
La fragilidad social afecta el desarrollo de demencia en personas mayores. Así lo afirma un estudio difundido por The Journals of Gerontology. El informe analizó a 851 adultos mayores de 70 años, que no presentaban señales de deterioro cognitivo al inicio del estudio. Durante 12 años, los expertos siguieron la evolución de estos individuos y examinaron su red de relaciones y actividades sociales.
El análisis arrojó que aquellas personas con menos lazos sociales y menos contactos cercanos tuvieron un riesgo notablemente mayor de padecer trastornos de memoria. La exploración del vínculo entre relaciones sociales y salud mental identificó que el aislamiento y la falta de apoyo o interacción recurrente influyeron directamente en la aparición de demencia.
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El dato principal indica que quienes presentan fragilidad social tienen un 50% más de posibilidades de desarrollar demencia respecto a los que mantienen vínculos activos y cercanos.
Identifican la importancia de las conexiones sociales para la función cognitiva
Según Suraj Samtani, psicólogo clínico del Centro para el Envejecimiento Cerebral Saludable de la Universidad de Nueva Gales del Sur, la fragilidad social incluye la soledad, pero abarca también el tamaño y la calidad de las redes de apoyo de una persona. La ausencia de relaciones sólidas, la falta de personas con confianza mutua o de contactos en quien confiar resultaron determinantes en la evolución cognitiva de los participantes.

Asimismo, la socióloga Brea Perry, de la Universidad de Indiana, explicó que la población suele subestimar la influencia que la conexión social ejerce sobre la salud física y mental. De acuerdo con Perry, existe una relación con la mortalidad y la morbilidad incluso más fuerte que la asociada a otros factores clásicos.
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Diversos estudios previos reflejan que la calidad de las relaciones sociales incide de forma significativa en el ritmo de deterioro cognitivo en la vejez.

Los datos obtenidos señalaron que la soledad no constituye el único aspecto medible. Otros factores considerados fueron la frecuencia del contacto presencial, los niveles de actividad social y la estabilidad económica. De acuerdo con Samtani, las personas con mejores lazos sociales mostraron menos incidencia de problemas de memoria y menos deterioro relacionado con la edad.
El equipo de investigadores utilizó cinco instrumentos de evaluación de la fragilidad social para determinar cuál predecía mejor el desarrollo de demencia. Todos esos índices incluyeron preguntas sobre actividades, frecuencia de interacción, sensación de soledad y situación financiera de los participantes.
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Durante el período del estudio, 260 personas desarrollaron demencia. El análisis llamó la atención sobre la importancia de la prevención en el entorno social, un factor que puede detectarse en consultas médicas mediante exámenes sencillos, según los especialistas. Samtani remarcó que la fragilidad social debería considerarse un indicador de riesgo similar al de otras afecciones médicas.
Frente a la evidencia, surge el debate sobre posibles intervenciones. El informe destacó que fortalecer los vínculos sociales y promover la interacción podría contribuir a preservar la función cognitiva y retrasar síntomas. Sin embargo, los expertos continúan investigando qué tipo de relación social representa el factor de protección más eficaz.
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A partir de estos resultados, los científicos comenzaron a explorar el uso de asistentes virtuales para combatir el aislamiento en ancianos con demencia o en riesgo, de acuerdo con la Universidad de Nueva Gales del Sur.
En la actualidad, un equipo liderado por Samtani prueba un asistente virtual llamado Viv y Friends en hogares de cuidado para adultos mayores en Australia. Este asistente, instalado en tabletas, mantiene conversaciones y ayuda a los usuarios a realizar actividades cotidianas.
Según precisó National Geographic, los primeros ensayos mostraron que algunos residentes experimentaron mejoras en su estado de ánimo tras interactuar con la inteligencia artificial.

Los responsables del proyecto buscan que Viv ayude a disminuir la ansiedad, ayude con recordatorios y fomente el ejercicio de la memoria mediante charlas y juegos cognitivos. Aun así, los especialistas subrayan que la tecnología debe complementar, pero no reemplazar, el contacto humano directo.
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El epidemiológico Sachin Shah, de la Escuela de Medicina de Harvard, advirtió sobre la necesidad de cautela ante las innovaciones tecnológicas. Según Shah, la asistencia virtual puede colaborar en la atención, pero no sustituye la importancia del entorno humano para preservar la calidad de vida.
De acuerdo con los especialistas, recordar momentos del pasado y compartir vivencias produce beneficios psicológicos y suele formar parte de terapias recomendadas para retrasar el avance de la demencia. La terapia de reminiscencia permite que personas con problemas de memoria mantengan una mejor salud emocional y continúen participando de la vida social, aunque sea a través de medios digitales.
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