
El paisaje asturiano despliega ante los visitantes una combinación de verdes infinitos, acantilados abruptos y montañas majestuosas que dejan con la boca abierta. Quienes recorren esta tierra pronto descubren que la mirada se convierte en la mejor aliada para captar la esencia de una región donde cada rincón ofrece una postal diferente, desde los valles hasta el litoral.
Para quienes buscan experiencias memorables, los miradores de Asturias son verdaderos balcones al paraíso. Desde playas recónditas hasta cumbres que rozan el cielo, estos puntos estratégicos permiten contemplar la diversidad natural que define la región. El visitante puede detenerse a observar cómo la luz juega entre la niebla y el mar, o cómo los pueblos se recuestan sobre colinas que miran al Cantábrico o a los Picos de Europa, regalando vistas únicas.
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El mirador de La Regalina
En la costa occidental, el mirador de La Regalina se alza junto a una ermita azulada y un hórreo, conformando un conjunto tan pintoresco como espectacular. Cada último domingo de agosto, la zona cobra vida con una de las romerías más populares de Asturias, pero cualquier día del año el viajero puede disfrutar de las vistas sobre la playa de Cadavéu y los cabos Busto y Vidio.
El lugar ofrece una perspectiva privilegiada de la costa, donde los tonos del mar y el verde de los prados se mezclan en una imagen que invita a la contemplación pausada. Desde este punto, es posible entender por qué la zona ha sido fuente de inspiración para generaciones de asturianos.
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El mirador de San Roque

En lo alto de Llastres, una villa marinera del concejo de Colunga, se encuentra el mirador de San Roque. Este enclave, junto a la capilla homónima, permite abarcar desde la costa oriental hasta las montañas más emblemáticas, incluyendo los Picos de Europa. El visitante que asciende por las empinadas callejuelas del pueblo, impregnadas de aire salino y recuerdos del Cantábrico, descubre un espacio donde mar y sierra se dan la mano. Desde este punto, la panorámica abarca la villa, la costa y las cumbres, convirtiendo el paseo en una experiencia sensorial completa. La devoción por San Roque se siente en el ambiente, pero es el horizonte quien se lleva todas las miradas.
El Mirador del Fitu
El mirador del Fitu, en Parres, es célebre por ofrecer una visión de 360 grados de la comarca oriental. La proximidad entre mar y montaña se revela aquí como un fenómeno excepcional en Europa: en días despejados, la vista se extiende desde los barcos en el mar hasta las cumbres calizas de los Picos de Europa. Quienes suben al Fitu disfrutan de la imponente orografía asturiana, donde la naturaleza parece desplegarse en todas direcciones. La mezcolanza de paisajes convierte este mirador en una parada obligada para los amantes de las panorámicas amplias y cambiantes.
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El monte Naranco

Oviedo cuenta con un privilegio singular: el monte Naranco como ventana a la ciudad y sus alrededores. En sus laderas resisten los monumentos prerrománicos de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, testigos de la historia del antiguo reino de Asturias. Desde la cima, la capital asturiana se despliega en todo su esplendor, tanto de día como de noche. El monte se convierte así en un lugar donde la historia y la naturaleza convergen, permitiendo disfrutar de amplias vistas urbanas bajo el cielo cambiante de Asturias.
El mirador de La Boriza
Entre las playas de Andrín y Ballota, el mirador de La Boriza ofrece una de las vistas más apreciadas del litoral de Llanes. Desde este punto, la mirada abarca no solo las dos playas, sino también la villa de Llanes, la cordillera del Cuera y, en días claros, los Picos de Europa. Las panorámicas desde La Boriza permiten captar la variedad de paisajes costeros y de interior que caracterizan a la región. Un rincón perfecto para quienes desean guardar imágenes inolvidables de la costa asturiana.
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El Mirador de Ordiales
En el corazón de los Picos de Europa, el Mirador de Ordiales combina historia y naturaleza. Aquí reposa Pedro Pidal, figura clave en la creación del Parque Nacional, y desde este lugar se contempla el valle de Angón, así como una gran parte de la Asturias central y oriental. El hecho de que el propio Pidal eligiera este emplazamiento para su descanso eterno subraya la belleza de las vistas. Los días despejados regalan perspectivas que alcanzan hasta Amieva y Ponga, envolviendo al visitante en la majestuosidad del paisaje.
El Cabu Peñes

El Cabu Peñes (Gozón) se yergue como el punto más al norte de Asturias y es referencia para navegantes desde hace siglos. Aquí, los acantilados y los islotes desmenuzan la costa en una sucesión de formas abruptas, mientras el faro vigila el horizonte. El entorno verde y los senderos que serpentean por la zona completan una escena que parece sacada de una película. La amplitud de la mirada, desde este gigante costero, permite comprender la fuerza del mar Cantábrico y la riqueza natural de la región.
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El mirador “Pedro Udaondo”
En la aldea de Asiegu, Cabrales, el mirador “Pedro Udaondo” regala una de las vistas más queridas del Picu Urriellu o Naranjo de Bulnes. Esta cima ha marcado la historia del alpinismo español y sigue siendo reto y fascinación para quienes la observan a la distancia. El mirador, bautizado en honor a un destacado alpinista, ofrece una panorámica que resume la esencia de los Picos de Europa: belleza, desafío y leyenda. Desde aquí, la silueta del Urriellu domina el horizonte y la memoria del visitante.
El mirador de Penouta
Situado a 800 metros de altitud, el mirador de Penouta (Boal) es una atalaya privilegiada sobre el occidente asturiano. Desde allí, la vista abarca los concejos de Villayón y Boal, e incluso, en jornadas claras, parte de la Asturias central. Las sierras y montañas que se divisan desde Penouta transmiten una sensación de inmensidad y serenidad. El visitante encuentra aquí la oportunidad de sentirse pequeño ante la grandiosidad de un entorno siempre dispuesto a mostrar su mejor cara.
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A Paicega

En Pesoz, el antiguo poblado de A Paicega ofrece una perspectiva singular sobre el embalse de Salime y el curso del río Navia. Las edificaciones que sobreviven recuerdan la vida de los obreros que construyeron la presa en el siglo XX, y el entorno transmite una atmósfera detenida en el tiempo. El mirador permite admirar el curso del río y las sierras circundantes, en un paraje donde la naturaleza y la memoria industrial se funden. La tranquilidad del lugar invita a detenerse y contemplar, lejos de las rutas más transitadas.
Busdemouros
En el camino hacia Los Oscos, poco antes del puerto de La Garganta, el mirador de Busdemouros sorprende con un tapiz de prados y pastos de diversos matices. El visitante percibe aquí un territorio ancestral, donde las tradiciones y la naturaleza conviven en armonía. Cerca de este mirador, la aldea de Morlongo y su cascada añaden interés a la visita, completando una experiencia en la que el tiempo parece diluirse entre verdes intensos y costumbres centenarias.
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El Mirador de Muniellos
En el Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, el mirador de Muniellos permite asomarse al corazón de uno de los bosques más emblemáticos de Asturias. Situado junto a la carretera del Puerto del Connio, el lugar dispone de bancos y aparcamiento para que el viajero disfrute sin prisas de la quietud y la riqueza del paisaje. El bosque de Muniellos, reserva natural integral, impresiona especialmente al atardecer, cuando la luz transforma el entorno y la fauna se deja observar entre la espesura. Desde este punto, el visitante comprende el valor de la conservación y la belleza de los espacios protegidos asturianos.
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