La ruta verde por acantilados que hay que hacer una vez en la vida: 4 kilómetros que desembocan en una gruta levantada en 1902

El cantón suizo incluye, además de parajes naturales, multitud de variedad de quesos que pueden probarse durante los recorridos

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Giffers, en el cantón suizo
El cantón suizo de Giffers incluye una veintena de posibilidades para recorrer haciendo senderismo o mountain bike. / Google Maps

¿Eres amante de la naturaleza, incluso con el calor del verano? Si es así, hay rutas que no pueden obviarse. Es más, merecen ser visitadas y recorridas, al menos, una vez en la vida. Un lugar que aglutina varias posibilidades es la comuna suiza Giffers, en el cantón de Friburgo. Con una veintena de opciones, más cortas y más largas, el entorno da para kilómetros y kilómetros de senderismo o mountain bike, cada cual a su gusto.

Un ejemplo de ruta circular es aquella que conduce hasta un santuario natural instalado en los acantilados del río Gérine (conocidos como los acantalidos de La Gérine), en apenas 4 kilómetros. Según recoge el medio escrito en francés La Liberté, este recorrido desemboca en realidad en una gruta que fue levantada en 1902, la más antigua del cantón. De acuerdo con el sitio del Estado de Friburgo, el santuario alberga una estatua de la Virgen María y otra de Bernadette Soubirous, uan religiosa y mística francesa canonizada por la Iglesia católica en 1933.

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Según se recoge el medio La Liberté, el circuito parte desde el pueblo y luego toma un sendero sobre el Gérine que bordea las paredes rocosas y es, entonces, cuando se adentra en el bosque. Sobre cómo puede accederse, hay varias alternativas, pero se recomienda el uso de transporte público: se debe bajar en la parada llamada Dorf y continuar por Aergerarstrasse y Oberdorfstrasse, donde hay un estacionamiento al inicio de la calle. Una vez se llega allí, el camino continúa por el bosque con puentes estrechos de madera, sale a la Allmendstrasse y desciende de regreso al pueblo.

Friburgo, en Suiza
El pueblo suizo de Friburgo, visto desde el río. / Wikimedia Commons

Qué ver en el cantón de Friburgo, más allá de sus rutas: enclaves góticos, variedad lingüística y multitud de quesos

El cantón de Friburgo reúne una síntesis poco habitual de Suiza: ciudad histórica, pueblos medievales, lagos, tradiciones alpinas, queso, chocolate y una red de transporte público que permite recorrerlo sin necesidad de coche. La capital cantonal concentra una parte esencial del viaje, ya que Friburgo incluye multitud de localizaciones que visitar: callejuelas, caminos de ronda, torres y miradores, entre ellos el campanario de la catedral, además de sus 200 fachadas góticas, iglesias y museos.

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A esa diversidad paisajística se suma la lingüística. En el cantón se hablan francés y alemán, junto con dialectos locales como el Seislertütsch, el Jaundütsch y el patois alpino. En algunos rincones de la capital incluso puede oírse el bolz, una mezcla de alemán y francés.

Por su parte, la región de Gruyère concentra otra de las grandes razones para acercarse al cantón. Allí se produce el queso gruyer, uno de los más conocidos de Suiza, y también el Vacherin Fribourgeois, base de la fondue moitié-moitié, la fórmula más habitual de este plato, elaborada con mitad de cada queso. Según el blog Salta Conmigo, Bulle y el pueblo de Gruyères son dos lugares adecuados para probar tantos quesos como se puedan.

La misma página web recomienda en Bulle visitar el Café Restaurant Le Fribourgeois, mientras que en Gruyères cita el Hôtel Restaurant La Fleur de Lys; entre mayo y octubre añade la posibilidad de comerla en una buvette d’alpage como Chez Boudji, y en la capital señala el Café du Midi como uno de los locales más conocidos.

La cultura quesera tiene también una vertiente productiva y estacional para ser visitada. De principios de mayo a mediados o finales de septiembre pueden visitarse queserías alpinas donde el queso se elabora de forma tradicional con fuego de leña, como la Fromagerie d’alpage de Moléson. Durante todo el año permanece abierta la Maison du Gruyère, centrada en el proceso de producción del gruyer con denominación de origen.

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Pero Gruyères no se reduce a la mesa. El blog lo sitúa entre los pueblos más bonitos del cantón y de toda Suiza por su castillo, sus callejuelas y el paisaje que lo rodea. En ese mismo municipio se encuentra además el Museo H.R. Giger, dedicado al artista Hans Ruedi Giger, identificado en el texto como el creador visual de los xenomorfos de Alien y ganador del Óscar a los mejores efectos visuales en 1979.

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