El castillo militar más grande de Europa está en Cataluña: una joya declarada Bien Cultural de Interés Nacional

El enclave arquitectónico ha cambiado de función a lo largo del tiempo, de cuartel a prisión y, posteriormente, a sede del Gobierno de la II República

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Castillo de Sant Ferran, en Girona (Adobe Stock).
Vista aérea del castillo de Sant Ferran, en Girona. / Adobe Stock

Además de en crecimiento económico, España despunta también por su vasto patrimonio arquitectónico. Desde las huellas del Imperio Romano hasta los vestigios del románico, además de las anteriores improntas rupestres, el Estado español cuenta con una retahíla de castillos que merecen ser visitados. Una de las comunidades autónomas que cuenta con joyas verdaderamente asombrosas es Cataluña.

Un claro ejemplo de estas huellas del pasado es el castillo de Sant Ferran en Figueres, la mayor fortaleza abaluartada de Europa, se ha consolidado como una de las piezas centrales del patrimonio catalán por su escala, su peso histórico y su apertura al público desde 1996, según ha recogido el diario El Món. Levantado en el siglo XVIII para reforzar la frontera con Francia tras la Paz de los Pirineos, el recinto resume siglos de historia militar, política y cultural de Cataluña.

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La fortaleza ocupa más de 32 hectáreas y supera los tres kilómetros de perímetro. Según el medio, llegó a albergar 6.000 soldados, más de 200 cañones y 500 caballos, además de provisiones para 10.000 personas durante un año, una capacidad diseñada para resistir asedios prolongados. Las obras comenzaron en 1753. La fortaleza ya estaba operativa en 1766, aunque no quedó completada de forma definitiva hasta 1892.

¿Quién fue el artífice de la construcción? La edificación fue dirigida por el ingeniero Juan Martín Cermeño y respondió a los criterios más avanzados de la arquitectura defensiva de su tiempo. El complejo cuenta con seis baluartes, fosos profundos, hornabeques y cisternas con capacidad para almacenar hasta nueve millones de litros de agua, lo que garantizaba su autosuficiencia en caso de cerco.

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Castillo de Sant Ferran, en Girona (Adobe Stock).
El interior del castillo de Sant Ferran, en Girona. / Adobe Stock

El cambio de función del castillo de Sant Ferran: de cuartel militar a prisión y a sede del Gobierno de la II República

El origen de Sant Ferran está ligado a la necesidad de reforzar la frontera con Francia después de la Paz de los Pirineos. Su emplazamiento en el corazón de la capital del Alt Empordà y su posición dominante sobre la llanura explican su valor estratégico, con vistas hacia el mar y hacia los Pirineos. Es más, la función del recinto cambió con el paso de los siglos. Fue cuartel militar, prisión y, en 1939, se convirtió en la última sede del Gobierno de la República antes del exilio, un episodio que fijó su lugar en la memoria histórica del edificio.

Declarado Bien Cultural de Interés Nacional, el castillo ha pasado de ser una infraestructura de guerra a convertirse en un espacio de patrimonio, cultura y turismo. Sus galerías subterráneas, sus plazas de armas y sus almacenes permiten leer la lógica militar con la que fue concebido cada espacio.

Castillo de Sant Ferran, en Girona (Adobe Stock).
El castillo de Sant Ferran, en Girona, es el enclave militar más gran de Europa. / Adobe Stock

El equilibrio entre conservación del recinto y acceso público marca la gestión del castillo

Desde 1996, el recinto se puede visitar y hoy acoge exposiciones, conciertos, visitas teatralizadas y actividades educativas. Según ha recogido El Món, la programación anual incluye también festivales, recreaciones históricas y propuestas familiares que amplían su uso más allá del interés estrictamente monumental.

D hecho, las administraciones locales y regionales impulsan su restauración de forma continuada por su valor patrimonial y por su peso como foco de atracción para el Alt Empordà. Su cercanía al Museo Dalí de Figueres y a la Costa Brava refuerza su papel como parada para quienes buscan combinar arte, historia y paisaje en un mismo recorrido.

La pequeña playa rodeada de acantilados y coronada por un castillo que es una de las más bonitas de Girona.

El equilibrio entre conservación y acceso público marca ahora la gestión del monumento. Muchas visitas se organizan en grupos reducidos y con guías especializados para proteger la estructura y facilitar el acceso a zonas restringidas, como las cisternas subterráneas o las galerías de defensa. El contraste entre el silencio actual de los fosos y la actividad que sostuvo durante siglos forma parte de la experiencia del visitante. Caminar por el interior del recinto permite entender no solo la dimensión material de la fortaleza, sino también el papel que desempeñó en la historia de Cataluña.

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