
Con el verano, llega el reto de sobrevivir al calor y, para los que tengan tiempo y presupuesto, de encontrar un hueco en las playas masificadas, especialmente si la dirección elegida linda con el mar Mediterráneo. Pero en España no solo Castilla es ancha, y aún es posible encontrar lugares algo menos concurridos en los que darse un chapuzón, incluso en las comunidades que reciben a millones de personas en estas fechas.
Por ejemplo, a solo 35 minutos en coche desde Benidorm se encuentra Cala l’Andragó, en Moraira (Alicante). Tiene 150 metros de longitud y apenas 10 de ancho, una entrada al agua por una escalera, fondos transparentes y plataformas de roca donde tomar el sol. Está en la carretera costera entre Moraira y Calpe, en el interior de la ensenada que forman la Punta de Moraira al norte y el Cabo Blanco al sur, y reúne las condiciones que muchos bañistas buscan cuando prefieren roca y agua clara frente a la arena y orilla larga: su grado de ocupación es bajo en comparación con los grandes arenales de la zona, lo que la convierte en una alternativa real para quienes quieren evitar las playas más concurridas del litoral alicantino.
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El acceso al mar es uno de sus rasgos más valorados. La escalera permite entrar y salir del agua con seguridad en un entorno donde la roca domina el paisaje, algo especialmente práctico para quienes practican snorkel: bajo la superficie hay pequeños peces, vegetación marina y cambios de fondo que aprovechan tanto la luz de la mañana, cuando el agua está más tranquila, como la iluminación de la última hora de la tarde. Se recomienda llevar escarpines o cangrejeras para moverse con seguridad por las plataformas rocosas. La profundidad de sus aguas también la hace adecuada para el buceo y la pesca.
La cala no exige una caminata larga para llegar. Está próxima a zonas residenciales y dispone de aparcamiento en las inmediaciones, aunque en temporada alta conviene llegar temprano o acudir a última hora, cuando baja la presión de visitantes y la luz suaviza los tonos del agua. También se puede alcanzar a pie desde el centro de Moraira por la zona de costa, con precaución en los tramos más estrechos. Junto al agua hay restaurantes y terrazas que permiten alargar la visita más allá del baño y convertir la jornada en un plan completo. Un mirador, integrado en la ruta de miradores del litoral, domina la cala desde lo alto y ofrece una de las panorámicas más fotografiadas de esta franja de la Costa Blanca.
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Otras calas del Mediterráneo
La costa española acumula más de 8.000 kilómetros de litoral y una gran variedad de calas, desde el Cantábrico hasta las islas. En el Mediterráneo, algunos de los enclaves más visitados en verano se concentran en Mallorca, la Costa Brava y la Comunidad Valenciana.
En Jávea (Alicante), la cala de Granadella combina cantos rodados, agua de color azul cielo y posibilidad de alquilar hamacas y sombrillas. El aparcamiento se llena rápido en julio y agosto. En Mallorca, el Caló d’es Moro (Santanyí) es un rectángulo natural casi perfecto con arena dorada, roca rojiza y agua turquesa; el acceso a pie desde el aparcamiento más cercano es de aproximadamente un kilómetro. En la Costa Brava, la cala Aiguablava (Begur) tiene unos 80 metros de longitud, aguas turquesas y un centro de submarinismo próximo, además de opciones para practicar kayak y paddle surf. Más al sur, en Tossa de Mar (Girona), la cala Pola es un pequeño arenal rodeado de pinos con entorno semiurbano y fácil acceso desde la carretera.
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