
En un artículo para cuerpomente.com, el periodista Pablo Cubí del Amo evoca el pensamiento del filósofo centenario que sigue haciendo oír su voz sobre todas las problemáticas humanas contemporáneas. Una voz que tiene el plus de ser la de un testigo de la casi totalidad del siglo XX y del primer cuarto del XXI.
La suya no es una mirada optimista: “Morin rememora el mundo de 1920 que lo vio nacer (y no olvidemos que llevó a la Segunda Guerra Mundial) y se estremece ante los movimientos que capta en la actualidad”, escribe Pablo Cubí del Amo.
Uno de esos movimiento que alarman a Morin es la creciente fragmentación del mundo, contra lo que pronosticaban los gurúes de la globalización. La fragmentación no es sólo de las personas; también de los problemas que “se analizan como islas” o de la ciencia que se especializa al extremo perdiendo el enfoque general.

“Este filósofo propone que volvamos a abrir el foco. Los mayores logros se consiguen en la interconexión”, dice Del Amo.
Un ejemplo que da Morin es el de la migración que no es para él un problema meramente económico, sino que también presenta aristas históricas, culturales, psicológicas y ambientales.
El propio Morin incursiona en “diversos campos del saber”, porque cree que la interacción de distintos enfoques es la vía para “obtener mejores soluciones”, evitando los reduccionismos.
“Critica la cultura de masas actual que, sostiene, favorece la idea de rebaño y perjudica un pensamiento crítico. Nos es más fácil dejarnos llevar”, escribe Del Amo.
A los 104 años, Morin sigue activo y produciendo, analizando la actualidad. No está anclado en el pasado a pesar que en su mochila trae mucho vivido, pensado y actuado.

La pregunta por la longevidad y una respuesta que se sale del molde
Del Amo dice que la pregunta infaltable en todas las entrevistas con Edgar Morin es “¿Cuál es el secreto de su longevidad?”
Sus respuestas no pasan por lo físico -ingesta, movimiento, descanso, etc-. Para él todo está en el espíritu.
La receta la dio en julio pasado, en una entrevista con el diario italiano Corriere della Sera: “Conservo la curiosidad de la infancia, las aspiraciones de la adolescencia, las responsabilidades del adulto y, ya anciano, trato de nutrirme de la experiencia de las edades que he atravesado.”
En otra ocasión dijo: “Tengo todas las edades en mí”. Y agregó que la vejez no debe asociarse a la pasividad, sino que puede ser “un terreno fecundo para la creación y la rebeldía”.

Aunque las coyunturas parecen repetirse de modo cíclico, Morin dice que hay seguir aprendiendo porque los hechos no se repiten fielmente, siempre hay matices.
Al comentar que Morin es un filósofo que sigue siendo escuchado, Del Amo señala: “Los pueblos que veneran y escuchan a sus ancianos suelen tener tasas más altas de longevidad”. Y agrega: “Cuando un anciano deja de formar parte del núcleo familiar, cuando se le instala en una residencia para que no moleste una vez ya no sirve para cuidar a los nietos, cuando se hace eso, se le está tratando de carga y se le restan motivos de vida.”
El filósofo francés nació el 8 de julio de 1921. En la mencionada entrevista con el Corriere, cuando le preguntaron si veía algo en común entre aquellas décadas de su infancia (1920 y 1930) y la actualidad, responde: “El mundo de hoy ha cambiado. Sin embargo, me parece estar viviendo una época similar a la de entonces: ¿acaso veremos como sonámbulos al Titanic navegar hacia el iceberg?” y advierte: “¡Está en juego el destino de la Humanidad!
Nos hemos convertido en una Humanidad potencialmente suicida. Una guerra llevada hasta sus consecuencias extremas solo dejará derrotados”. Ve a Europa “paralizada”, en “un estado agónico”.

Para Edgar Morin, “la barbarie del pensamiento está en la simplificación, en la disociación, en la separación, en la racionalización... en detrimento de la complejidad, de los vínculos inseparables y también del sueño y de la poesía”. “El pensamiento -sigue diciendo- se ha convertido en un apéndice del cálculo, cuando originalmente el cálculo debía ser un apéndice del pensamiento. La inteligencia artificial puede dar miedo, pero yo temo sobre todo la inteligencia humana superficial.”
Apunta contra la hiper-especialización en ciencia: “Las ciencias acumulan conocimientos sobre lo humano, pero estos están separados unos de otros por barreras disciplinarias. Se enseña el cerebro en Biología, la mente en Psicología, y las Ciencias Humanas descartan toda idea del hombre biológico. Nunca ha habido tantos conocimientos sobre el hombre, y nunca se ha sabido tan poco sobre qué es el ser humano: hay una especie de agujero negro en nuestro conocimiento de nosotros mismos, y eso obstaculiza la comprensión mutua.” La esencia de lo humano está hoy reducida al “homo economicus”, lamenta Morin.
Pese a sus preocupaciones y su mirada algo sombría del presente, no renuncia a la esperanza: “Jamás cerraré los ojos ante los aspectos crueles, implacables, despiadados del ser humano, ni fingiré no ver los aspectos terribles de la vida. Pero también quiero ver aquello noble, generoso y bueno que hay en la Humanidad, y sentir la vida en sus rasgos encantadores y maravillosos. No se logra nada sin esperanza, encerrándose entre los muros de la melancolía, de la resignación. Hay que saber también liberarse de los egocentrismos y de los rencores, esforzarse por comprender mejor a los otros, alejar las bajezas, los pretextos y las miopías mentales. Es un prerrequisito.”
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