
Un caso insólito ocurrido en Carol Stream en Illinois ha puesto bajo la lupa un problema inesperado para los propietarios de vehículos de alta gama: ardillas hambrientas han causado daños valorados en cerca de 30.000 dólares al atacar varios autos estacionados en la zona. La experiencia de un conductor local ha encendido la alarma sobre los riesgos que pueden acarrear estos animales cuando encuentran en los automóviles modernos un inesperado festín a base de componentes vegetales.
La historia la protagoniza Myron Sonkin, quien durante más de dos décadas aparcó su flota de vehículos en el estacionamiento exterior de su negocio sin mayores sobresaltos. Todo cambió cuando adquirió un BMW 430i a finales del año pasado. Sonkin, entusiasmado con su nuevo automóvil, lo dejó en el aparcamiento del trabajo en marzo, cuando apenas tenía 2736 kilómetros recorridas. Al regresar para conducir a casa, el tablero encendió una advertencia: “No conduzca, llame a la asistencia en carretera”. Lo que parecía un fallo menor pronto se reveló como el inicio de una serie de ataques.
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El concesionario BMW, al inspeccionar el vehículo, halló marcas de garras y mordiscos, además de los restos de una madriguera improvisada bajo el capó. El análisis técnico reveló que el responsable había mordisqueado el cable de apertura del capó, el sensor de nivel del depósito de refrigerante, la zona de la transmisión y había retirado parte del aislamiento para construir su nido. La factura por la primera reparación ascendió a 10.000 dólares.

No fue un caso aislado. Mientras el BMW original estaba en el taller, Sonkin recibió un vehículo de reemplazo, también de la marca. Pero las ardillas volvieron a hacer de las suyas: otro episodio de mordeduras y destrozos elevó el gasto a 14.000 dólares adicionales. Un tercer auto prestado, nuevamente atacado en el mismo estacionamiento, sumó 6.000 dólares más en daños. “No podía creerlo, fueron tres veces en 10 o 12 días”, relató Sonkin, quien se vio obligado a replantearse el uso de su nuevo vehículo para acudir al trabajo.
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Este patrón de daños —mordeduras en cables, sensores y aislamiento arrancado para formar nidos— constituye una clara evidencia de actividad de roedores, en este caso ardillas, que encontraron en los automóviles un entorno propicio para alimentarse y refugiarse. El concesionario confirmó la presencia de huellas, mordiscos y materiales de nidificación en cada inspección. Sorprendentemente, Sonkin afirmó que en veinte años nunca había sufrido ni observado incidentes similares en sus autos, lo que aumentó la perplejidad ante la frecuencia y gravedad de los ataques recientes.
La explicación de este fenómeno podría encontrarse en la evolución de los materiales utilizados por los fabricantes de automóviles. Según Consumer Reports, existe la creencia de que el problema se ha intensificado porque las marcas están empleando componentes biodegradables de origen vegetal en el cableado y otras partes, con el objetivo de reducir residuos y mejorar la sostenibilidad. Estos materiales, en ocasiones a base de soja, habrían convertido a ciertos vehículos en un blanco atractivo para los roedores. Aunque algunos usuarios han presentado demandas responsabilizando a las piezas a base de soja de los daños, hasta el momento ninguna ha prosperado en los tribunales.
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El sector de la reparación de automóviles ya ha registrado incidentes similares. Bill DeMaio, de River North Collision Repair, afirmó haber visto casos de daños provocados por roedores en BMW y explicó que, una vez que los animales empiezan a roer el cableado, las reparaciones pueden volverse onerosas. DeMaio recomienda el uso de aerosoles repelentes y cinta protectora como medidas preventivas, aunque advierte que solo funcionan si se aplican antes de que los roedores inicien su labor destructiva.
Ante la reiteración de los ataques, Sonkin optó por instalar sensores de sonido y luz bajo el capó, dispositivos relativamente económicos diseñados para ahuyentar a los animales. Aseguró que, desde que implementó estos sistemas, no ha vuelto a ver ardillas en las inmediaciones de sus autos durante seis semanas, lo que sugiere que estas tecnologías pueden ser una alternativa efectiva para prevenir futuros daños.
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El concesionario BMW de la zona, por su parte, manifestó que atiende alrededor de 2.000 vehículos mensuales y nunca antes había registrado un caso de daños recurrentes por roedores como el experimentado por Sonkin. Consultada sobre la problemática, la empresa no respondió a los requerimientos de los investigadores. Es importante señalar que el uso de materiales biodegradables de origen vegetal no es exclusivo de BMW, sino una tendencia que comparten numerosos fabricantes de la industria automotriz, en la búsqueda de alternativas más sostenibles y respetuosas con el medio ambiente.
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