
Una fuerza militar estadounidense sin precedentes se ha desplegado en el mar Caribe y frente a la costa de Venezuela, como parte de una ofensiva contra el narcoterrorismo que ha intensificado las tensiones entre Washington y Caracas. El gobierno presidido por Donald Trump ordenó el traslado de buques de guerra, aviones de combate y tropas a la región, bajo el argumento de contrarrestar amenazas emanadas del territorio venezolano y atribuidas al dictador bolivariano Nicolás Maduro.
La Marina de Estados Unidos tiene actualmente ocho buques de guerra en la zona, entre ellos tres destructores, tres barcos de asalto anfibio, un crucero y un buque de combate litoral adaptado para operaciones en aguas costeras. Estos barcos de asalto anfibio conforman un grupo de preparación expedicionaria, transportando una fuerza significativa de Marines junto con helicópteros de la Marina, aviones Osprey de rotor basculante y jets Harrier capaces de realizar despliegues rápidos y ataques a objetivos tanto terrestres como marítimos.
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A pesar de la falta de cifras oficiales por parte de las autoridades estadounidenses, se sabe que los destructores y cruceros navegan con misiles de crucero Tomahawk, proyectiles con alcance de varios cientos de kilómetros.
Un submarino de la Marina estadounidense, el USS Newport News, también patrulla la región, preparado para operaciones similares.
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Junto a la presencia naval, la aviación militar aporta un contingente de avanzada: un escuadrón de jets F-35B Lightning II fue avistado en Puerto Rico a mediados de septiembre, y drones MQ-9 Reaper de la Fuerza Aérea —capaces de transportar hasta ocho misiles guiados por láser y operar a largas distancias— han sido detectados por satélites y observadores militares en la zona.
Además, aviones de patrulla marítima P-8 Poseidon operan desde la región caribeña, reforzando la vigilancia aérea. El ejército estadounidense publicó este mes imágenes de un AC-130J Ghostrider estacionado en Puerto Rico, una aeronave diseñada para ataques de precisión con artillería pesada. En paralelo, la Fuerza Aérea estadounidense desplegó bombarderos B-52 Stratofortress sobre el Caribe, en lo que el Pentágono calificó como una “demostración de ataque de bombarderos”.
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El número total de marineros y Marines desplegados supera los 6.000, de acuerdo a estimaciones oficiales. Sin embargo, no hay información precisa sobre la cantidad de drones, aviones o personal terrestre que complementa la operación, lo que deja en incógnita el alcance real del contingente militar.

Este aumento de presencia militar coincide con recientes declaraciones del presidente Trump, quien aseguró durante una rueda de prensa que el dictador venezolano Nicolás Maduro “no quiere joder con Estados Unidos”. El comentario tuvo lugar tras un ataque en el Caribe contra un presunto submarino de narcotraficantes, que dejó dos muertos y motivó el rescate y retención de dos supervivientes en un barco de la Armada estadounidense.
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Trump calificó la campaña como una respuesta a una supuesta amenaza narcoterrorista vinculada a Maduro, afirmando ante la prensa internacional que el líder venezolano habría ofrecido “todo”, incluyendo los recursos naturales del país, para asegurar un acuerdo con Washington. La Casa Blanca no brindó detalles adicionales sobre posibles negociaciones, y el Ministerio de Comunicación de Venezuela no respondió de inmediato a las consultas de los medios.
Además, la tensión se agravó tras la revelación, por parte de Trump, de que había autorizado a la CIA a realizar operaciones encubiertas en Venezuela. Maduro rechazó tajantemente las acusaciones, denunciando los recientes ataques a embarcaciones como un pretexto para violar la soberanía venezolana y el derecho internacional.
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Por otra parte, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, advirtió sobre los riesgos de una “intervención extranjera” en América Latina, sin mencionar explícitamente a Estados Unidos y Venezuela. Durante la entrega de cartas credenciales a embajadores extranjeros en Brasilia, Lula subrayó la prioridad de mantener la región como zona de paz y expresó preocupación por la “creciente polarización e inestabilidad”.
Desde hace meses, la administración Trump sostiene que el despliegue militar es parte de la lucha contra el tráfico de drogas. Según cifras difundidas, Estados Unidos ha destruido varias “narcolanchas” cerca de las costas venezolanas, resultando en al menos 27 muertos. Al mismo tiempo, el régimen de Maduro lanzó ejercicios militares por diversas regiones del país como respuesta al potencial riesgo de una intervención militar extranjera.
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(Con información de AP, EP y Reuters)
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