
A días del estreno de la película El Angel, sus protagonistas Lorenzo "Toto" Ferro, Chino Darín y Peter Lanzani saben que su vida tiene un antes y después de este proyecto que vino de la mano del director Luis Ortega y está basado en la vida del siniestro criminal Robledo Puch.
–¿Qué era de su vida antes de El Ángel?
Toto: Iba al colegio.
Chino y Peter: ¡¿Iba al colegio dijo…?! ¡Qué hijo de…! (risas)
T: Nada más y nada menos. Ah, también tomaba clases particulares de Matemática.
P: Y pensar que a tu edad yo ya andaba metido en un mejunje: a mis 19 había iniciado mi carrera posando para Mimo & Co (2004), saltado a la tele con Chiquititas sin fin (06), y transitando la cuarta temporada de Casi Angeles. Hacía un tiempo que estaba de marcha.
Ch: En mi caso trabajaba en la producción de El secreto de sus ojos, estudiaba cine y teatro, y hacía cuatro, cinco años que noviaba. Por aquella época además debutaba como actor en Alguien que me quiera (2010).
T: Admito que busqué contención en ellos y me la brindaron. A veces uno hace preguntas sin hablar. Cuando me ponía nervioso, contaban sus chistes y me relajaban. O, sin que les preguntara nada, aparecían: "¿Y si para esta escena mejor probás por tal lado?".
Ch: Nos cuidábamos entre todos. El Angel fue una producción enorme, en un maravilloso set de época, con un equipo talentoso y sumamente profesional, y cargado de una sensación de camaradería inédita a semejante escala.
P: Los tres aprendíamos "banda", en modo esponja, absorbiendo cuanto podíamos. Todos tomábamos algo de todos. Quizá lo encontrábamos al enano viéndonos hacer algo antes de una escena, y te lo cruzabas tres días después haciéndolo él.
Ch: Claro que en el medio había un pibe en cuya espalda recaía el noventa por ciento de la película. Nuestro primer encuentro fue en una prueba de cámara, cuando aún todo parecía verde y había más dudas que certezas. Luego me lo encontré en la etapa de ensayos, y ya había dado un salto tremendo. La soltura que consiguió en rodaje era el resultado de aquel proceso. Pese a que sentíamos que la cosa iba bien, la realidad surge cuando el director grita "¡acción!". A los diez días, entre todos coincidimos: "Toto es Meryl Streep". Qué solvencia… Parecía que hacía medio siglo que laburaba de actor.

P: Cuando pidió el camarín con su nombre en el centro de una estrella, ahí dijimos "Cagamos, se agrandó"… En serio, sus ganas habían salido a la luz. Yo lo notaba en la previa: hablaba de Lost Highway (Carretera perdida, del '98), de David Lynch, nombraba películas de Andréi Tarkovski. Y cuando llegó el momento de la verdad, del rodaje, ¡uh!, apareció la energía de Toto: se come la película. Cada vez que le cambiaban las cosas, sacaba más para dar. Me sentí un poco identificado. El Chino y yo no. Más que enseñarle algo lo cuidamos, como nos cuidamos entre todos en el equipo.
T: Luis genera un ambiente en el que, por dos meses, se termina formando una familia. Capaz que resulta medio engañoso, porque generás un vínculo con cuarenta personas. Con la mitad de ellas quizá nunca vuelvas a cruzarte, pero se genera eso.
–Entretanto, ¿qué le sugería su padre, Toto, a usted, que debutaba en el ambiente?
P: ¿Hablás de Rafa? El otro día lo vi con el babero.
Ch: "Lavate los dientes, hijo, y a dormir".
P:"Andá al colegio, nene".
T:"Sentí la película", que en sus palabras significa "hacé tu camino". Pasa que me encontré con la peli en Cannes, en un contexto difícil, y me costó verme. Después la vi más tranquilo, en una sala, con mis amigos, y me acepté… Si no me apruebo yo cómo actué, no me va a gustar la película, y la película me gustó en todo concepto: arte, sonido, incluso en las actuaciones de ustedes dos.

–En un momento, el personaje de Ramón define: "El mundo es de los ladrones y de los artistas; el resto tiene que salir a trabajar". ¿Es tan así?
Ch: Como no consigue destacarse en nada, ni se encuentra dispuesto a esforzarse para lograr algo en su vida, busca en la tele su lugar en el mundo. Y no: contradiciéndolo, los ladrones y los artistas laburamos, y bastante.
–Bueno, hay artistas-ladrones y hay ladrones-artistas. ¿Qué es la actuación para ustedes?
Ch:En realidad, un curro, jajá.
P: Difícil respuesta…
T: Yo no me siento capacitado para definirla. Para uno puede ser un curro, para otro la posibilidad de ponerte en los zapatos de alguien que nunca podrías ser, y para mí… La tomé como una posibilidad de cagarme de felicidad saltando al acantilado. Yo salí a escalar la montaña, y esa escalada me pareció espectacular.
Ch: Nuestra profesión nos regala la enorme posibilidad de explorar varias vidas en una. Cuando encienden la cámara o salís a escena, se te dispara una adrenalina especial, que no se parece a nada, ni a saltar en paracaídas. Porque ahí, volando, no podés hacer mucho más que tirar de la cuerda, pero actuando, tus variantes son interminables.
P: Encuentro un paralelismo entre la actuación y el deporte: jugar con entusiasmo a algo que te revuelve la panza. Ahora, cuando te das cuenta de que durante tres meses pasaste doce horas diarias bajo la lluvia, sin dormir, preparando escenas, ahí sentís que lo tuyo también es un laburo.

–¿A quién admiran dentro de la profesión?
P: Bueno, como no es pariente mío puedo nombrar al papá del Chino. Ricardo es un referente grande para cualquier actor de la generación que sea.
Ch:¿Yo puedo admirar al papá de Peter, aunque se dedique a otra actividad? (bromea)…
P: Cuando decidí transitar este camino, mis padres me bancaron: "Metele a lo que te guste". Siempre me acompañaron. ¡Hasta van a mis estrenos! Lo único, cada vez que me ven en algo nuevo, me preguntan: "¿Y para cuándo una comedia?"… ¿A vos qué te aconsejaron, Chino?
Ch: "Mirá a los dos lados antes de cruzar la calle". Yo no soy incondicional ni fanático de nadie, pero admiro a un montón de gente en distintas áreas. Para el caso, Luis Ortega, que no es actor pero para mí sí un referente, igual que para Toto y Peter.
T: Tal cual. Admiro a todos aquellos con los que trabajé en la película. Y yanquis, a un millón.
P: A mí agregame a Manu Ginóbili.
T: Y a Charly, también.
P: A Messi.
Ch: A Mascherano y al Enzo.
T: El fútbol está lejos de interesarme. Sólo me importa el Mundial. El universo de los futbolistas y el de los artistas es de ladris.
Por Leonardo Ibáñez.
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