
A 61 kilómetros de Alicante, El Castell de Guadalest se encarama sobre un lienzo rocoso a 587 metros de altitud, con vistas al valle rodeado por las sierras de Xortà, Serrella y Aitana. Sus casas parecen formar parte de la propia montaña y el campanario de su iglesia, separado del templo y levantado sobre la roca, compone una de las imágenes más reconocibles de la Marina Baixa. El municipio figura además entre los más visitados de España.
El acceso al casco histórico se realiza a través de un túnel excavado en la piedra que conserva la antigua puerta de entrada a la fortaleza. Desde ahí comienza un recorrido de calles estrechas, cuestas y escaleras donde la roca aparece constantemente integrada en los edificios.
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La Casa Orduña y los secretos de una familia poderosa
Una de las primeras paradas es la Casa Orduña, antigua residencia nobiliaria de la familia que durante siglos estuvo vinculada a los marqueses de Guadalest. Los Orduña, de origen vasco, llegaron al antiguo Reino de Valencia y ejercieron durante casi tres siglos como alcaides de la fortaleza y gobernadores del marquesado.
La casa fue construida tras el terremoto de 1644 y sufrió un incendio durante la Guerra de Sucesión en 1708. Hoy funciona como museo municipal y conserva cocina, comedor, habitaciones y biblioteca. Entre sus piezas destaca una tabla del siglo XVI atribuida al Maestro de Alcira y una sala con tres mapas murales impresos en París en 1706. Desde la antigua muralla norte se abre una de las mejores panorámicas del conjunto: el embalse de Guadalest al fondo del valle.
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Un castillo del siglo XI sobre la parte más alta de la roca
Desde la Casa Orduña se accede al castillo de San José, una fortaleza musulmana del siglo XI que dominaba el territorio estratégico entre las montañas del interior y la costa alicantina. Los terremotos de 1644 y 1748 contribuyeron a su destrucción y una voladura en 1708, durante la Guerra de Sucesión, afectó gravemente su estructura. Aun así, subir hasta sus ruinas permite entender por qué este lugar fue elegido para levantar una fortificación hace casi mil años.

Muy cerca se encuentra la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, una construcción barroca del siglo XVIII atribuida a José Sierra, levantada entre 1740 y 1753. Su campanario, separado del templo y situado sobre la roca, parece formar parte de la montaña.
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Nueve museos en un pueblo diminuto
Guadalest concentra nueve museos. Entre los más curiosos están los de microminiaturas y Microgigante, relacionados con el trabajo del microminiaturista Manuel Ussá, donde se pueden ver obras como La Maja Desnuda de Goya pintada sobre el ala de una mosca o una plaza de toros construida en la cabeza de un alfiler.
El Museo de Saleros y Pimenteros reúne más de 20.000 piezas originales de todo el mundo. Según la información turística oficial, solo existe otro museo dedicado a esta temática en Tennessee, Estados Unidos. La oferta se completa con el Museo Histórico Medieval, el Etnológico, el Belén y Casitas de Muñecas, el de Vehículos Históricos y el Mundo del Gato.
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Un pueblo para recorrer sin prisa

El terreno accidentado combina calles estrechas, desniveles y escaleras. Para quienes tengan movilidad reducida, el Ayuntamiento ha identificado varios recursos accesibles, entre ellos el Museo de Saleros y Pimenteros, el Microgigante y la zona de la presa del embalse. El entorno permite además ampliar la visita con rutas de senderismo y ciclismo por las sierras que rodean el valle.
Cómo llegar
En coche, el acceso habitual desde Alicante pasa por Benidorm, desde donde se llega por la CV-70, o desde Altea por la CV-755. También existe conexión en autobús: la línea 016 de Avanza conecta Guadalest con Benidorm con paradas en distintos puntos de la ciudad. Fuera de temporada, conviene consultar los horarios antes de salir.
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