Estados Unidos flexibilizó las sanciones sobre las exportaciones de petróleo venezolano a Cuba, permitiendo envíos limitados a través de empresas privadas para fines comerciales y humanitarios, con el objetivo de aliviar el impacto de la crisis económica en la isla.
El secretario de Estado, Marco Rubio, advirtió que las sanciones se reestablecerían si el petróleo termina yendo a parar al gobierno o al ejército, que dominan la economía del país comunista. “Cuba necesita cambiar. Necesita cambiar drásticamente porque es la única oportunidad que tiene de mejorar la calidad de vida de su gente”, declaró Rubio a la prensa.
La decisión del Departamento del Tesoro responde a la preocupación regional ante el riesgo de colapso en Cuba, que podría provocar inestabilidad y flujos migratorios en el Caribe.
El anuncio oficial se produjo poco después de la participación del secretario de Estado, Marco Rubio, en la cumbre de la Comunidad del Caribe (CARICOM) celebrada en San Cristóbal y Nieves.
Rubio comunicó a los líderes caribeños que el nuevo enfoque de Washington busca facilitar el acceso de la población cubana a recursos esenciales, evitando que los beneficios alcancen directamente a la dictadura de Miguel Díaz-Canel.
La modificación de la política de sanciones establece que las exportaciones de petróleo venezolano a Cuba solo podrán realizarse mediante iniciativas empresariales privadas, excluyendo la intervención estatal y garantizando que los recursos lleguen a la sociedad civil. El Departamento del Tesoro especificó que únicamente se autorizarán operaciones que “apoyen al pueblo cubano” y tengan un destino comercial o humanitario.
La medida responde a los planteamientos expresados durante la cumbre de CARICOM, donde el primer ministro de Jamaica, Andrew Holness, advirtió que un agravamiento de la crisis cubana afectaría la seguridad y la economía de todo el Caribe.
“El sufrimiento humanitario no beneficia a nadie”, afirmó Holness y subrayó que “una crisis prolongada en Cuba no se quedará confinada a la isla”. Además, instó a un diálogo constructivo entre Cuba y Estados Unidos enfocado en la desescalada, la reforma y la estabilidad, y defendió la necesidad de un enfoque más pragmático en las relaciones bilaterales.
El anfitrión de la cumbre, el primer ministro de San Cristóbal y Nieves, Terrance Drew, reclamó apoyo humanitario para Cuba y relató la difícil situación de sus amigos cubanos, quienes afrontan escasez de alimentos, apagones y problemas sanitarios.
Drew, médico de profesión y ex estudiante en la isla, expresó: “Solo puedo sentir el dolor de quienes me trataron tan bien cuando fui estudiante”.
Esta postura de Washington representa un giro respecto a la política de máxima presión aplicada tras la intervención militar en Caracas y la captura del narcodictador Nicolás Maduro, que incluyó la prohibición casi total de exportaciones de crudo venezolano a Cuba. Desde entonces, la isla ha sufrido una escasez crítica de combustible, agravando la crisis alimentaria y energética.
Marco Rubio, históricamente opositor al régimen cubano, optó en esta ocasión por moderar su discurso y priorizar el alivio humanitario, dejando en suspenso nuevas sanciones defendidas por sectores duros del exilio cubano. Rubio reiteró que el petróleo venezolano no debe ser gestionado por entidades estatales cubanas para evitar que los beneficios financien la represión o la exportación de servicios médicos, principal fuente de divisas de la dictadura de La Habana.
El debate también involucró a la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, quien se distanció de las posturas más conciliadoras y afirmó: “No podemos abogar por que otros vivan bajo comunismo y dictadura”.
Persad-Bissessar agradeció públicamente a la administración estadounidense por sus acciones en Venezuela y el Caribe, al considerar que han contribuido a la reducción de la criminalidad en su país al cortar el flujo de armas y drogas desde Venezuela.
Estados Unidos mantiene un embargo sobre Cuba desde 1960, pero la flexibilización de las sanciones sobre el petróleo se produce en un contexto de emergencia regional, con riesgos de migraciones y desestabilización política. La Casa Blanca precisó que la nueva política estará sujeta a estrictos controles y a una supervisión constante para asegurar que los beneficios lleguen directamente al pueblo cubano.
La medida fue recibida con satisfacción cautelosa por los gobiernos caribeños, que temen un colapso en Cuba y sus posibles efectos sobre la estabilidad y la economía regional. Washington continuará evaluando el impacto de la decisión y sus consecuencias para la política regional y la relación bilateral con La Habana.
(Con información de AFP)
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