
El malestar psicológico pasó de 19,5% al 34% entre las personas de más de 60 años y la insuficiencia de ingresos alcanzó el 46% de los hogares con personas mayores.
Los datos surgen de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA-UCA) cuyos resultados se presentan hoy en Mar del Plata en el congreso de la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría (SAGG).
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Se trata del documento estadístico Evolución de la subsistencia económica, el hábitat, la salud y bienestar subjetivo en la población de 60 años y más.
El seguimiento de estos parámetros va de 2017 a 2025, pero las cifras muestran un fuerte deterioro en los últimos dos años: 2025-2026.
El documento fue elaborado por un equipo que coordina Solange Rodríguez Espínola y que integran Enrique Amadasi, José Eduardo Moreno, María Rosa Cicciari, Milagros Dolabjian y Carolina Sofía Garofalo, y que fue realizado en coordinación con la SAGG.
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Hay otros datos preocupantes de este informe. También han crecido los porcentajes de personas mayores que experimentan dificultades económicas para acceder a atención sanitaria: 35,2%, casi más de 10 puntos que en el bienio anterior (2022-23), mientras que la inseguridad alimentaria pasó del 12,3% en 2017-2019 al 18,4% en 2024-2025.
El envejecimiento activo y saludable, beneficio derivado esencialmente de los avances de la ciencia médica, no es la realidad de todos los adultos mayores de Argentina. Una cantidad demasiado grande de personas de 60 y más no enfrentan su vejez con seguridad económica, ni alimentaria, ni sanitaria. En estos tres planos hay un agravamiento marcado de las condiciones en que se encuentra esta franja etaria cada vez más numerosa pero signada por una fuerte desigualdad socioeconómica.
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“Este estudio pretende proveer diagnóstico en una serie de variables como base de políticas públicas”, dice a Infobae Solange Rodríguez Espínola, doctora en psicología, que integra el Observatorio desde el año 2011.
A partir del agravamiento simultáneo de tres dimensiones críticas, constatado en el bienio 2024-2025 —a saber: insuficiencia de ingresos (46,0%), dificultades de acceso a la salud (35,2%) y malestar psicológico (34,0%), los autores del informe señalan la necesidad de medidas para fortalecer el ingreso, ampliar el acceso a servicios de salud —incluyendo salud mental—y medicamentos, y promover redes comunitarias de apoyo.
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— ¿Qué abarca el informe que están presentando?
— Estamos presentando un documento que tiene una continuidad de doce años. Hace doce años que venimos haciendo un estudio específico para personas mayores. Es una secuencia de información cada vez más necesaria porque no existe a nivel nacional y por la multiplicidad de indicadores que relevamos. No nos limitamos a las condiciones materiales, sino que incluimos también lo referido al bienestar subjetivo. Este año hicimos una alianza con la Sociedad Argentina de Geriatría y Gerontología. Por eso presentamos el informe en Mar del Plata en el congreso de esa entidad. Nos parece muy valioso difundir esta información porque queremos que esté a disposición de toda persona interesada por la situación de las personas mayores.
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— ¿Cada cuánto publican estos informes?
— Cada dos años. El informe actual recolecta la información de los años 2024 y 2025. Comparamos hogares sin personas mayores y con personas mayores.
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—¿Cómo obtienen los datos? Encuestas, otros organismos, el INDEC, o sea,
—De la encuesta de la deuda social argentina que se hace todos los años a población de dieciocho años y más y que releva información de cada uno de los integrantes del hogar. Dentro de la encuesta se han incluido preguntas específicas para el grupo generacional de mayores, de personas de 60 años en adelante.
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— ¿Qué han encontrado en esos datos?
— Lo que los informes vienen marcando son las desigualdades, las diferencias, según la trayectoria de vida, porque en realidad a la vejez se llega con condiciones favorables o con un proceso de deterioro que determinan que ese envejecimiento sea saludable o no. Una persona que ha estado expuesta a deterioros, por ejemplo, en el aspecto edilicio, en el lugar donde vive, cerca de basurales, o según el tipo de trabajo que haya realizado que también está fuertemente asociado al nivel educativo. Son parámetros que sin duda tienen mucho impacto en cómo se llega a la vejez. También la salud preventiva, porque si bien ha habido cambios a nivel científico-tecnológico y el PAMI llega a la mayoría de las personas mayores, no son para todos iguales los accesos, las posibilidades, las asistencias, los recorridos.
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— ¿Hay una correlación fuerte entre esas condiciones y la esperanza de vida según a franja social?
— Sí, hay desigualdades en las condiciones de vida que son fuertemente asociadas a mayores deterioros en salud, en aspectos biológicos pero también en condiciones psicosociales. La condición sociolaboral ha sido un determinante en ese proceso, que lleva a que algunos adultos mayores tengan autonomía, por disponer de recursos para sostenerse aun con una jubilación mínima o baja, y sostener una vejez sin tanta precariedad.
