
Estoy desolada. Creí que estaba más preparada para este momento. Lo que pasa es que Leo siempre llenó mucho mi vida.
Lo veo. Lo veo de pequeñito, con sólo cuatro años, diciéndome "no estás sola, mamá, yo estoy acá con vos" en circunstancias muy difíciles. Después lo veo una y otra vez llegando a casa… Primero entraba su risa y después entraba él.

Han sido dos buenos hijos, Leo y Gastón.

Leo siempre estuvo convencido de que iba a ser ingeniero. Por eso decidió hacer la secundaria en el Otto Krause, en San Telmo. Pero cuando terminaron los seis años me dijo "no quiero ser ingeniero"… ¡Casi me muero, porque no quería hacer nada! No había nada que lo sedujera. Yo me había pasado toda su infancia y pubertad poniéndole instrumentos musicales a sus pies. Además, en nuestra casa de Palermo estaba el piano. ¡Leo ni los miraba! Un amigo me avisó que había venido a Buenos Aires un gran especialista en orientación vocacional de una universidad de Estados Unidos; me consiguió una cita con él. Me dijo que lo atendería siempre que el que lo llamara por teléfono fuera Leo. Yo pensé: "Bueno, estamos fritos".Me acuerdo que una tarde íbamos caminando para casa y le comenté a Leo "hay un señor…". Cuando terminé de contarle me preguntó: "¿Tenés el número de teléfono?". Ahí me di cuenta de que él estaba tan desesperado como yo por definir su futuro.
Tres meses más tarde, el licenciado Villalustre –el especialista– me citó en su oficina. Cuando entré estaba exultante: "¡Es la primera vez que veo 99%!" . Yo, sorprendida, le pregunté: "¿De qué?". Era un 99% de algo que ni él ni yo sabíamos qué era. No me hizo caso. Siguió hablando entusiasmadamente y anunció: "Su orientación se dirige un 99% hacia la música, 75% hacia la literatura. Hacia una oficina, jamás: sólo el 15%". Asombrada, le comenté "¡Leo nunca quiso tocar ni el timbre!" y Villalustre me respondió: "Es por su padre. Lo extraña, y él es músico".
Una semana después, Leo formaba su banda, El Signo, y tocaba instrumentos que no había visto nunca. Con el paso del tiempo incorporó el tango al tecno y creó cosas asombrosas que, como madre, me enorgullecen.

¿Qué decir? Hoy me falta Leo, la mitad de mi vida.

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