El pueblo de Extremadura a 20 minutos de Portugal: un castillo con leyenda, un tesoro y un mirador perfecto para ver estrellas

La localidad sorprende al viajero con sus increíbles vistas desde el castillo, siendo un enclave certificado como Destino Turístico Starlight

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Alconchel, en Badajoz
Alconchel, en Badajoz (Ayuntamiento de Alconchel).

Extremadura guarda en su interior dehesas, castillos y pueblos blancos que el tiempo parece haber preservado con especial cuidado. La provincia de Badajoz, fronteriza con Portugal y salpicada de enclaves con siglos de historia, concentra algunos de los rincones menos conocidos y más auténticos de la península ibérica. Lugares donde la arquitectura medieval, las leyendas populares y un cielo nocturno sin contaminación lumínica conviven en apenas unos kilómetros cuadrados.

A algo más de 40 kilómetros de la capital pacense y a veinte minutos de la frontera portuguesa, Alconchel se alza sobre un cerro en medio de la dehesa bajo la protección de una increíble fortaleza. Sus algo más de 1.600 habitantes habitan un enclave certificado como Destino Turístico Starlight, donde el Castillo de Miraflores, una leyenda de tesoros árabes y un mirador sobre tierras de dos países articulan un itinerario que sorprende a quien se toma el tiempo de recorrerlo.

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Un origen milenario y un castillo con leyendas

El cerro sobre el que se asienta Alconchel lleva habitado desde antes de que existiera ningún registro escrito. Los elementos ciclópeos utilizados como base de la fortaleza, las lápidas romanas aparecidas en su falda y los restos de columnas y monedas visigodas hallados en el lugar dan testimonio de una ocupación continua que se remonta a la época prerromana. El propio nombre del pueblo tiene origen árabe: Alconchel significa “la concha” y hace referencia a las irregularidades del terreno, lleno de capas y niveles.

Además, fue durante la ocupación musulmana cuando nació el castillo de Miraflores, aunque de aquella etapa no queda ningún resto visible en la fortaleza actual. En 1166, el alférez del rey portugués Alfonso Enríquez conquistó el castillo, que pasó después a manos de los templarios hasta la desaparición de la orden. A partir de entonces, el enclave no dejó de cambiar de propietarios mientras el pueblo crecía a su sombra.

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Alconchel, en Badajoz
Alconchel, en Badajoz (Ayuntamiento de Alconchel).

Así, a 300 metros de altura, la fortaleza abre la vista tanto hacia Badajoz como hacia tierras portuguesas. El conjunto original contaba con un triple recinto con un intermedio reforzado, y en la actualidad conserva la torre del Homenaje, el patio de armas, aljibes, mazmorras, una capilla y otras dependencias. El castillo está en proceso de rehabilitación para acoger un alojamiento y usos culturales.

En el pueblo circula desde tiempo inmemorial la leyenda de que desde el castillo parten dos túneles: uno que conduce a la iglesia parroquial y otro a la cercana Ermita de la Esperanza. La historia más conocida, sin embargo, es la de Zaragutía Mora, una joven esclava cristiana que mantuvo un romance con un musulmán y cuyo espíritu, según la tradición, quedó atrapado en el castillo custodiando un tesoro árabe escondido. Cada agosto, más de 200 actores reviven su historia en una recreación histórica nocturna que se ha convertido en uno de los eventos más esperados del calendario local.

Arcos, fuentes y una iglesia del siglo XVI

Junto a la fortaleza, en un huerto de propiedad privada, sobreviven dos estructuras que resolvían el abastecimiento de agua: un aljibe de construcción mudéjar y una noria que conserva su carillón de hierro y algunos cantarillos de cerámica. El castillo alberga además el Centro de Interpretación de las Fortificaciones del Gran Lago de Alqueva. Además, las condiciones atmosféricas del enclave, que le valieron la certificación Starlight, convierten al castillo en uno de los mejores puntos de observación del cielo nocturno de toda la comarca.

Por otro lado, el descenso desde el cerro lleva al corazón del casco antiguo por calles estrechas entre casas blancas. El Arco de Clavellinas marca la entrada a la parte más antigua del caserío, desde donde el recorrido pasa por la plaza de Francisco Vera, con su fuente de tres leones, y la plaza de España, donde se asienta el ayuntamiento.

En la calle de la Cárcel, el antiguo edificio carcelario conserva aún los rasgos de su tipología original y alberga hoy el Museo de Historia Local y Tradiciones. El paseo por el casco antiguo desemboca en la plaza donde se alza la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, del siglo XVI, con elementos del estilo gótico-renacentista. Construida sobre un templo anterior del que se conserva la escalera de caracol del siglo XIV, sus cinco capillas se vertebran alrededor de una única nave que custodia la talla de la Virgen de la Luz, también del siglo XVI.

En la Península Ibérica se esconden algunos lugares únicos y llenos de historia.

Un monumento engullido por la vegetación

A unos 10 kilómetros del núcleo urbano, la ruta de los Jarales conduce a uno de los rincones más singulares del entorno de Alconchel. El conjunto monumental de Moncarche se levantó en torno al año 1500 en el lugar donde, según la tradición, un pastor local presenció la aparición de una talla mariana en una cueva junto a la orilla del río. La devoción popular y el apoyo señorial fueron agrandando el lugar hasta convertirlo en un complejo con iglesia, refectorio, celdas, hospedería y aljibe.

En 1590 se acometieron las principales reformas, y el momento de mayor esplendor llegó a comienzos del siglo XVIII con la construcción de un acueducto de 100 metros y 20 arcos que llevaba agua al convento. Las guerras y la desamortización provocaron su destrucción y abandono. La imagen de la Virgen de la Luz de Moncarche se trasladó entonces a la iglesia parroquial del pueblo, y el conjunto quedó a merced de la vegetación. Hoy figura en la Lista Roja del Patrimonio como monumento amenazado, una condición que no resta valor a la visita, sino que añade una dimensión de urgencia a quien quiera conocerlo antes de que el deterioro avance.

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