
Durante años, el embarazo y la lactancia materna se consideraron capítulos exclusivos de la primera infancia. Hoy, una investigación internacional pone el foco en su impacto mucho más allá de la crianza: las madres que han estado embarazadas y amamantado presentan una mejor función cognitiva en la vejez.
Los hallazgos desafían viejos supuestos y sugieren que el recorrido reproductivo femenino podría guardar la clave para un cerebro más saludable en la tercera edad.
Embarazo y lactancia: aliados del cerebro en la tercera edad
Esta es la conclusión principal de una investigación dirigida por Molly Fox, profesora de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA), que analizó datos de más de 7.000 mujeres de Estados Unidos y cuyos resultados fueron difundidos por Newsweek.
El equipo de la UCLA identificó que quienes atravesaron embarazos y amamantaron lograron mejores resultados en pruebas de memoria verbal, memoria visual y función cognitiva general. El análisis reveló una relación directa entre el tiempo total dedicado al embarazo y la lactancia y el aumento en el desempeño cognitivo, según Newsweek.

Para el estudio, se recopilaron datos de participantes del Women’s Health Initiative Memory Study y del Women’s Health Initiative Study of Cognitive Aging. Las voluntarias, con una edad promedio cercana a los 70 años, fueron evaluadas anualmente hasta durante 13 años. Además de entrevistas exhaustivas sobre su historial reproductivo, se realizaron mediciones periódicas de sus capacidades mentales.
Impacto de la duración del embarazo y la lactancia
Los resultados mostraron diferencias precisas. De acuerdo con Newsweek, las mujeres con un promedio de 30,5 meses de embarazo alcanzaron un 0,31% más en las puntuaciones de función cognitiva global frente a quienes nunca estuvieron embarazadas. Una media de 11,6 meses de lactancia se asoció a un aumento del 0,12% en la función cognitiva, considerando iguales los demás factores.
Por cada mes adicional de embarazo, la puntuación cognitiva global subió 0,01 puntos. En el caso de la lactancia, cada mes extra se asoció con una mejora similar en la función cognitiva, así como un incremento de 0,02 puntos en memoria verbal y visual. Aunque estos beneficios resultan modestos, los investigadores destacan que se equiparan a los relacionados con no fumar o mantener actividad física regular.

Las cifras acumuladas indican que haber estado embarazada implicó una ventaja promedio de 0,60 puntos en los exámenes cognitivos. Haber amamantado supuso una diferencia de 0,19 puntos en función cognitiva total y de 0,27 puntos en memoria verbal en comparación con quienes nunca practicaron la lactancia materna.
Factores sociales y nuevas perspectivas sobre la salud cerebral femenina
El equipo de Fox advierte, según Newsweek, que la biología no es la única explicación posible para estos hallazgos. Tener más hijos adultos, por ejemplo, podría asociarse con mayor apoyo social, menor estrés y hábitos de vida más saludables, factores que también benefician la salud cerebral. Además, las redes familiares y la interacción frecuente pueden potenciar los efectos positivos observados.
Este estudio introduce una nueva mirada en el debate sobre el envejecimiento cerebral femenino. Hasta ahora, la mayor incidencia de enfermedades neurodegenerativas en mujeres no se explicaba solo por la longevidad, y el historial reproductivo era un elemento poco analizado. Los resultados sugieren que el embarazo y la lactancia materna son piezas hasta ahora poco reconocidas del complejo de la salud cerebral en la tercera edad, abriendo interrogantes sobre otros hábitos femeninos.

Este hallazgo impulsa nuevas estrategias de salud pública y líneas de investigación enfocadas en la prevención del deterioro cerebral y el desarrollo de posibles terapias. El objetivo es desarrollar intervenciones que repliquen los efectos naturales observados, tanto en medicamentos como en iniciativas sociales, inspiradas por los patrones reproductivos identificados en el estudio, y así mejorar la calidad de vida en la vejez.
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