Esmeralda Mitre (Foto Christian Beliera/GENTE)
Esmeralda Mitre (Foto Christian Beliera/GENTE)

Esmeralda Mitre (36) en una charla íntima con GENTE habla de su extrema sensibilidad artística, de psicoanálisis y de mucho más. La actriz de La reunificación de las dos Coreas en el teatro San Martín, habla de todo.

–¿No hay artistas felices, o que surjan de la felicidad?

–No. Creo que existen artistas que hacen mucho esfuerzo, como yo. Yo soy taurina, que es la luz, la belleza. Tauro me da ese lado feliz, y también tengo Escorpio, que es mi oscuridad: ahí es donde está el arte. Por eso soy una persona que se psicoanaliza mucho, que se cuida mucho. Hice todo tipo de terapias, como bioenergética o constelaciones, y voy al psiquiatra.

–¿Tomás medicación?

–Sí, tomo un estabilizador emocional justamente porque soy artista, y los artistas tienden a tener picos de sensibilidades. El día que decidí tomar fue porque era una persona tan sensible que avanzaba en la vida con mucho esfuerzo, y un día una pavada me generaba un retroceso. En eso me ayudó mucho Darío, que me dijo que todos deberían estar medicados.

Tomo un estabilizador emocional justamente porque soy artista, y los artistas tienden a tener picos de sensibilidades.

–Claro, no tiene nada de malo.

–Tal cual. Y no me voy a olvidar más de mi psiquiatra, que me salvó la vida. Me dijo: "No sos una persona que necesite medicación, pero voy a atender a tu pedido para que puedas hacer foco". Yo justo empezaba con mi personaje Ofelia, que me cambió la vida; estaba muy estresada. Soy alguien que trata de ver sus errores y de modificarlos. Por eso sufro: porque los veo. No existe evolución sin dolor, ni éxito sin fracaso. Creo mucho en el fracaso.

–¿Cuánto hace que te psicoanalizás?

–Empecé a los 15, cuando se divorciaron mis padres (Bartolomé Mitre y Blanca Alvarez de Toledo), que fue mi primer gran dolor. Pero por elección propia a los 20… Llegué un día y dije: "Necesito que me salves". Estuve ocho años con el mismo psicoanalista, tres veces por semana haciendo diván. Me enamoré de él, porque existe la transferencia. Y después, un día me di cuenta de que él también se había enamorado, que es la contratransferencia. Cuando sentí eso me fui. Lo solté, por sanidad.

Por Karina Noriega