
El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires ha consolidado una propuesta innovadora dirigida a los adultos mayores, que fomenta la integración, la creatividad y el sentido de pertenencia en su comunidad. Esta estrategia, según explicó Ana Clara Montini, trasciende el mero ofrecimiento de talleres artísticos para configurar un “sistema abierto”, en el que la democratización del acceso y la participación activa de los visitantes ocupan un lugar central.
El programa no solo habilita múltiples instancias de sociabilización y expresión creativa, sino que también habilita la entrada libre y gratuita para jubilados, subrayando el carácter público de la institución y su voluntad de acoger a todos los sectores, aun a quienes manifiestan dudas acerca de su vínculo previo con el arte.

Licenciada en Curaduría e Historia del Arte por la UMSA, Montini cuenta además con diplomaturas en Gestión Cultural por el Centro Cultural Paco Urondo y en Performance y creación interdisciplinar por la UNSAM. En la actualidad se desempeña como curadora independiente y es responsable del programa de Bienestar Comunitario del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, área desde la cual articula políticas de accesibilidad y participación comunitaria.
El Museo de Arte Moderno es una institución pública dependiente del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Creado en abril de 1956 por iniciativa de Rafael Squirru, su primer director, el museo se consolidó desde sus inicios como un espacio de vanguardia dedicado a la producción artística contemporánea. Su sede funciona en la avenida San Juan 350, en el barrio de San Telmo.

En los últimos años, el museo ha reforzado el enfoque interdisciplinario y la relación con otras entidades, sustentando colaboraciones que permiten articular actividades fuera y dentro de su sede.
Montini detalló que la institución mantiene vínculos sostenidos con centros como el Centro Modelo, único centro de día de la ciudad dedicado a personas adultas mayores con afecciones cognitivas, principalmente Alzheimer y otras formas de demencia.
Allí, el museo despliega talleres quincenales de experimentación artística y espacios de contención, incorporando también a familiares de los participantes en dinámicas adaptadas.

La relación, que ya lleva tres años, puso de relieve la importancia de integrar a los cuidadores dentro del proceso. “Es muy importante pensar en el rol de quienes cuidan y cómo incluirlos en las actividades para que no experimenten la carga en soledad”, aseveró Montini.
La propuesta se complementa con intervenciones en otras instituciones cercanas, como la Residencia Balcarce, donde los talleres se articulan con visitas regulares al museo. En muchos casos, quienes conocen la experiencia en uno de estos ámbitos replican su asistencia en el resto, lo que genera cruces y refuerza la comunidad.
Además, el programa se extiende hacia espacios barriales y centros comunitarios, como el del barrio Mujica, consolidando la presencia del museo en territorios tradicionalmente ajenos a la vida cultural regular.
El taller Tercera Dimensión es un eje fundamental de la oferta anual para adultos mayores, con propuestas que exploran desde las artes plásticas tradicionales hasta la performance y el movimiento, involucrando técnicas de grabado, escultura y otras prácticas interdisciplinares.
El formato privilegia la generación de lazos y la construcción colectiva: “El mayor desafío es vencer el prejuicio de que ‘ya no sé dibujar’ o ‘no tengo condiciones’, pero la experiencia muestra que, al final, todos encuentran un espacio de experimentación y disfrute”, señaló la curadora al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.
Las actividades incluyen salidas a otros museos, galerías y espacios culturales de la ciudad, promoviendo que los adultos mayores exploren nuevos entornos y rompan rutinas urbanas que muchas veces resultan restrictivas.

El museo también habilita la modalidad Historias Compartidas, que brinda talleres con formato de visita para individuos, amigos o grupos familiares de distintas generaciones. Este formato —según explicó Montini— ha cobrado especial relevancia durante las vacaciones, permitiendo que los adultos mayores concurran acompañados por nietos, sobrinos u otros familiares.
Uno de los objetivos de la iniciativa es ofrecer experiencias que se adapten tanto a personas con trayectoria artística como a quienes se acercan por primera vez, brindando la posibilidad de compartir procesos y descubrir nuevas formas de creación.
En relación con el perfil de los asistentes, Montini observó dos tendencias principales: quienes tienen un pasado vinculado con el arte y encuentran en los talleres oportunidades para profundizar en técnicas o perspectivas nuevas, y quienes, tras la jubilación, se animan por primera vez a incursionar en lo artístico y logran superar su reticencia inicial.

“Muchos creen que su habilidad está restringida a lo utilitario, como el bordado, el remiendo o el uso de materiales cotidianos, y luego descubren que pueden convertir esas destrezas en herramientas de expresión”, remarcó Montini.
La comunicación y el acceso son canales centrales del programa. Las inscripciones para las actividades —tanto grupales como individuales— pueden gestionarse a través del correo electrónico comunidades@museomoderno.org, disponible también en la web museomoderno.org. El personal educativo recibe a los interesados en la sede para resolver inquietudes y orientar a nuevos visitantes.
Para Montini, el museo busca posicionarse como “un refugio climático, un punto de encuentro y un espacio de sociabilización“, ofreciendo entrada libre para jubilados y la infraestructura necesaria para habitarlo con libertad.
Todos los talleres y visitas son participativos y destinados a escuchar y habilitar la voz de los mayores, nunca constituyen monólogos ni restringen la interacción. El objetivo final es que la experiencia se transforme también en el germen de nuevas amistades.
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