
Argentina será uno de los ocho países representados en la Primera Cumbre Economía Plateada, que se realizará el 1° y 2 de octubre en Ciudad de México. El encuentro reunirá a especialistas, empresarios, emprendedores y representantes de organismos multilaterales, gobiernos, universidades y organizaciones privadas para discutir cómo el aumento de la longevidad modifica la economía y las políticas públicas.
Junto con Argentina participarán representantes de México, Chile, Colombia, España, Alemania, República Dominicana y Uruguay. La agenda estará organizada alrededor de cuatro ejes: mercado, política pública e instituciones; emprendimiento, talento y experiencia; salud, educación e inteligencia artificial; e intergeneracionalidad, vivienda y nuevos territorios compartidos.
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La presencia argentina se inscribe en una discusión que busca ampliar la mirada sobre el envejecimiento. El planteo central de la Cumbre es que las personas mayores no sean consideradas únicamente destinatarias de políticas de protección social, sino también consumidoras, trabajadoras, emprendedoras, inversoras y generadoras de conocimiento.
El debate adquiere dimensión económica a medida que cambia la estructura demográfica. En México, por ejemplo, hay 17,1 millones de personas adultas mayores, equivalentes al 12,8% de la población, mientras que la edad mediana pasó de 22 años en 2000 a 30,5 años hoy y podría alcanzar los 43 años en 2050, según los datos difundidos por la organización.
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Del envejecimiento al mercado laboral
Uno de los temas centrales de la agenda será el denominado talento sénior. La discusión parte de una transformación en las trayectorias laborales: una población que vive más años también puede desarrollar carreras profesionales más extensas, emprender después de los 50 y continuar participando de la actividad económica.
Luis Garza Hoth, fundador de Entrecanos y de la Cumbre Economía Plateada, identifica dos obstáculos principales. Por un lado, los prejuicios que llevan a considerar que después de determinada edad resulta más difícil aprender nuevas tecnologías, emprender o integrarse a equipos intergeneracionales. Por otro, los sesgos que todavía pueden encontrarse dentro de las empresas.
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En ese escenario, la experiencia acumulada aparece como un activo vinculado con el conocimiento de los mercados, las redes profesionales y la capacidad de mentoría.
—¿Qué cambios económicos y sociales considera que este escenario obliga a anticipar desde ahora?
—Esta pregunta tiene múltiples respuestas porque las áreas de oportunidad están prácticamente en todos los ámbitos: economía, salud, educación, servicios financieros, empleo y política pública.
Ejemplos hay muchos, sobre todo cuando se han vivido en primera persona. Menciono uno para no extenderme: los apoyos financieros pueden estar muy bien pensados, pero existe un número que muchas veces limita el acceso y no es el historial crediticio, sino la edad.
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En algunos productos financieros, las personas mayores pueden encontrar dificultades para acceder a los seguros que las instituciones requieren como respaldo, aun cuando tengan patrimonio o garantías. Es un ejemplo de cómo todavía existen esquemas que no necesariamente están diseñados para una población que vive más años.
Y este tema será cada vez más relevante. En México, además, el universo de personas de 50 años y más ya ronda los 32 millones, lo que permite dimensionar el peso que este grupo tiene no solo como población, sino también como consumidores, trabajadores, emprendedores e inversionistas.
La economía plateada puede entenderse desde distintas perspectivas. Una es el consumo que generamos las personas mayores a partir de nuestra capacidad económica; otra, el valor que seguimos produciendo mediante nuestro trabajo, emprendimientos e inversiones.
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Hay por lo menos tres grandes pilares: lo que consumimos, lo que producimos y las empresas que desarrollan bienes y servicios para este segmento. Y no se trata únicamente de salud o medicamentos. Hay oportunidades en viajes, entretenimiento, tecnología, vivienda, educación, servicios financieros y bienestar. Todavía falta mucho por crear con esta mirada.
—¿Qué barreras siguen encontrando las personas mayores de 50 años para continuar trabajando, emprender o desarrollar nuevos proyectos?
—Aquí identifico principalmente dos barreras. La primera está en nosotros mismos. Durante años se nos ha hecho creer que después de cierta edad ya no podemos adaptarnos, aprender nuevas herramientas o tecnologías, emprender nuevamente o trabajar en equipos intergeneracionales. Nada más alejado de la realidad.
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La segunda está en las propias empresas, donde todavía persisten sesgos similares. Muchas veces no se reconoce que la experiencia acumulada, el conocimiento del mercado, las redes profesionales y la capacidad de mentoría son activos difíciles de sustituir.
El reto no debería ser elegir entre talento joven o talento sénior, sino combinar capacidades entre generaciones. Una población que vive más años también tendrá trayectorias laborales más extensas, por lo que desaprovechar conocimiento y experiencia será cada vez más costoso.