— ¿Uno de cada cuatro adultos mayores es pobre? ¿Es esa la proporción?
— Sí, lo que vemos con respecto a subsistencia económica es mayor inseguridad alimentaria, un crecimiento sostenido en el último período, pasando de 12,3% en 2017-2019 al 18,4% en 2024-2025. Y en el estrato muy bajo, llega al 40 por ciento.
— ¿Inseguridad alimentaria sería…?
— El haber reducido la porción de alimentos en esos hogares o haberse quedado con hambre. Algo habitual en hogares donde hay adultos mayores y niños, es que quien posterga siempre es el adulto mayor. Los hogares con mayores privaciones son los que tienen integrantes multigeneracionales y sobre todo niños. Entre los adultos mayores que viven solos, los que están mejor son los que viven con otro adulto mayor. En cuanto a la insuficiencia de ingresos, la percepción de que no les alcanza es significativa incluso en el estrato medio alto, donde llega al 13 %, en el medio bajo es del 33 % y llega al 71% en el muy bajo.
— La percepción de que no les alcanza.
— Sí, la insuficiencia de ingresos. En la canasta de un adulto mayor pesa sobre todo el gasto en medicación y alimentos. Y en hogares con estrategias de interacción multigeneracional, es donde queda más postergado ese gasto; o sea, el dejar de pagar medicamentos es otro gran tema, dejar de ir al médico o al odontólogo.
— Muchos adultos mayores siguen trabajando, por diversos motivos, pero muchos por necesidad.
— Para mucha gente es una cuestión económica, pero también es la necesidad de estar en relación con otros, en contacto con los demás. Hay una doble cuestión. Una cuestión identitaria, de preservar quién soy, si es una persona con ciertos recursos y un sostenimiento económico. Es sobre todo un tema de profesionales o de obreros calificados. Pero después está el adulto mayor que tiene que salir a hacer lo que puede, porque los trescientos, cuatrocientos mil de la jubilación no alcanzan ni para el alquiler. Por eso encontrás gente mayor vendiendo en la calle, haciendo informalidad que es posiblemente lo que haya hecho toda la vida. Pero aun en los sectores que estuvieron mejor durante la vida activa, mantener un nivel económico, si no hubo una previsión, sin propiedades que los sostengan o un fondo económico, la percepción es que los ingresos no alcanzan. Por eso también vemos cada vez más adultos mayores viajando en transporte público. Antes la gente mayor iba en taxi. Hoy ves personas con andadores y bastones en el colectivo, donde además tienen descuento.
— Es que las jubilaciones están todas achatadas.
— Sí, y la prioridad de las personas mayores, la que tienen mejores recursos socioeconómicos, pasa por la salud. Sostienen una prepaga que sale muchísimo pero el adulto mayor quizás posterga otras cosas en función de esto, o sigue activo económicamente para sostener ciertos privilegios, muy entre comillas: salir al teatro, comer afuera o hacer un viaje.
— ¿Son muchos los que postergan la jubilación?
— Sí, se ha observado que hay mucha gente decide no jubilarse, lo muestra la EPH. Y también que el ingreso de jóvenes queda más en la informalidad. El proceso de dar espacio a otras generaciones queda postergado.
— ¿Qué observan en el tema del malestar psicológico?
— El llegar a esta edad y verse en situación de privación es frustrante. No es menor la cantidad de personas mayores que viven con necesidades básicas insatisfechas, no alimentándose adecuadamente, viviendo con otra cantidad de gente, para poder afrontar los gastos de la casa. También incide en el deterioro la pérdida de redes, en función de las pérdidas por muerte, por cambios, como tener que ir a otros ámbitos, o el fin del trabajo... Construir nuevas redes es sumamente importante para el bienestar en los adultos mayores.
— Asociativamente pareciera que en Argentina no estamos tan mal. Hay una red importante de centros de jubilados, el asociacionismo está bastante desarrollado como contención.
— Somos muy sociables los argentinos y somos muy de estar siempre en interacción con otros, a comparación de otros países. Tenemos una tendencia más cooperativa, eso es super interesante. Sin embargo, hay muchos adultos mayores que se sienten solos en una ciudad donde vivimos uno al lado del otro. Hay que pensar estrategias porque a veces la persona no se incluye. Hablamos claro de personas con cierta autonomía en movilidad. El tema es cuando el deterioro lleva a la pérdida de autonomía física.
— ¿Y qué pasa en materia de cobertura de salud?
