El plan de deportar a un millón de personas desató una crisis en la cúpula migratoria en Estados Unidos

La estrategia federal de expulsiones masivas provocó divisiones internas en el Departamento de Seguridad Nacional y desató protestas, demandas y críticas de organizaciones defensoras de derechos civiles

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Un grupo de hombres con cadenas en la cintura es escoltado por personal uniformado hacia la rampa abierta de un gran avión de carga en la pista de un aeropuerto
La meta de deportar un millón de personas durante el primer año de la presidencia de Donald Trump desató una crisis interna en el Departamento de Seguridad Nacional (Gobierno de Donald Trump )

La meta de deportar a un millón de personas en el primer año de la nueva presidencia de Donald Trump desató una crisis en la cúpula de inmigración del gobierno federal. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) diseñó un “plan maestro” que proponía la coordinación de ICE, la Patrulla Fronteriza y el Departamento de Defensa para ejecutar redadas masivas en ciudades de Estados Unidos, con el objetivo de localizar a inmigrantes con órdenes previas de expulsión.

La estrategia, impulsada por altos funcionarios del área y por la secretaria Kristi Noem, contemplaba ingresar a viviendas sin orden judicial y agilizar las deportaciones, sin derecho a apelación, según reveló NBC News. La medida evidenció profundas divisiones internas y provocó protestas, demandas y una ola de críticas de defensores de derechos civiles.

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Disputa interna en la cúpula migratoria

La génesis del conflicto surgió cuando Rodney Scott, jefe de la Patrulla Fronteriza, junto a sus asesores y con el aval de Noem, presentó el esquema centralizado de control migratorio. El plan apostaba por la contundencia: sumar esfuerzos de ICE y la Patrulla Fronteriza, y recibir respaldo logístico del Departamento de Defensa, para expulsar de manera acelerada a migrantes con órdenes de salida.

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Rodney Scott, jefe de la Patrulla Fronteriza, impulsó el plan centralizado de control migratorio que buscaba acelerar las deportaciones mediante la coordinación de agencias federales y el respaldo logístico del Departamento de Defensa (AP)

La resistencia surgió de inmediato. Caleb Vitello, exinterino de ICE, advirtió que muchas de las direcciones de los 700.000 inmigrantes con órdenes de expulsión no estaban actualizadas y alertó sobre el riesgo de arrestar a ciudadanos estadounidenses por error.

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La discusión escaló a tal punto que, durante una reunión en febrero de 2025, los organizadores debieron desalojar la sala para evitar un enfrentamiento mayor. El episodio expuso las profundas fisuras entre quienes priorizaban la rapidez operativa y quienes defendían el debido proceso, según NBC News.

Primer plano del artista PSY con cabello oscuro peinado hacia atrás, gafas, barba, traje azul, camisa de rayas y corbata. Un mapa al fondo
Caleb Vitello, exdirector interino de ICE, advirtió sobre los riesgos de detenciones erróneas y la falta de actualización en los registros migratorios durante la implementación de redadas masivas en Estados Unidos (Captura de video )

Pocos días después, Noem reasignó a Vitello a funciones de formación de nuevos agentes, mientras Todd Lyons asumió el liderazgo operativo de ICE. Las fuentes oficiales declinaron comentar sobre el trasfondo de la decisión, pero la maniobra confirmó el nivel de tensión y la presión por cumplir la promesa presidencial.

De la sala de reuniones a las calles: redadas y protestas

Aunque el centro de mando nacional nunca se implementó por completo, Lyons autorizó en mayo la ejecución de redadas en domicilios solo con órdenes administrativas, sin requerir una orden judicial. El cambio normativo permitió a los agentes federales entrar en casas de personas con órdenes de expulsión vigentes, acelerando los procedimientos de detención y deportación.

Las primeras operaciones se desplegaron en Los Ángeles y pronto se expandieron a otras ciudades. La situación generó alarma entre líderes comunitarios y autoridades locales.

Las protestas no tardaron en aparecer: organizaciones de derechos humanos, alcaldes y defensores de las comunidades inmigrantes denunciaron la política como una amenaza a las libertades civiles y una fuente de temor para miles de familias.

Varios agentes con equipo táctico completo y máscaras de gas en una calle urbana. Un oficial en primer plano usa una cámara corporal y sostiene un arma. Hay cinta policial en el suelo
El "plan maestro" de deportaciones masivas propuso la coordinación de ICE, la Patrulla Fronteriza y el Departamento de Defensa para acelerar la expulsión de inmigrantes con órdenes previas (Reuters)

Las críticas se centraron en el impacto humano de las redadas y en la posibilidad de separar familias, incluyendo casos en los que ciudadanos estadounidenses resultaron afectados por errores en la verificación de datos. El aumento de la presencia de agentes federales en barrios residenciales contribuyó a un clima de tensión y desconfianza.

Los derechos civiles bajo presión

El uso de órdenes administrativas en lugar de órdenes judiciales encendió el debate nacional sobre los límites de la autoridad federal. Vitello advirtió en su momento que la falta de control sobre las direcciones y la ausencia de supervisión judicial podían provocar detenciones erróneas y dañar la reputación de las agencias.

El punto de cambio significativo se produjo tras dos incidentes fatales en Minneapolis, donde ciudadanos estadounidenses murieron durante operativos migratorios. La noticia no solo generó fuerte repercusión en la opinión pública, sino que además provocó una caída en la popularidad de Trump en temas migratorios.

Donald Trump, vestido de traje oscuro y corbata roja, conversa con un agente de la Patrulla Fronteriza en uniforme verde junto a un muro oscuro
El expresidente Donald Trump habla con Rodney Scott junto a una sección del muro fronterizo entre Estados Unidos y México (AFP)

En una entrevista, el propio presidente admitió: “Aprendí que quizá deberíamos usar un enfoque un poco más suave. Pero aún hay que ser firmes”.

A raíz de estos hechos, la presión sobre la Casa Blanca aumentó. Organizaciones como la ACLU y abogados de derechos civiles presentaron demandas para limitar los operativos sin orden judicial y restaurar garantías básicas del debido proceso.

Las cifras no cierran: metas y realidades

Pese a la reorganización interna y la presión política, la administración no logró el objetivo de un millón de deportaciones. En una audiencia legislativa, Todd Lyons reconoció que la cifra total desde el regreso de Trump a la presidencia alcanzó los 570.000 casos.

El resultado insuficiente y el desgaste interno precipitaron la salida de Kristi Noem, quien fue reemplazada por el senador Markwayne Mullin en marzo. Mullin, según fuentes del DHS citadas por el medio estadounidense NBC News, suspendió la política de ingresos a viviendas sin orden judicial y paralizó la compra de almacenes para detención masiva.

El nuevo enfoque busca proyectar una política menos confrontativa en materia migratoria, aunque la presión política no ha desaparecido.

El país dividido: reacciones y desafíos

Las redadas y la política de deportaciones masivas generaron una reacción inmediata en las ciudades afectadas. Alcaldes de grandes urbes y líderes rurales manifestaron su oposición, advirtiendo que los operativos masivos podían paralizar sectores clave de la economía, como la agricultura, y provocar escasez de mano de obra.

El medio estadounidense CBS News y la agencia Associated Press analizaron el costo económico y social de la estrategia. Expertos calculan que cumplir la meta de un millón de deportaciones requeriría al menos USD 88.000 millones anuales y un despliegue logístico de dimensiones sin precedentes.

El impacto sobre las familias, el sistema judicial y la economía local se mantiene como uno de los principales obstáculos para los impulsores de la política.

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