
Cantabria es una región donde la naturaleza se expresa con toda su fuerza, invitando a quienes la visitan a sumergirse en un entorno de acantilados, valles y bosques que asombran a cada paso. Entre playas de aguas cristalinas y montañas cubiertas de verde, la comunidad autónoma ofrece un mosaico de paisajes donde el senderismo se convierte en el mejor aliado para descubrir sus secretos.
Las rutas que atraviesan Cantabria no solo muestran la diversidad de su territorio, sino que permiten conectar con la historia, la leyenda y la tranquilidad de pequeños pueblos rurales. Uno de esos caminos, poco conocido, pero cargado de magia y belleza, es la Ruta a la Fuente del Francés, una experiencia pensada para todos los públicos y perfecta para quienes buscan una escapada distinta.
Un rincón de leyenda en Hoznayo
En el corazón del municipio de Hoznayo, rodeado de vegetación exuberante, se encuentra la Fuente del Francés. Este enclave toma su nombre de una antigua historia que ha pasado de generación en generación: la leyenda cuenta que un abad francés, huyendo de los tumultos de la Revolución, halló refugio en este bosque y, al beber de la fuente, recuperó la vista gracias a las propiedades curativas de sus aguas. El relato ha dotado al lugar de un aura especial, pero la verdadera magia se encuentra en el entorno.
Entre árboles centenarios y una frondosa vegetación, el visitante descubre una pintoresca cascada, un balneario abandonado y una cueva misteriosa que invitan a la exploración y al asombro. Así, la ruta circular que recorre la Fuente del Francés se extiende a lo largo de dos kilómetros y puede completarse en aproximadamente una hora. Su baja dificultad convierte este itinerario en una opción ideal para familias con niños, personas con movilidad reducida o quienes desean disfrutar de un paseo relajado sin grandes exigencias físicas.

El recorrido comienza en el aparcamiento de Aguas de Hoznayo, desde donde se toma un sendero que bordea el río Aguanaz. A los pocos minutos de caminar, el sonido del agua y el verdor del paisaje acompañan al excursionista hasta un antiguo molino, testigo silencioso de la actividad agrícola y ganadera que durante siglos marcó la vida local. Si el molino está abierto, es posible atravesarlo y acceder a una cueva por la que corre el agua. Si no, basta rodearlo para continuar la ruta. Poco después, el sendero lleva a una presa donde el río muestra toda su fuerza, formando pequeñas cascadas y rincones de gran belleza.
Historia y misterio a cada paso
El itinerario no solo destaca por su valor natural, sino también por los restos de la historia industrial de Hoznayo. Siguiendo el camino de la izquierda desde el inicio de la ruta, se descubre la antigua embotelladora en ruinas, un edificio que rememora los días en que el agua de Hoznayo era la más consumida de la zona. No muy lejos, el visitante se topa con el balneario de la Fuente del Francés, hoy abandonado y envuelto en una atmósfera decadente.
A un lado del balneario, un sendero flanqueado por pequeñas cascadas conduce al Molino del Trancar, el punto final de la ruta. Aquí, la calma del agua y el susurro del viento entre los árboles invitan a detenerse y disfrutar de la tranquilidad antes de regresar al punto de partida.
Consejos para el viajero y cómo llegar
Aunque la ruta es accesible durante todo el año, es recomendable llevar calzado cómodo para evitar resbalones y, si se desea entrar en la llamada Cueva del Diablo, una linterna para iluminar el interior. Llevar agua y algo de comida puede hacer más agradable la experiencia, especialmente si se decide hacer una pausa para merendar en alguno de los rincones sombreados del camino.
Por otro lado, para llegar a Hoznayo desde Santander, el viaje es de alrededor de 20 minutos por la carretera S-10. Por su parte, desde Bilbao el trayecto tiene una duración de 55 minutos por la A-8.
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