“El éxito es cumplir mis ilusiones. Ser galán: puro marketing. La fama: circunstancia, un cartucho que se consume en un segundo. Y no me gusta hablar de ambición: yo prefiero decir ‘desafío’”.
“El éxito es cumplir mis ilusiones. Ser galán: puro marketing. La fama: circunstancia, un cartucho que se consume en un segundo. Y no me gusta hablar de ambición: yo prefiero decir ‘desafío’”.

En el contexto de la charla exclusiva que mantuvo con GENTE para su última portada, Albert Baró (23) habló también sobre el origen de su pasión por la actuación, que viene de cuatro generaciones de artistas de oficio."Crecí viendo cómo mi padre –carpintero en Sant Esteve, su pueblo natal cercano a Barcelona– entre trabajo y trabajo, armaba escenografías, los decorados de las obras que ideaba, actuaba y dirigía. ¡Que se le iba la olla montándolas, eh!", contó.

"A mis tres años, me dijo: '¡Venga!'. Me puso ahí… ¡pum!, sobre el escenario, como para jugar un poco. ¡Y a seguir la tradición! Desde que tengo razón me recuerdo en ensayos, entre gente con la ilusión y el sentimiento de los aficionados", dijo. "Allí mi madre es auxiliar de mi padre, algunas de mis tías confeccionan el vestuario, otra asiste en la dirección", describió sobre la pasión mancomunada.

“Me quedaré aquí hasta noviembre, con mi foco puesto en la diaria de ‘ATAV’. Luego quién sabe por dónde siga esta aventura. No dudaría en quedarme, porque me siento muy cómodo, pero dejo puertas abiertas a lo que sea. La casa del actor está en todos lados”.
“Me quedaré aquí hasta noviembre, con mi foco puesto en la diaria de ‘ATAV’. Luego quién sabe por dónde siga esta aventura. No dudaría en quedarme, porque me siento muy cómodo, pero dejo puertas abiertas a lo que sea. La casa del actor está en todos lados”.

"Cada tanto reviso fotos viejas. Me veo tan chiquito, maquillado, bailando sonriente frente a un público, y pienso: '¡Qué fuerte todo eso!'. Era inconsciente de lo que hacía, pero en mis ojitos hay luz… ¡Hostia que estaba disfrutando esos momentos!". Así fue como, en 2008, fue descubierto por un director televisivo de la mano de quien inició su camino artístico, a los once años.

"Nunca había tenido conciencia de la actuación como carrera", dijo Baró. Por lo que consideró la opción que tenía al alcance, "en el bachillerato tecnológico del pueblo más cercano, Santa María de la Palautordera".

Pero aseguró que si la suerte se bubiese echado hacia otro lado, hoy sería un comunicador audiovisual"encantado por mis primeras experiencias en televisión"– o buen psicólogo. "Le doy mucho a la cabeza", explicó.

"Quienes me conocen dicen que tengo el don de la escucha y la empatía. Un gran observador, como me calificaban mis maestras en las reuniones de padres". Respecto de sus habilidades más allá de los sets, Albert enumera: "Me gusta el deporte, fui sénior en balonmano y tengo nivel básico en kick boxing; Soy adepto a la percusión, de hecho tengo pendiente aprender a tocar la batería, y me sale muy bien el pajarito (bromea haciendo un silbido más que realista)".

Por redacción Gente.

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