1,5 millón de dólares, ubicándose al tope del ránking de cotizaciones entre nuestros artistas de todos los tiempos.

Pero ahora Helmut se planteó un nuevo desafío: batir su propio récord en cuanto a la envergadura de sus obras maestras, distinguidas por su monumentalidad (para el caso, había llegado hasta los 11 metros con La Cordillera).

Helmut Disch en su taller (Foto gentileza H D)
Helmut Disch en su taller (Foto gentileza H D)

Ahora expandió un lienzo de 12 metros de largo por 2 de alto y puso manos a la obra junto a un ejército de pinceles y colores. En medio de ese extenso y extenuante proceso que abarcará un año (el artista dio comienzo a su colosal obra en octubre de 2017), Ditsch nos abre las puertas de su atelier en las afueras de la idílica Vaduz, capital del principado de Liechtenstein, al pie de los Alpes y enclavado entre Suiza y Austria, y nos revela hasta los mínimos detalles de esta labor titánica inspirada en el glaciar Perito Moreno, a la que ya bautizó El hielo y la eternidad transitoria.

Helmut Ditsch en su taller (Foto gentileza H D)
Helmut Ditsch en su taller (Foto gentileza H D)

–¿Qué necesita una obra para ser considerada cumbre en la carrera de un artista?
–Debe ser la más potente en toda la producción de un artista en cuanto a calidad y poética. Lo tiene que reflejar en su plenitud, en su máxima sensibilidad. Algunos especuladores promocionan obras cumbres cuando el propio artista jamás lo consideraría así. Pasó eso con algunas de Van Gogh, cuando estaba en su peor estado psíquico. Lo mismo con Monet, cuando estaba casi ciego. ¿Si a esta pintura la considero mi obra cumbre? La evaluación debe hacerse siempre al final, y no considerando sólo una obra, sino toda la producción del artista. Hoy puedo decir que nunca hice un trabajo tan grande, lo cual demuestra que estoy en total plenitud.

–Usted vive y tiene su taller en un lugar de fantasía. ¿Eso lo inspira al crear sus paisajes
–Mi estado natural es de inspiración. Desde que nací que me siento inspirado. La inspiración es como un enamoramiento. Necesito crear para ser feliz.

–Sus obras se distinguen, desde lo técnico, por dos factores clave: la luz y la tridimensionalidad. ¿Cuál es más importante?
–Hay algo metafísico en mi obra. Creo que su luz tiene la particularidad de provocar un efecto tridimensional, pero en ella habita un sentimiento: refleja la luz de mis sueños.

Para Ditsch una obra tiene que demostrar plenitud
Para Ditsch una obra tiene que demostrar plenitud

–¿Cómo se conecta con ese mundo metafísico?
–Es algo que me sorprende y supera a mí mismo. Llamamos genial a lo que excede lo racional porque proviene de un instinto, de una sabiduría innata. Pero esa es la razón de ser del arte y del artista, que ayuda al ser humano a alcanzar una vida más valedera.

La música es otra manera de manifestarse (Foto gentileza H D)
La música es otra manera de manifestarse (Foto gentileza H D)

–¿Cuándo se le ocurrió llevar a cabo esta inmensa obra?
–La tengo en mente hace muchos años, desde el 2008, pero no pude concretarla por el fallecimiento de Marion, mi esposa, en 2009. Entré en un estado de dolor del corazón en el que no pude volver a pintar obras de esta envergadura, ya que para hacerlo se necesita de una euforia energética.

–¿Qué etapa hasta ahora le resultó más complicada?
–El comienzo, porque se genera una lucha de poderes. Mi cuerpo, su biorritmo, se niega a entrar en el estado de absoluta entrega que la obra demanda. Todo pasa a un segundo plano porque el cuerpo entra en un estado de hipnosis y quietud. Me subordino frente al objetivo de estar dando miles y miles de pinceladas durante meses, controlando hasta la respiración para mantener el pulso.

La vista de su estudio (Foto gentileza H D)
La vista de su estudio (Foto gentileza H D)

–¿Qué ocurre en su atelier en una jornada típica de trabajo?
–Entran en escena una serie de rituales relacionados con una energía consciente. Me levanto temprano, tomo agua y té y no como nada pesado: unas ensaladas o sopas con algo proteico. Hasta que llega el momento atlético.

–¿Atlético?
–Hacer un trabajo de esta envergadura es como afrontar también una prueba atlética. Por eso, parte de mi jornada incluye un entrenamiento físico obligatorio para poder mantener, justamente, la energía alta y estar siempre al límite de mis capacidades, e incluso poder superarlas. Nadar en una pileta olímpica es lo que hago.

Detalle de su taller (Foto gentileza H D)
Detalle de su taller (Foto gentileza H D)

–¿Se da algún gusto en el lapso que le demandan sus obras?
–No. Cuando tengo un pico de felicidad, cada tanto, me permito fumar un cigarro cubano. Pero eso pasa cada… (se ríe) ¡seis meses!

–Usted no tiene, como tantos otros artistas, ayudantes. ¿Por qué?
–Al principio pensé que era necesario, pero me di cuenta de que estaba todo el tiempo corrigiéndolos. La homogeneidad de mi pintura no se puede copiar. Debería existir un doble mío y eso es imposible.

Con el glaciar que hoy pinta, de fondo (Foto gentileza H D)
Con el glaciar que hoy pinta, de fondo (Foto gentileza H D)

–Esta obra tiene directa relación con otra de sus grandes pasiones: la música.
–Sí, hay como un correlato entre la frecuencia del color y la de un tono musical. Mientras pinto, estoy escuchando, y viceversa. Encuentro en cada acorde cromático que logro sobre el lienzo un trazo que tocar en el piano. Tanto es así que el final de esta obra dará vida a un álbum. La música, además, me permitió sostener semejante trabajo pictórico y no volverme loco. Hoy compongo y toco música como nunca antes.

–Después de esta obra, ¿qué sigue para usted?
–Habrá un descanso obligatorio, aunque no voy a poder estar mucho tiempo sin crear. Así que volveré a prepararme para el próximo gran desafío, que es lo que mantiene mi energía joven y fuerte. Mientras esté vivo, no voy a dejar de crear.

Por Germán Heideld.
Fotos: Gentileza HD.