
En 1985, San Francisco se convirtió en un símbolo de resistencia al declararse “Ciudad de Refugio” para los refugiados salvadoreños y guatemaltecos. Este acto fue respaldado por 50.000 firmas de residentes y contó con el apoyo de figuras como el sheriff Michael Hennessey. Según informó el California Migration Museum, la resolución formó parte de un movimiento más amplio destinado a proteger a los refugiados centroamericanos de la deportación y garantizarles un trato digno en un contexto donde el gobierno federal se mostraba reacio a reconocer su estatus de asilados.
En la década de 1980, cientos de miles de personas huyeron de El Salvador y Guatemala debido a las guerras civiles que devastaban ambos países. Sin embargo, la administración del presidente Ronald Reagan se negó a otorgarles asilo, argumentando que eran migrantes económicos y no refugiados. Esta postura estaba influenciada por el apoyo de Estados Unidos a los gobiernos y grupos paramilitares responsables de violaciones a los derechos humanos en la región, según detalló el California Migration Museum.
Ante esta situación, líderes religiosos en Estados Unidos comenzaron a organizarse para ofrecer refugio a los migrantes. El 24 de marzo de 1982, cinco iglesias del área de la Bahía de San Francisco y una en Tucson, Arizona, anunciaron públicamente su intención de proporcionar santuario a los refugiados centroamericanos. Este acto de desobediencia civil tenía como objetivo no solo proteger a los migrantes, sino también visibilizar su situación. En Berkeley, tres refugiados salvadoreños participaron en una conferencia de prensa para denunciar las políticas migratorias del gobierno estadounidense.

Inspiración histórica y expansión del movimiento
El movimiento santuario se inspiró en antiguas tradiciones de refugio en iglesias, desde las enseñanzas judeocristianas hasta las leyes medievales. También tomó referencias del Ferrocarril Subterráneo, la red clandestina que ayudó a esclavizados a huir hacia la libertad en el siglo XIX. Según el California Migration Museum, en un principio el objetivo era trasladar a los refugiados a Canadá, donde sus solicitudes de asilo tenían más posibilidades de éxito. No obstante, la presión del gobierno estadounidense sobre Canadá hizo que el movimiento se enfocara en ofrecer refugio dentro de Estados Unidos y en educar al público sobre la crisis humanitaria en Centroamérica.
Para 1985, más de 500 iglesias y sinagogas en todo el país se habían unido a esta red de apoyo. El reverendo Bob McKenzie, de la iglesia presbiteriana St. John’s en Berkeley, recordó cómo en 1982 su congregación fue contactada para patrocinar a una familia salvadoreña que había huido de la violencia. Este hecho marcó el inicio de la participación de varias congregaciones en el movimiento santuario.

La persecución gubernamental y los juicios del movimiento santuario
El gobierno federal respondió con medidas de represión. En 1985, el Departamento de Justicia puso en marcha la Operación Sojourner, una investigación encubierta en la que agentes infiltrados se hicieron pasar por migrantes para obtener información sobre la red santuario. Esta operación culminó en los Juicios del Santuario, en los que decenas de activistas y líderes religiosos fueron acusados de tráfico de inmigrantes. Según el California Migration Museum, los acusados argumentaron que su labor estaba protegida por la Constitución de Estados Unidos y el derecho internacional. Aunque varios fueron condenados, la cobertura mediática del juicio generó una ola de simpatía pública hacia el movimiento.
En 1990, el Congreso de Estados Unidos aprobó una legislación que permitió a los refugiados salvadoreños y guatemaltecos solicitar el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés), lo que les otorgó una protección provisional contra la deportación. Este cambio representó un reconocimiento tardío de la crisis humanitaria que el movimiento santuario había denunciado durante años.

Las ciudades santuario: de resoluciones simbólicas a políticas vinculantes
El concepto de ciudad santuario comenzó a tomar forma en 1979, cuando Los Ángeles adoptó una política que prohibía a la policía investigar el estatus migratorio de las personas. En 1985, Berkeley y San Francisco siguieron este ejemplo, declarándose ciudades de refugio para los refugiados centroamericanos. Según el California Migration Museum, la resolución de San Francisco fue especialmente relevante, ya que estableció que la ciudad no discriminaría a los refugiados por su estatus migratorio ni implementaría políticas de inmigración del gobierno federal.
Sin embargo, estas resoluciones tenían un carácter simbólico y no impedían la colaboración con las autoridades federales. No fue hasta 1989 que San Francisco aprobó una ordenanza que prohibía a los empleados municipales colaborar con la agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés). En 2013, esta política se reforzó con la ordenanza “Debido Proceso para Todos”, que limitó aún más la cooperación de las fuerzas del orden locales con ICE.

La resistencia y el impacto del movimiento santuario en la actualidad
Desde sus inicios, el movimiento santuario ha enfrentado una fuerte oposición. Desde la década de 1980, el gobierno federal ha amenazado con retirar fondos a las ciudades que adoptan estas políticas. Durante la administración de Donald Trump, estas amenazas se intensificaron, y varios estados gobernados por republicanos, como Texas, Florida y Arizona, aprobaron leyes que prohíben las ciudades santuario. Críticos del movimiento, incluido el presidente Trump, han argumentado que estas políticas aumentan la criminalidad, aunque estudios han demostrado que no existe una correlación entre las ciudades santuario y los niveles de delincuencia.
A pesar de estos desafíos, el movimiento santuario ha seguido creciendo. En 2017, California se convirtió en el primer estado santuario del país, y en la actualidad más de 200 ciudades y 10 estados han adoptado políticas similares. Según el California Migration Museum, muchas de las iniciativas actuales en defensa de los derechos de los migrantes, como el movimiento DREAMers y el programa DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia), tienen sus raíces en las luchas del movimiento santuario en los años 80.
El movimiento santuario ha sido más que una respuesta a las políticas migratorias restrictivas. Ha representado la capacidad de las comunidades para organizarse y proteger los derechos humanos de los migrantes frente a la adversidad, consolidándose como un pilar fundamental en la lucha por la justicia social en Estados Unidos.
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