—La inteligencia artificial aparece entre los temas de la agenda. ¿Qué oportunidades concretas puede generar para las personas mayores y qué riesgo existe de que la brecha tecnológica profundice la desigualdad por edad?
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—La inteligencia artificial en manos de las personas mayores tiene una potencia todavía poco explorada. Basta imaginar lo que estas herramientas pueden hacer cuando se combinan con décadas de experiencia, conocimiento y criterio.
Además, hoy muchas herramientas de IA ya no requieren conocimientos de programación. Una persona mayor puede utilizarlas para investigar, crear, desarrollar proyectos, resolver problemas o incluso emprender a partir de su propia experiencia.
Ahí está una enorme oportunidad: sumar las capacidades de la tecnología al conocimiento acumulado durante años. La IA puede procesar información con gran rapidez, mientras que la experiencia aporta contexto, criterio y capacidad para tomar decisiones.
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El riesgo aparece cuando partimos del supuesto de que las personas mayores no pueden o no quieren aprender. Si no existen capacitación, acceso y acompañamiento, la brecha tecnológica puede profundizar desigualdades por edad. Por eso, además de hablar de inteligencia artificial, debemos hablar de autonomía digital y aprendizaje a lo largo de la vida.
—¿Qué deberían modificar las empresas, los gobiernos y el sistema financiero para dejar de considerar a las personas mayores únicamente como destinatarias de políticas sociales y reconocerlas también como consumidoras, emprendedoras, trabajadoras e inversoras?
—Nos deben dejar de ver únicamente desde una óptica asistencial, filantrópica o social. Eso implica cambiar desde la concepción misma de los programas, productos y recursos dirigidos a las personas mayores.

¿Por qué existe el Programa Jóvenes Construyendo el Futuro y, cuando hablamos de las personas mayores, pensamos principalmente en una pensión?
Ambos programas existen actualmente y responden a objetivos distintos, pero sirven para ilustrar una diferencia de narrativa: para los jóvenes hablamos de capacitación y participación productiva; para las personas mayores, con frecuencia la conversación empieza y termina en la protección social.
¿Qué tal si empezamos a hablar también de “mayores cimentando el presente”? Personas que siguen emprendiendo, trabajando, consumiendo, invirtiendo, creando puestos de trabajo y generando conocimiento.
En las empresas, significa dejar de asumir que después de cierta edad una persona ya no puede aprender, adaptarse o aportar. Hay que revisar los procesos de contratación, capacitación y permanencia para reconocer el valor de la experiencia, el conocimiento del mercado, las redes profesionales y la capacidad de mentoría. La experiencia acumulada no se sustituye fácilmente y puede aportar mucho cuando se combina con nuevas habilidades y generaciones.
En los gobiernos, implica pensar también en las personas mayores como población productiva, con capacidad para emprender, capacitarse, generar ingresos y seguir participando en la economía. No todo debe partir de la lógica de protección social; también hacen falta esquemas que impulsen empleabilidad, emprendimiento, actualización de habilidades y participación económica a lo largo de la vida.
Y en el sistema financiero hay que revisar productos y criterios que terminan convirtiendo la edad en una barrera. Si una persona tiene experiencia, patrimonio, capacidad de pago o un proyecto viable, la edad por sí sola no debería limitar sus posibilidades de acceder a financiamiento, seguros o productos adecuados para continuar emprendiendo o invirtiendo.
Por eso, más que preguntarnos qué podemos hacer por las personas mayores, tendríamos que preguntarnos qué podemos construir con ellas.
Si cambia la narrativa, cambia la percepción; y si cambia la percepción, también pueden cambiar los productos, las oportunidades laborales, el acceso al financiamiento y las políticas que se diseñan para una sociedad que vive más años.
—Después de la Cumbre, ¿qué medidas concretas esperan que surjan del encuentro y cómo se podrá evaluar si esta conversación logró convertirse en políticas públicas, nuevos negocios o cambios en el mercado laboral?
—Entrecanos no se dedica a organizar eventos, aunque a veces pueda parecerlo. Los encuentros son un medio para visibilizar el potencial que tenemos las personas mayores de 50 años y generar conversaciones que puedan convertirse en acciones concretas.

La Cumbre Economía Plateada surge de la necesidad de que distintos actores económicos y sociales se sienten en una misma mesa, compartan diagnósticos y propongan soluciones.
Siempre decimos que uno no puede con todo, pero todos podemos con algo. Como resultado de las conversaciones de los distintos ejes, buscamos generar una Hoja de Ruta que permita identificar tareas, oportunidades y líneas de acción para gobierno, iniciativa privada, cámaras y asociaciones, instituciones educativas y sociedad civil.
La idea es que no sea únicamente una memoria del evento. Tendremos un año, rumbo a 2027, para revisar qué propuestas avanzaron, qué actores hicieron su parte y dónde siguen existiendo pendientes.
Ese será uno de los indicadores más importantes de éxito: que la conversación se traduzca en nuevos programas, negocios, productos, oportunidades laborales y políticas que reconozcan el peso económico y social de una población que vive más años.
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