
Existen lugares que tienen su encanto, pero hay otros que tienen una gran historia de lucha social detrás. El Castillo de Balsareny posee ambas, encanto e historia. Situado en lo alto de una colina, a 420 metros de altitud, en la orilla derecha del río Llobregat y en la provincia de Barcelona. A 50 minutos de la capital catalana.
Aprovechando su ubicación, se construyó para que los nobles de aquella época pudieran controlar y dominar la zona gracias a su altura. Construido en 951, según las primeras pruebas documentales, fue declarado BIC (Bien de Interés Cultural) en 1949. Aunque esa no fue la fecha en la que la historia de la fortaleza cambió para siempre.
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Estéticamente, su arquitectura gótica y su planta pentagonal remarcaban la autoridad de los señores sobre la vida económica y social de la comarca. Sin embargo, todo cambió en 1835, cuando la población se reveló contra el poder, formando parte de un proceso paralelo en Cataluña, donde la gente quiso dejar atrás el feudalismo y los abusos de sistemas de poder antiguos para sumarse a nuevas ideas que empoderaban al pueblo.
Cómo se convirtió en símbolo de la lucha social en el SXIX
Cansados de los abusos y el control de los nobles, los vecinos de Balsareny quemaron el castillo como una forma de protesta. En esas fechas, muchos castillos fueron incendiados por el mismo motivo en Cataluña; la lucha social. De esta forma, la fortaleza no solo es una panorámica privilegiada sobre el valle del Llobregat, sino también significa una ventana a los cambios sociales que modelaron la identidad y la lucha de clases dentro de la región.
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Balsareny, es una localidad que ahora mismo cuenta con 3.000 habitantes, fue testigo posteriormente a la revolución, de las guerras carlistas. Hasta esa mitad del siglo XIX, el pueblo vivía de los viñedos aledaños. Pero pronto llegaría la Revolución Industrial y obligaría a reinventar la economía de la comarca en industria textil.
Cómo ver hoy el Castillo de Balsareny
El castillo de Balsareny es visible desde varios puntos del valle del Llobregat. Lejos de ser una ruina, conserva su estructura arquitectónica principal. Las remodelaciones tras la quema, que se produjeron en los siglos XIX y XX, respetaron la esencia inicial; su arquitectura gótica.

Además, el castillo ha conseguido mantener su esencia medieval. Su itinerario inicia en el patio central, un espacio amplio y bien iluminado que da acceso a las áreas más representativas de la fortaleza. Las salas principales tienen características propias de la arquitectura medieval, como techos elevados, paredes gruesas y ventanales.
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Hoy, el castillo se ha transformado en un atractivo turístico. Además de recibir visitantes, en sus instalaciones se realizan eventos culturales y presentaciones que relatan la historia del edificio. Su propiedad pertenece a los marqueses de Alós, una saga noble que inició en el siglo XVIII y se mantiene en la actualidad.
Esta combinación de conservación arquitectónica y actividades culturales convierte al castillo en un lugar relevante tanto para quienes buscan conocer el pasado como para quienes disfrutan de las propuestas artísticas y educativas que allí se desarrollan.
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