Los Midachi hablan de los cambios de códigos en el humor, el feminismo y la corrección política

Cumplen 35 años siendo uno de los grupos humorístico más exitosos del país. Cuentan como logran seguir vigentes después de tanto tiempo siendo fieles a sí mismos y sin hacerse problema por ser políticamente correctos. "Cuando hacés las cosas con naturalidad, no tenés que dar explicaciones"

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Midachi: Chino Volpato, Dady Brieva
Midachi: Chino Volpato, Dady Brieva y Miguel del Sel cumplieron 35 años de profesión (Foto Christian Beliera/GENTE)

Fue hace 35 años que Dady Brieva(61), Chino Volpato(56) y Miguel del Sel(61) empezaron con Midachi. En esa época no había demandas de corrección política y de feminismo se hablaba poco. Cuentan como logran seguir vigentes después de tanto tiempo siendo fieles a sí mismos y sin hacerse problema por ser políticamente correctos.

–¿Cambió el humor en estos 35 años?

Da: Nosotros tenemos las cosas muy claras: elegimos lo que hace reír. No andamos con vueltas sobre si es humor verde, rojo, incorrecto, político, gay, de judíos. Lo que funciona, lo ponemos. Lo que no, afuera. Pateamos de puntín al arco, no intelectualizamos. Tenemos un instinto certero: si nos cagamos de risa nosotros, al público le pasa lo mismo.

–El focus group son ustedes tres…

Dady: Sí, pero eso sólo funciona cuando sos un artista popular.
Mi: Tenemos nuestra pequeña fórmula. Estamos muy frescos con los ritmos, las imitaciones. Hacemos desde Bruno Mars a Maluma. Y sumamos la pantalla, el mapping, el sonido. Hay artistas que no se adaptan a los tiempos que corren. Gracias a Dios, el Chino y sus locuras nos empujan a estar actualizados. Capaz se nos complica en algunas localidades, donde por ahí se corta la luz, debemos resetear todo y demorar la función. Pero la gente lo valora.
Da: El humor popular, como el nuestro, es una perdigonada gruesa: cazamos todo lo que vuele. Desde pajaritos chiquitos hasta halcones.

–¿Tienen en cuenta lo que hoy es correcto o incorrecto a la hora de montar un espectáculo?

Da: Eso te lo digo clarito: no nos importa ser incorrectos.
Mi: Pero la gastada y el bullying siempre es entre nosotros.
Da: Y cuando nuestro humor se mete con una mujer, es con la mía. Nunca nos metimos a joder a otras personas. Como mucho le preguntamos a una pareja: "¿Ustedes son novios?". Y por ahí se quedan duros. "¡Les pregunto si son novios, no que nos den el c…!".

–¿La gente dejó de reírse de algunas cosas?

Mi: En nuestro caso no.

Midachi: Dady Brieva, Miguel del
Midachi: Dady Brieva, Miguel del Sel y Chino Volpato. (Foto Christian Beliera/GENTE)

–¿Con las críticas al humor sexista creen que hay hipocresía y muchos se ríen a escondidas de lo que censuran públicamente?

Ch: Los hechos te dicen que hay hipocresía. Se ve con un programa tan popular como el de Marcelo Tinelli. Siempre es criticado, pero sigue siendo el más visto. Por ahí en algún momento decís "esto no me gusta", porque juega sin red. Nosotros tenemos bastante de eso. Pasa que hay personas que te quieren y otras que te niegan por negarte. No analizan por qué no les gustamos. Les Luthiers y nosotros tenemos formas y guiones diferentes para llegar al público. Y hay quienes no se permiten vernos a los dos.

–¿La taquilla, en ese sentido, es inapelable?

Chi: Sí. Nuestro público sabe que va a comer milanesas con papas fritas.
Da: No somos pretenciosos: vamos directamente a la risa. Podés decir "Midachi me gusta" o "no me gusta", pero nadie que nos vea se va después a comer una pizza para analizar qué quisimos decir. Es como ir a un telo: sabés que vas a c… (risas)
Mi: Cuando hacés las cosas con naturalidad, no tenés que dar explicaciones.
Da: Hay una doble moral. Al Negro Alvarez lo agarraron en Cosquín por contar el mismo cuento que hace trescientos años, y le amargaron el día. No obstante, hay que estar atento. Si tenés la ingenuidad de decir que está todo bien, te puede jugar en contra en estos tiempos de doble moral, donde por un lado te pasan un informe sobre Demi Lovato y al lado te ponen el teléfono del Sedronar. ¡Andá a c…! Contra eso no se puede. Por eso te digo que no me importa. Si hoy estás pensando en qué van a decir si contás tal o cual cosa, no podés actuar. No se puede decir nada.
Mi: Suponé que estoy con la Tota, y le digo "negro" a un vago del público, y tengo que pensar en decirle "señor, por favor…". Me pego un tiro.

–Para ustedes nos vamos a morir de corrección política.

Da: A mí no me va a pasar, quedate tranquilo. Hay muchos conductores de televisión que están con miedo. De todas maneras, te repito: si hago un chiste con una mujer, lo hago con la Chipi. Cuando viene con otro corte de pelo y me dice "mirá, me lo hice por vos", le respondo: "¿Querés hacer algo por mí? Haceme un matambre". La gente se ríe con eso.
Mi: No le van a saltar ahí las feministas; el público explota, aplaude. La broma siempre es entre nosotros.

Da: Y si viene el juicio, aguanto los trapos. Nosotros no hemos incorporado el humor en la mujer. Miguel estuvo en Rompeportones, por ejemplo, pero en Midachi no tuvimos una figura femenina. No nos reímos de las minas, ni usamos esa cosa del culo o las tetas. Si bien nuestro humor se puede tildar de directo, no hicimos hincapié en eso. No se dio. Sí hicimos un trío gay. Pero después lo dejamos de lado simplemente porque no hacía reír, no porque podíamos tener un problema con los gays. Eso es lo notable nuestro. ¿Cuál es el límite? La risa.

–¿Cómo ven el movimiento de reivindicaciones feministas que creció en el último tiempo?

Da: Yo trabajaba en la radio cuando se hizo la marcha de #NiUnaMenos. Incluso participé en el libro que hizo Paula Rodríguez sobre la marcha… Estaba Ingrid Beck también. Me parece que ese movimiento va muy lento, en el sentido que se le debe tanto reconocimiento a lo femenino, que las reivindicaciones van demasiado despacio. Cuando vos no incluís en los momentos justos, y esa inclusión llega tarde, viene con resentimiento, con bronca.

–Como todo derecho social. Cuando no aparece a tiempo, por lo general no llega mediante buenos modales.

Da: Y claro: cuando quedan tan atrás, llegan incluso con un poco de violencia. Algunos se enojan porque hay una parte muy activista en las marchas de las minas, y en algunas cosas son hasta razonables. Si yo fuera mujer no sé si me hubiese bancado tantas cosas. Medio que lo aprendí de grande, y la Chipi (Mariela Anchipi, su esposa) me enseñó bastante.

Por Hugo Martin

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