
La esquiadora olímpica estadounidense Breezy Johnson vivió un momento de emociones intensas tras conquistar la medalla de oro en el descenso femenino de los Juegos de Invierno de 2026 en Italia. El triunfo, celebrado por el equipo de Estados Unidos, se vio acompañado de un inesperado percance: la medalla original se rompió poco después de la ceremonia. Johnson relató a CBS News que la rotura se debió al peso excesivo del galardón, que terminó venciendo la resistencia de la cinta. “Creo que debido a que eran tan pesados, las cintas realmente no podían sostenerlos”, expresó Johnson, admitiendo que fue “un poco decepcionante” tener que contener el entusiasmo en un momento de celebración, cuando lo único que desean los atletas es festejar sin restricciones.
La organización le entregó una medalla de reemplazo. Johnson explicó que, inicialmente, le habían comunicado que no podría recuperar la original, pero finalmente pudo repararla y conservarla. Ahora planea proteger este objeto tan especial de una forma muy personal: tejiendo una bolsa exclusiva para guardarla. La esquiadora, que se describe como una tejedora apasionada, compartió que el tejido forma parte central de sus supersticiones y rituales antes de competir.
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Johnson tiene la costumbre de tejer un gorro o una diadema nueva para cada carrera importante. Considera este gesto una tradición que le trae suerte y que nunca repite: cada accesorio tejido solo se usa una vez, en la competencia correspondiente, y luego se guarda sin volver a emplearse. “Es una gran superstición para mí”, reveló a CBS News el miércoles pasado. Estos objetos, que se van acumulando en sus maletas, representan para ella recuerdos de cada desafío superado en las pistas. La atleta ha pensado incluso en subastarlos para donar lo recaudado a causas benéficas, ya que, según sus palabras, una vez utilizados en la carrera, pierde el interés personal en ellos.
Más allá de las supersticiones, la medalla de oro alcanzada por Johnson tiene un significado especial. La deportista decidió dedicarla a su padre, quien le enseñó a esquiar y fue su primer referente en las pistas. Johnson comentó que su padre descubrió que nunca podría volver a practicar esquí, y por eso quiso rendirle homenaje con su logro más importante. “Pensé que lo mejor que podía hacer era intentar esquiar lo más rápido posible”, declaró emocionada, resaltando el peso emocional de su victoria.
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El contexto de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 estuvo marcado por la polémica política y el debate público en torno a la representación nacional. Johnson eligió mantenerse al margen de esas discusiones, asegurando que prefiere concentrarse en el deporte y en su aporte personal fuera de la esfera política. “Ha habido mucha retórica. Personalmente, prefiero centrarme en el esquí”, afirmó. La esquiadora considera que los debates de celebridades no modifican las posturas de fondo de las personas y opta por donar parte de sus ingresos a organizaciones benéficas que, a su juicio, realizan un trabajo en el que cree.

El oro obtenido en el descenso femenino fue el primero para el equipo estadounidense en Milán-Cortina, pero el desempeño de Johnson en otros eventos no resultó igual de exitoso. En la prueba de eslalon por equipos, disputada junto a su compañera Mikaela Shiffrin el martes, no lograron subir al podio. Tras la carrera, Johnson fue vista conversando con Shiffrin, ofreciéndole palabras de aliento. “Le dije: ‘Sé que lo intentaste lo mejor que pudiste y todo saldrá bien’”, reveló la esquiadora. Subrayó que entiende la naturaleza del deporte y que no guarda rencores, ya que el esquí está lleno de variables fuera del control de los atletas. Ambas dieron lo mejor de sí, aunque los resultados no acompañaron.
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La relación de Johnson con sus compañeras de equipo trasciende las competencias. Tras la caída de la veterana Lindsey Vonn en la misma carrera de descenso que le dio a Johnson el oro, Vonn, de 41 años y campeona mundial, le envió un mensaje de felicitación. Johnson valoró el gesto y explicó que Vonn atravesaba momentos difíciles, especialmente luego de haberse lesionado apenas una semana antes, al romperse el ligamento cruzado anterior. Johnson expresó comprensión por la decisión de Vonn de competir a pesar de la lesión, destacando que los esquiadores están acostumbrados a desafiar las probabilidades y a buscar hazañas que parecen propias de un guion de cine. “La realidad es que esas cosas se convierten en películas porque son tan improbables. Y, por desgracia, no siempre se puede; no siempre es como en las películas”, reflexionó.
La esquiadora también abordó los riesgos inherentes a su disciplina. Describió al esquí de descenso como un deporte “contraintuitivo”, en el que los atletas alcanzan velocidades de hasta 125 kilómetros por hora, protegidos solo por licra y con cuchillas gigantes en los pies. “Es como la Fórmula Uno sobre hielo, con cuchillos gigantes, ¿quién no quiere verlo?”, comentó Johnson, resaltando la combinación de peligro y emoción que define a esta disciplina. Reconoció que competir a ese nivel exige una gran capacidad para manejar la presión y el peligro extremo, pero cuando las cosas salen bien, la sensación es incomparable.
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