
(Desde Washington, Estados Unidos) Donald Trump y Mojtaba Khamenei definieron abrir el estrecho de Ormuz y establecer un plaza de negociación de 60 días para cerrar un acuerdo sobre el programa nuclear iraní, la fabricación de misiles balísticos, las sanciones financieras que impuso Estados Unidos al régimen chiíta y el descongelamiento de millones de dólares que pertenecen a los ayatollahs.
Las diferencias entre Trump y Khamenei se manifiestan en todos los detalles: el líder religioso iraní no quería anunciar ayer el acuerdo bilateral, porque era el cumpleaños del Presidente de los Estados Unidos.
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A Trump no le importó la premisa exigida por Khamenei a los negociadores de Pakistán y Qatar, y anoche antes de soplar la torta con las 80 velitas, anunció que se había llegado a un acuerdo con Irán.
La diferencia de tiempo entre Teherán y Washington es de 7.30 horas.
Entonces, los dos enemigos mortales tendrían razón: para Khamenei ya era lunes en su bunker secreto, mientras que Trump se preparaba para un evento de lucha libre en la Casa Blanca, que inició en la noche del domingo.
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La falta de coincidencia sobre la fecha del anuncio formal del acuerdo, explicita las diferencias que deberán resolver los enviados de Estados Unidos e Irán cuando se sienten a negociar a través de Pakistán y Qatar.
Trump y Khamenei acordaron abrir Ormuz, que estaría operativo el próximo viernes, tras la firma del convenio que tendrá a Ginebra como escenario político.
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Pero existe una diferencia estructural de compleja solución.
Irán quiere cobrar un peaje a los barcos que utilicen Ormuz, en tanto que Trump exige que haya libre navegación del Estrecho como sucedió siempre.
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“El paso no tendrá peaje”, sostuvo Trump.
Irán aún no fijó posición pública tras el anuncio del acuerdo. Sin embargo, durante el conflicto y las negociaciones, Teherán había anunciado que cobraría un peaje por el uso de Ormuz.
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A las divergencias sobre la navegación en el Estrecho, se debe sumar las diferencias que tienen Estados Unidos e Irán respecto al plan nuclear del régimen chiíta.
Trump exige tomar el control absoluto del programa atómico, mientras que Khamenei sólo aceptaría diluir el enriquecimiento del uranio que permitiría a Irán tener un artefacto nuclear.
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Junto a esta concesión, el líder religioso también avalaría que las Naciones Unidas controlen todo el uranio iraní, que en la Casa Blanca calculan casi en 10 toneladas.
La administración republicana no quiere repetir la experiencia de Barack Obama, que acordó con Teheran un sistema de controles ejecutado por la ONU, y años después se descubrió que los ayatollahs estaban a 90 días de tener un arsenal atómico.
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En este contexto, Trump pretende controlar todo el plan nuclear iraní: desde los insumos hasta las centrifugadoras, que son clave para evitar que Teherán pueda fabricar la bomba atómica en el futuro.
El régimen chiíta entregaría el uranio enriquecido y permitiría monitorear las instalaciones nucleares, pero no tiene intenciones de ceder las centrifugadoras y menos aún transferir la documentación secreta de su desarrollo científico y tecnológico.
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El Memorando que negocian Estados Unidos e Irán tiene un capítulo vinculado a los grupos terroristas apoyados por Teherán y a los millones de dólares bancarios congelados por la Casa Blanca que pertenecen a los ayatollahs.
Hezbollah, Hamas y los Huties -respaldados por Irán- tienen como objetivo fundacional destruir a Israel. Y el premier Benjamín Netanyahu ya anticipó a la administración republicana que mantendrá los combates en el Líbano y Gaza, ante la menor agresión de Hezbollah y Hamas.
La posición de Netanyahu es una amenaza a las intenciones de Trump de cerrar con Irán. Es la primera vez que en las relaciones geopolíticas entre Washington y Jerusalén hay tanta tensión y desconfianza.
Trump no descarta descongelar 24.000 millones de dólares a favor de Irán -en dos tramos-, si Khamenei acepta sus condiciones sobre Ormuz y el programa nuclear.
Teherán exige el descongelamiento cuanto antes, y descarta que haya dos etapas sucesivas vinculadas al ritmo de las negociaciones.
Khamanei quiere los fondos millonarios al inició de todo, un reclamo que es rechazado por los países del golfo Pérsico e Israel.
Los aliados regionales de Estados Unidos temen que Irán prometa ciertas condiciones a cambio de esos fondos, y que finalmente no cumpla con su parte como ocurrió con Obama.
El acuerdo se firma en Ginebra, el próximo 19 de junio. Y anoche no se descartaba en la Casa Blanca que Trump protagonice la ceremonia tras participar del G7 que organiza Francia.
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