
Los puestos de café ambulantes en Midtown Manhattan han sido durante décadas un refugio para quienes buscaban una bebida asequible en Nueva York, pero los últimos aumentos de precios —impulsados por problemas en la cadena de suministro y aranceles— están erosionando esa tradición, al punto de que muchos trabajadores y turistas reconsideran este hábito diario, según informó el medio New York Post.
Datos recientes del Bureau of Labor Statistics muestran que el precio de una libra de café molido en Estados Unidos superó los USD 9 en enero de 2026, frente a los USD 4,10 registrados en enero de 2020. Esto representa un incremento de 124% respecto a 2020, y 33% solamente en el último año. Tales cifras reflejan un fenómeno nacional que tiene repercusiones directas en la rutina neoyorquina.
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El aumento de precios afecta el consumo diario del café ambulante
Quienes operan los tradicionales carritos de café eligieron por subir los precios entre 50 centavos y 1 dólar por taza en los últimos meses. Hoy, el café pequeño se vende por USD 1,50 a USD 2, y el tamaño grande alcanza los USD 2,50. El vendedor Aziz Changezi, establecido en el Diamond District desde 2004, resalta que un envase de tres libras de café colombiano que en 2020 costaba menos de USD 10 ascendió a más de USD 22 para 2026.
Changezi afirmó a New York Post: “En los últimos veinte años he aumentado solo un dólar [el precio del café]”. En ese sentido, aseguró que la magnitud de los incrementos recientes no tiene precedentes en su experiencia, aunque considera que sus precios siguen siendo competitivos frente a las grandes cadenas de cafeterías.
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Este encarecimiento impacta tanto a consumidores veteranos como eventuales y modifica hábitos cotidianos. El abogado Dror Bikel, de 61 años, comentó al medio estadounidense: “Tal vez tenga que preparar el café en casa cada mañana”, y expresó su sorpresa ante la subida de precios bajo la actual administración municipal. Por su parte, George Sierra, residente de Long Island que trabaja en Manhattan, resumió la situación: “Todo está subiendo: no solo el café, sino los precios de todo”.
Lou, empleado en Saks Fifth Avenue, confirmó un cambio de rutina: “Ya no compro café en los carritos; lo hago en casa. Resulta más barato que los carritos, las tiendas o las bodegas”.
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Factores globales y locales detrás de la crisis de precios
La presión sobre los precios de los cafés ambulantes se explica por una combinación de factores externos e internos. El año anterior, la administración Trump impuso aranceles “recíprocos” a varios grandes productores internacionales de café, como informó Reuters, lo que disparó el costo de la materia prima.
A pesar de que muchos de esos gravámenes han sido retirados, persiste un arancel del 10% sobre el café colombiano. Paralelamente, la prolongada sequía en partes de Sudamérica ha reducido la oferta y sostuvo la escalada de precios.

La operadora Olivia Vargas, quien vende café colombiano en las inmediaciones de la JPMorgan Chase Tower, advirtió que en su puesto el precio del café pequeño pasó de USD 1,50 a USD 2 desde marzo del año pasado. Reveló a New York Post: “Mi salario tuvo que bajar un poco porque no había suficientes ventas. Mi familia está muy afectada... antes compraba comida para dos días, ahora solo para uno”.
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Frente a una demanda cada vez menor, algunos vendedores dudan en trasladar la totalidad del aumento a sus clientes. John Satar, de John’s Breakfast food cart en la Sexta Avenida, manifestó que aún no ha ajustado los precios, aunque ahora paga el doble por sus granos en comparación con años anteriores. Relató que intenta no subirlos porque muchos clientes habituales, sobre todo trabajadores de la construcción, “no están bien”.
“Hoy la gente apenas puede pagar un café pequeño”, lamentó Satar, de 37 años, quien anticipa que, de no haber un cambio en el panorama, él también se verá obligado a aumentar el precio de las tazas más económicas a USD 2.
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Nueva York enfrenta la amenaza de perder uno de sus atractivos más accesibles
Más allá de los números, el alza en los precios de los carritos pone en riesgo el carácter asequible y tradicional de estos establecimientos, considerados un elemento distintivo del paisaje urbano de la ciudad. La resistencia de los vendedores a trasladar todos los costos a los consumidores se está viendo superada por la persistencia de problemas de suministro, impuestos a las importaciones, y un contexto de inflación generalizada.
Muchos neoyorquinos y visitantes ahora evalúan alternativas como preparar su bebida en casa, lo que amenaza con desplazar una costumbre diaria que, hasta hace poco, parecía inmutable en la vida de Midtown Manhattan.
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