Carolina del Norte enfrenta pérdida histórica de viviendas por erosión costera

La combinación de aumento del nivel del mar y geografía inestable llevó a la destrucción de hogares, el traslado de infraestructuras y un debate nacional sobre cómo proteger comunidades enteras

Guardar
Dos cabañas de playa elevadas sobre pilotes de madera se ven bajo un cielo gris. La cabaña M, de color claro, tiene personas en su balcón
El rápido avance de la erosión costera en las Outer Banks de Carolina del Norte pone en riesgo viviendas y comunidades enteras (Reuters)

Decenas de viviendas en la delgada franja de tierra que conforma las Outer Banks de Carolina del Norte desaparecieron bajo el embate del mar en los últimos meses. El fenómeno se aceleró tanto que, en algunos puntos como la isla de Hatteras, los propietarios trasladaron sus casas en ruedas tierra adentro para evitar que las olas las destruyeran, un escenario que ilustró los riesgos crecientes que enfrentan las comunidades costeras del este de Estados Unidos debido al rápido avance de la erosión y el aumento del nivel del mar.

Desde septiembre, al menos 19 casas se destruyeron tras ser arrancadas de sus bases y arrastradas por las olas hasta colapsar contra otras estructuras y desintegrarse en el océano, informó el diario británico The Guardian.

PUBLICIDAD

Barry Crum, residente de toda la vida y principal encargado de movilizar casas en la isla, indicó que tenía el encargo de reubicar más de una docena de viviendas o elevarlas sobre pilotes, incluido el inmueble conocido como Cape Point Retreat. Crum afirmó: “Nunca he visto este tipo de erosión tan rápido antes”.

Una comunidad en retirada ante la erosión

En Hatteras, tanto los residentes históricos como la infraestructura turística sufrieron las consecuencias de la erosión: muchas propiedades costeras funcionaban como casas vacacionales, detalló el diario británico The Guardian. A lo largo de la costa, algunas zonas perdieron hasta tres metros de tierra al año.

PUBLICIDAD

El 30 de septiembre, cinco casas colapsaron en menos de una hora, lo que reflejó la velocidad y fuerza del fenómeno. Desde 2020, se perdieron 31 viviendas en la isla de Hatteras debido a la erosión, obligando a residentes y autoridades a mover casas enteras, planificar la reconstrucción de barreras y traer arena como medida de adaptación frente a la amenaza constante.

Hombre de espaldas sumergido hasta la cintura en el mar agitado. Grandes olas rompen con espuma blanca bajo un cielo gris y nublado
En Hatteras, la pérdida de hasta tres metros de tierra por año obliga a propietarios a trasladar sus casas para evitar la destrucción por el mar. (Reuters)

La erosión costera fue siempre parte del paisaje de las Outer Banks, islas de barrera en movimiento. En 1999, incluso el histórico faro de Cape Hatteras tuvo que ser reubicado tras perder más de 300 metros de playa frente a él, una operación en la que participó el padre de Crum.

Pese a estos antecedentes, los habitantes afirmaron al diario británico no haber presenciado nunca una reducción tan abrupta de playas y dunas como en Buxton.

Cambios en la costa y respuestas limitadas

La principal causa de estos cambios fue la conjunción de una geografía naturalmente inestable con el ascenso acelerado del nivel del mar debido a la crisis climática. La especialista Laura Moore, de la Universidad de Carolina del Norte, describió en el diario británico The Guardian a las Outer Banks como “el canario en la mina” que advierte sobre el futuro para otras comunidades del litoral.

Vista aérea en blanco y negro de una zona costera con edificios, carreteras, una laguna, y una extensa playa de arena con dunas
Fotografía de 1955 tomada desde el faro de Cabo Hatteras en Buxton muestra una franja costera con edificios, carreteras, una laguna y extensas dunas de arena junto a la orilla del mar ( National Park Service)

Moore explicó: “Lo que vemos es una reacción ante estos cambios. Pero no existe una solución fácil. El mar sube, el terreno es móvil y no hay forma de preservar toda la costa a largo plazo”.

David Hallac, superintendente del Cape Hatteras National Seashore del Servicio de Parques Nacionales, detalló que las acciones humanas históricas, como la construcción de dunas artificiales en la década de 1930, agravaron el problema. Estas barreras impidieron la migración natural de la arena y aumentaron la erosión frente a las zonas urbanizadas. “Tenemos lo que se llama ‘coastal squeeze’. Las islas se están volviendo más angostas”, afirmó Hallac.

Vista aérea de una larga costa arenosa con casas elevadas y tejados oscuros que se extienden a lo largo de la playa, con el océano a la derecha y una laguna a la izquierda
Una foto aérea de 2026 muestra el desarrollo de la isla, con algunas casas visiblemente al borde del derrumbe en el océano en abril ( National Park Service)

El Servicio de Parques fue responsable de limpiar los restos de las viviendas destruidas, una tarea cada vez más frecuente. El paisaje en Buxton mostró piscinas desmoronadas, tanques sépticos varados y fragmentos de viviendas mezclados con la arena.

Adaptación forzada y debates sobre el futuro

Los intentos por salvar las viviendas y la infraestructura incluyeron desde la reubicación física de casas —a un costo que superó los USD 300.000 por mudanza, como en el caso de la propiedad Cape Point Retreat— hasta la reposición periódica de arena en las playas y la reconstrucción de un viejo espigón rocoso en Buxton.

No obstante, los efectos resultaron hasta ahora temporales: la arena traída desapareció en pocos años y los obstáculos desplazaron la erosión a otras áreas. Algunos residentes decidieron quedarse pese al desafío. Otros confiaron en que la reparación de la playa y el espigón ayudarán a estabilizar la costa.

Hatteras, ejemplo adelantado del dilema costero global

Las autoridades locales evaluaron la elevación de carreteras o la construcción de puentes para proteger la única vía de acceso, la Highway 12, que periódicamente quedó inutilizable por inundaciones.

A escala nacional, el futuro de las islas expuso un dilema: construir costosas infraestructuras, apostar por la restauración de ecosistemas protectores o aceptar un “retiro gestionado”, es decir, la reubicación planificada de comunidades costeras, concepto que la especialista Laura Moore calificó como especialmente difícil de asumir.

El geólogo local Stanley Riggs declaró este mes en el diario local Daily Reflector: “Movimos el faro. Ahora debemos mover toda una comunidad de la misma manera”.

Persistió la industria local de mudanzas de casas, impulsada por el apego de los habitantes a un entorno que, incluso bajo amenaza, continúan llamando hogar. Crum, el principal transportista de viviendas de Hatteras, señaló: “Este es un mal momento, pero tengo esperanza de que los espigones estabilicen la situación. La isla lleva aquí mucho tiempo. Creo que estaremos bien”.

Las Outer Banks ejemplificaron el impacto directo de la erosión costera en Estados Unidos, donde cada decisión —desde mover una vivienda hasta reconstruir una playa— sometió a prueba la resistencia y capacidad de adaptación de una comunidad frente a un entorno cada vez más desafiante.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD