
Madrid, aquella ciudad conocida por sus atascos, obras constantes y millones de coches que todos los días salen con asientos vacíos de casa al trabajo. Se estima que solo en la capital hay 7,5 millones de plazas libres en vehículos privados, mientras que el transporte público en hora punta se convierte en un infierno. En ese contexto, sale a la luz la idea de compartir coche como una posible solución estructural al día a día de los trabajadores.
En eso consiste Tribbu, la app española que te paga por compartir tu coche. La propuesta viene de la mano de cuatro emprendedores que no buscan sustituir a los medios ya existentes, sino aprovechar lo que ya existe: coches vacíos que circulan medio vacíos. Paloma Martín, Carlos Alonso, Andrea García y Nathan Lehoucq llevan desde 2018 desarrollando este modelo. Entonces operaban como Hoop Carpool, centrados en empresas. Hoy, como Tribbu, abiertos al público, duplicando su facturación hasta superar el millón de euros (todo invertido en mejorar la idea principal).
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La idea es conectar a personas que hacen el mismo trayecto cada día. El conductor recibe un euro por pasajero cada 25 kilómetros y el pasajero no paga. “Queremos que compartir coche sea tan normal como coger un autobús”, afirma Paloma Martín, cofundadora y CEO, en conversación con Infobae.
Pero si hay algo que sorprende es el origen del proyecto. Los cuatro fundadores trabajaban ya por separado antes de conocerse. Ya en la universidad, cada uno desarrollaba la idea desde sus respectivas ramas de estudio. Paloma y Nathan desde el marketing y la gestión comercial, Carlos desde la ingeniería de telecomunicaciones y Andrea desde la dirección de empresas. Cuatro estudiantes de diferentes puntos de la ciudad que se conectaron gracias a compartir su idea y buscar ayuda para confeccionarla.
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“Ir a lo grande”: convertir viajes en ahorro
Durante años, el modelo funcionó dentro de las empresas y universidades. Compañeros de trabajo e incluso vecinos que iban al mismo punto compartían coche de lunes a viernes gracias a la app. La idea estaba creciendo, sin embargo, “pero a un ritmo que no era a lo grande”. “Veíamos los viajes y no se estaba notando el impacto en el mundo”, recuerda Andrea García, directora de operaciones.
Y es que el concepto de compartir coche con personas desconocidas era uno de los obstáculos. “Hay una corriente hacia el individualismo, pero también otra que busca volver a confiar en las personas”, señala Andrea. Y ahí estaba el objetivo: “El concepto de Tribbu es traer esa comunidad al mundo digital”. “Traer al pueblo a la ciudad otra vez”, resume Paloma.
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Ese punto de inflexión se da en 2024, cuando Tribbu se abre al mundo. “Podríamos haber sobrevivido con el modelo anterior, pero no era lo que queríamos hacer”, afirma la CEO. El cambio supuso pasar de 3.000 a 6.000 usuarios frecuentes. Y ahí hasta los cientos de miles que hoy conforman la comunidad. “Ha habido personas que nos han llamado diciendo: ‘Gracias a que encontré un Tribbu, pude aceptar una oferta de trabajo’”, reconocen los fundadores.

“Un regalo caído del cielo”
En sus oficinas se puede ver la gratitud hacia sus usuarios, con varios eventos organizados por la empresa para que se conozcan y hasta el nombre de los que más utilizan la aplicación en las puertas de cada departamento.
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El modelo actual se apoya en un elemento clave: la certificación del ahorro energético. A finales de 2023, el Ministerio de Transición Ecológica habilitó un sistema por el cual las empresas pueden compensar emisiones financiando iniciativas como el coche compartido. “El Ministerio nos dijo que compartir coche iba a generar ahorro energético certificable, que lo íbamos a poder vender a una empresa energética y que con eso íbamos a poder pagar a los usuarios”, explica Andrea. “Fue como un regalo caído del cielo”.
Tribbu certifica ese ahorro, lo vende a empresas energéticas y lo reparte con los usuarios, quedándose con una pequeña comisión. Este mecanismo representa más de la mitad de su facturación. Además, mantiene canales constantemente activos para mejorar cada aspecto, siendo ellos mismos los que a veces comparten su coche para ver cómo los usuarios responden. “Una única experiencia real te cambia la perspectiva”, dice Carlos, director de tecnología y cofundador.
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Acuerdo con la DGT: ocupar los asientos vacíos
El proyecto también ha encontrado respaldo institucional en materia de movilidad. La Dirección General de Tráfico (DGT) ha reconocido el problema de los coches con baja ocupación y ha impulsado acuerdos para favorecer soluciones como Tribbu. Entre ellos, la reserva de plazas de aparcamiento para aquellos que comparten su vehículo.
La medida busca incentivar un cambio de hábito en un contexto donde, pese a la saturación, gran parte de los vehículos circula con un solo ocupante. “Nuestra mayor competencia es ir tú solo en el coche”, sentencia Nathan Lehoucq, director de crecimiento.

Rutina, confianza y compromiso
A diferencia de otras plataformas o servicios como Taxi, Uber, Cabify o Wible, Tribbu no se centra en viajes puntuales, sino en trayectos repetidos. “No es como compartir un viaje puntual. Es el mismo trayecto que haces todos los días”, explica Lehoucq.
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Los usuarios configuran sus rutas habituales y pueden alternar entre conductor y pasajero. “Normalmente, la primera vez que lo haces es porque piensas: si me sale bien, voy a poder compartir coche todos los días”, añade. Esa repetición genera confianza. Y así lo confirman sus datos, siendo la tasa de cancelación prácticamente mínima. “La gente sabe que si tiene el compromiso con otra persona, lo hace”.
Por otro lado, aunque el foco estaba puesto en las grandes ciudades, el uso ha crecido con más fuerza en zonas con menos alternativas de transporte. “Donde más nos usan es en Extremadura y en Andalucía”, señalan los fundadores. La distancia media de los trayectos ronda los 40 kilómetros, lo que refleja un uso más interurbano que urbano. Incluso, el ahorro puede alcanzar los 300 euros mensuales en trayectos largos.
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El reto de la red
El objetivo es replicar la lógica del transporte público en el coche compartido. “A diez minutos andando tienes una parada de bus y en diez minutos pasa un bus. Esa es la instantaneidad que tenemos que aportar”, explica Paloma.
Para lograrlo, necesitan escalar la red hasta conectar “prácticamente todos los coches”. Un objetivo que tienen marcado para los próximos tres años. Después, la fórmula viajará a otros mercados, con Latinoamérica (Argentina, México, Brasil) como primer destino.
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