— Hay una cobertura de PAMI pero a nivel territorial, dime dónde vives y te diré cuánta asistencia y acceso en salud tenés. Quizás no tenés una ambulancia en treinta kilómetros, o no tenés dispositivos para hacerte un estudio a corto plazo, que es el gran tema en personas mayores, que no pueden esperar tres meses para hacerse un estudio. Las dificultades económicas para recibir atención sanitaria o adquirir medicamentos pasaron, de afectar al 25 % en 2022-2023 afectar al 35% en el bienio 2024-2025, en personas mayores. Es el porcentaje que, por cuestiones económicas, dejó de ir al médico o de comprar remedios. O sea diez puntos porcentuales aumentó la cantidad de gente que dejó de recibir atención de salud por no poder pagar. El impacto que observamos también es un deterioro en salud mental.

— ¿Es la demencia, el deterioro cognitivo, lo que se ha incrementado?
— No, es otra cosa. Son síntomas de ansiedad y depresión. Y en este período ha aumentado significativamente en personas mayores. Hay un incremento a nivel de toda la población, que va incluso con los parámetros internacionales, no es solo en Argentina. Pero en personas mayores en Argentina se ha incrementado de modo notorio.
— ¿Cuáles son las cifras?
—El malestar psicológico en el estrato medio alto es del 16 %, en el medio bajo, 24%, en el bajo 37,5 por ciento y alcanza a la mitad de las personas mayores en el estrato muy bajo. En general, es el 34 % de la población mayor.
— ¿Afectada cómo exactamente?
— Sintomatología ansiosa y depresiva. O sea esa escala indica una sintomatología alta ansiosa y depresiva en el 34% de los adultos mayores. O sea, hay gente que nos está marcando un rojo en este semáforo de observación de la población.
— ¿Reciben esas personas algún tipo de contención o asistencia?
— Ese es otro tema. El acceso a la salud mental es bastante complejo para toda la población. Pero encontramos también un rechazo o formas de pensar que llevan a las personas mayores a no buscar ayuda. Como que ya es así…
— También es la mirada de los otros, los que conviven con la persona mayor, que a veces tienden a pensar: “Bueno, el abuelo está así” como diciendo, a esta edad, ¿qué se puede esperar?
— Ese es el edadismo. Pensar que en el adulto mayor es esperable todo esto o que le pasan estas cosas sólo porque es viejo. Sin embargo, no es calidad de vida, no es bienestar en ese final de la vida. Se observa también un sentimiento de infelicidad importante y fuertemente asociado al mayor deterioro socioeconómico. Y el tema de la soledad. Un 16 % del total de las personas dice que se siente sola en 2025.
— ¿Qué finalidad tiene el informe?
— El estudio lo que pretende también es identificar aquellas cuestiones en las que estaríamos en condiciones de proveer diagnóstico como base de políticas públicas. Entendemos que lo económico es importante, el acceso a la salud es importante, pero también importan estas condiciones individuales que hacen al proyecto de vida personal, a las condiciones que nos hacen sentir bien.
— ¿Qué se podría hacer en un contexto que no se va a modificar de un día para el otro?
— Entendemos que si estamos teniendo una alerta en salud mental, quizás a la población joven es a la que más se llega hoy por hoy en la búsqueda de ayuda. El adulto mayor es más reticente y creo que las estrategias para convencer o para hacer que reciban asistencia deben reforzarse. En las generaciones anteriores, hablar de salud era hablar de salud física, no mental. Tenías que ser duro y aguantártela. Es cierto que muchos de más de 80 son personas que han vivido situaciones límite, por guerras, por desarraigo. Tiene el sentimiento de “pude solo”. Son resilientes de la vida.

— Por tu formación, percibís estos temas de estado de ánimo y de salud mental...
— Lo que hacemos en realidad es psicosociología. Y eso nos dio un posicionamiento muy importante, porque si bien el observatorio ha tenido su auge con el tema pobreza no son los únicos datos que tenemos. Desde el observatorio hay una mirada multidisciplinar que permite abarcar este desarrollo humano y las condiciones de una mejor calidad de vida de la población en función no solo de tener una buena casa, sino también en función de condiciones individuales y de bienestar subjetivo.
— Resumiendo, ¿cuál dirías que es el dato más impactante de este informe?
— El dato de que no les alcanza, es un dato notorio, importante, que crece en el último periodo. El sentir que los ingresos no alcanzan para la subsistencia, la insuficiencia de ingresos. El 46% tiene insuficiencia de ingresos. Y, algo que ya dije, 35,2% tuvo que hacer recortes en salud. No poder ir al médico, dejar de pagar medicamentos por cuestiones económicas. Y, reitero, el 34% por ciento de la población dice tener alta sintomatología ansiosa y depresiva. Esos me parece que son los indicadores más impactantes.
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