“Entendí mi pasión por la actuación en los vestuarios del club de rugby. Esa concentración extrema de equipo, la sugestión que te hace creer que te llevarás el mundo por delante, me sirvió para encarar cualquier escena”.
“Entendí mi pasión por la actuación en los vestuarios del club de rugby. Esa concentración extrema de equipo, la sugestión que te hace creer que te llevarás el mundo por delante, me sirvió para encarar cualquier escena”.

Fue durante la entrevista íntima que mantuvo con GENTE. Benjamín Vicuña (40) di cuenta de lo que costó defender su vocación que pudo haber asomado en las playas de veranos en familia, cuando "con una de mis primas hacíamos pequeños shows circenses o cantábamos a dúo temas de Pimpinela", recordó entre risas. Más tarde se desanimaría, "la primera vez que oficié de monaguillo fue un desastre; Me temblaba todo y pensé´nunca más sobre un estrado´". Pero el deseo superó cualquier vergüenza. "Pronto llegaron los talleres de teatro y las competencias intercolegiales. Encontré el mood y apliqué, entre muy pocos para la beca en la Universidad, lo que tomé como un mensaje: ´hay que ir por ello.´ Y así comencé  este camino, poniendo el pecho a los prejuicios", advirtió.

Y respecto a cuánto le costó defender esa pasión, el actor chileno dijo: "Mi relación con papá. Cuando decidí este camino mi viejo dejó de hablarme durante dos años, casi ni nos cruzamos. Y, por supuesto, me cortó todo tipo de ayuda económica. Claro que mamá estaba siempre ahí, infiltrada con su apoyo solapado. Se trataba del Chile pos dictadura, cuando esta profesión estaba teñida de prejuicios: los fantasmas de la droga, la promiscuidad y la inestabilidad. ¡¿Cómo me metería en un ambiente donde no conocía a nadie?! En mi familia no había un solo artista, ni lejano, nadie con quien consultar. Viví mi elección como un destierro, como un exilio. Pero supe plantarme. Hoy, cuando me atrapa la duda o se acerca un desafío, me remonto a ese momento de mi vida: ¡Ahí están los huevos! No olvido que me jugué entero por lo que creía". 

“Cuando decidí ser actor, mi viejo dejó de hablarme durante dos años y me cortó todo tipo de ayuda económica. Viví mi elección como un destierro, un exilio”.
“Cuando decidí ser actor, mi viejo dejó de hablarme durante dos años y me cortó todo tipo de ayuda económica. Viví mi elección como un destierro, un exilio”.

Juan Pablo Vicuña Parot (77) es empresario, "hombre de puros números", cuenta su hijo. Se separó de Isabel Luco cuando Benjamín tenía cinco años. "Tomó su camino, y pasó a ser un padre cumplidor de sus obligaciones, pero a la distancia. Tal vez al estilo cultural de aquellos años", contó Benja.

"Yo me entregué a la escuela de la vida, aprendí muchas lecciones en las aulas, entre amigos y compañeros. Lo que no tuve en casa, fui encontrándolo por ahí", aseguró. "Así crecí, discrepando con él muy fuerte ideológicamente. Finalmente los años me convencieron de que ya no podré cambiarlo, y acepté quererlo así, tal cual es".

Finalmente reveló cómo fue el reencuentro: "Él volvió a casarse, dos veces más. Y el reencuentro fue maravilloso, súper emotivo. Porque lo hicimos sin exigirnos, sino cuestionarnos. Como dos hombres de igual a igual, sin exigirnos, sin cuestionarnos. Dos tipos con sus errores y sus miserias, que no pretenden ser más ni menos que el otro. Así nació un vínculo nuevo, como de amistad, de cariño y libertad". 

Por redacción Gente.
Fotos: Gentileza Estudio Fe by Nacho Rojas.

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