
Ball & Chain, el bar de Little Havana que funciona en la histórica Calle Ocho, fue elegido entre los mejores de Estados Unidos por Esquire en su edición de verano. El reconocimiento volvió a poner en primer plano a un local abierto en 1935, asociado desde entonces con música en vivo y coctelería de ron.
La distinción tuvo un dato singular: fue el único establecimiento de Florida incluido en el ranking “Los mejores bares de Estados Unidos”, consignó Miami Herald. En esa selección también aparecieron bares de Austin, Birmingham, Chicago, Los Ángeles, Nashville, Nueva Orleans, Brooklyn, Manhattan, Seattle, St. Paul, Tucson, Placentia y Washington D. C..
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El criterio de Esquire combinó ubicación, historia y atmósfera. El escritor de la revista Khuong Phan describió al local como un sitio atravesado por “contrabandistas, jugadores, mafiosos, políticos corruptos” y recordó que Billie Holiday cantó allí. Phan vinculó la experiencia del bar con su oferta actual: “Los mojitos de Ball & Chain siempre relajan el ambiente. Es imprescindible, porque la banda lo da todo”.
La apertura del bar y sus polémicos dueños
De acuerdo con la historia institucional publicada por Ball & Chain, el local abrió en 1935 en Southwest Eighth Street, antes de que esa vía consolidara su identidad como Calle Ocho. El negocio se mantuvo activo hasta fines de los años 50, con cambios de nombre como Himmel’s Ball & Chain en 1949 y Ball & Chain Tavern en 1953.
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En los años 50, el negocio pasó por manos de Ray Miller, Henry Schechtman y otros propietarios. Miller era un convicto y organizador del Sindicato de Camioneros, y Schechtman era un empresario que “a menudo operaba fuera de la ley”.
Los hijos de Schechtman afirmaron que su padre traficaba licor robado y cigarrillos de contrabando, integraba la mafia judía y había estado en prisión. Además, sostuvieron que organizaba peleas a puño limpio detrás de los apartamentos Tower, relató el sitio web del bar.
Por su parte, entre los antecedentes de Miller figuró un arresto por embriaguez en la vía pública. Tras ese episodio, afirmó que la denuncia era una “acusación por venganza” y responsabilizó a un empleado molesto de un negocio lindero.
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Durante sus primeros 25 años, el lugar tuvo múltiples dueños y ganó notoriedad en una época en la que el juego era frecuente en Miami y los cierres por infracciones vinculadas con apuestas y licor eran habituales. El sitio oficial citó incluso una noticia del Miami Herald de alrededor de 1941, que acusó al club de actuar con la certeza de que no sufriría redadas policiales por juego ilegal.

La presencia musical y el cierre a fines de los años 50 tras una disputa con Count Basie
Pese a que no se sabe con exactitud en qué momento el Ball & Chain abrió sus puertas a músicos afroamericanos, hacia fines de los años 40 y comienzos de los 50 artistas negros ya tenían presencia en Miami Beach y en los locales nocturnos ubicados sobre Biscayne Boulevard.
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Según Ball & Chain, una investigación exhaustiva solo permitió confirmar de manera consistente las actuaciones de Billie Holiday, Count Basie y Chet Baker en la segunda mitad de los años 50, aunque los hijos de Henry Schechtman atribuyeron al local presentaciones de Ella Fitzgerald, Nat King Cole, Lena Horne y Louis Armstrong.
El episodio que precipitó el final del primer Ball & Chain ocurrió en enero de 1957, cuando Count Basie fue contratado para una serie de presentaciones. El bar le pagó USD 5.100, la misma cifra que había recaudado por esa actuación, pero su contrato estipulaba USD 13.000.
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El artista demandó por el saldo impago y obtuvo una sentencia por USD 5.000. Ese resultado dejó al club fuera de funcionamiento y, en 1958, el espacio pasó a ser ocupado por Copa Lounge Tavern.

De Calle Ocho a Little Havana: el cambio del barrio y la reapertura del local
El cambio demográfico del entorno fue decisivo. De acuerdo con la historia oficial de Ball & Chain, a fines de los años 50 y durante los 60 la llegada de cubanos que huían primero de la dictadura de Fulgencio Batista y luego de la de Fidel Castro redefinió el barrio.
En 1967 la fuerte presencia cubana en Southwest Eighth Street llevó a que muchos empezaran a llamarlo Little Havana y a su eje principal, Calle Ocho.
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Ese mismo año, el espacio de 1513 Southwest Eighth Street pasó a ser la tienda de muebles Futurama, que funcionó hasta mediados de los años 90. Después, el edificio quedó vacío hasta que el Barlington Group impulsó una renovación extensa para reabrirlo bajo su antiguo nombre.
Actualmente, el bar pertenece y es operado por Bill Fuller, Zack Bush y Ben Bush, de Mad Room Hospitality, grupo que gestiona el restaurante polinesio histórico Mai Kai en Fort Lauderdale, reportó el Miami Herald.
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