
Madrid esconde entre sus avenidas y jardines historias menos visibles pero igualmente fascinantes que sus monumentos célebres. En pleno corazón de la capital, el Parque del Buen Retiro despliega sus secretos con discreción. Más allá de fuentes y paseos, más allá de estanques y esculturas, bajo la superficie misma del parque, late un testimonio silente de la trágica historia reciente de España. Se trata del refugio antiaéreo del Retiro, uno de los pocos supervivientes de la Guerra Civil que aún se conservan en la ciudad.
En 1936, bajo la inquietante amenaza de bombardeos que asolaban a Madrid, las autoridades republicanas tomaron una decisión insólita: encargar la construcción de un refugio antiaéreo bajo el entonces bulevar de Menéndez Pelayo, junto al Retiro. Aunque la obra tardó casi tres años en completarse debido a la escasez de materiales y mano de obra—muchos hombres estaban movilizados—, el resultado fue una instalación innovadora y robusta cuya función era ofrecer protección a la población civil. Finalizado en 1938, su ubicación no llegó a ser escenario de ataques intensos, por lo que su uso como resguardo quedó en el terreno de la prevención más que en el de la realidad.
El diseño del refugio, de unos 140 metros de longitud y ocho de profundidad, destaca por el detalle y la funcionalidad con la que fue concebido. Los gruesos muros de ladrillo, dispuestos a tizón para soportar impactos, las bancadas de madera que aún dejan su huella en las paredes y el ingenioso sistema de iluminación basado en baterías de camión, evidencian que cada aspecto se diseñó considerando las extremas condiciones de un ataque aéreo. Con capacidad para 275 personas, el acceso se distribuía en tres puntos estratégicos: el principal bajo Menéndez Pelayo—cerrado desde 1972—, otro junto a Florida Park y un tercero, ya clausurado, cercano al estanque grande del Retiro. Actualmente, solo se puede acceder por la entrada contigua a la Puerta de la Reina Mercedes.
De refugio militar a la producción de champiñones

Tras la guerra, el refugio adoptó una segunda vida gracias a su temperatura constante, su humedad y la total ausencia de luz. Esto propicio un insospechado aprovechamiento: la producción de champiñones. Las marcas de esa etapa aún se aprecian en las paredes de las galerías y conectan la historia del refugio con los ciclos agrícolas y la vida cotidiana de posguerra. Más adelante, la estructura subterránea sirvió como almacén para los jardineros del Retiro, quienes aprovechaban su frescor y amplitud para guardar material y útiles de trabajo.
No fue hasta décadas después que la memoria histórica y el turismo cultural devolvieron protagonismo al refugio del Parque del Retiro. Tras una limpieza y acondicionamiento en 2021 y su integración paulatina en los circuitos de visitas guiadas, como Pasea Madrid y Madrid Otra Mirada, el Ayuntamiento ha confirmado su voluntad de musealizar completamente este espacio y abrirlo de forma permanente al público, garantizando seguridad y accesibilidad.
Un recorrido por la ingeniería de la supervivencia
La visita al refugio antiaéreo supone descender una veintena de escalones y adentrarse en el frescor subterráneo, donde el termómetro cae 15 grados respecto al exterior y la humedad se hace palpable. El espacio inicial, equipado probablemente con letrinas o duchas de emergencia, da paso a más de un centenar de metros de galerías abovedadas que, siguiendo giros de 90 grados, reducen el impacto de una posible onda expansiva. Los techos varían entre 1,60 y 2,48 metros: una arquitectura pensada tanto para la seguridad como para la habitabilidad temporal.
Huellas de bancos desmontables, restos de cableados y detalles funcionales evocan la vida hipotética—y finalmente evitable—de cientos de madrileños que podrían haber necesitado refugio en sus entrañas. De hecho, este refugio es un ejemplo excepcional de una obra de ingeniería al servicio de la supervivencia, y debe entenderse en su contexto: hasta 40 refugios similares surgieron por toda la ciudad, aunque hoy la mayoría han desaparecido o son inaccesibles.
Igualmente, la decisión de musealizar el refugio del Retiro y permitir el acceso general es un paso crucial para preservar la memoria histórica de Madrid. Como recordó el alcalde, José Luis Martínez-Almeida, durante una reciente visita, “estamos hablando de una auténtica obra de ingeniería que permitió a muchos madrileños soñar con la supervivencia en tiempos de terror”. El equipamiento y la divulgación de su historia acercarán este rincón a visitantes y vecinos, invitando a una reflexión sobre el pasado y sobre la importancia de proteger la vida civil en tiempos de adversidad.
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